Ideario

 

a) Incorporación mayor de los laicos en tareas de responsabilidad

La incorporación de éstos en tareas de mayor responsabilidad no sólo ha de ser una cuestión técnica de oportunismo: necesitamos laicos porque son menos los presbíteros. Su implicación mayor debe estar movida por la idea de que todos los cristianos, laicos o presbíteros, estamos llamados a construir juntos el Reino y una Iglesia más comprometida y radical, que necesita de la implicación de todos los discípulos de Jesús, tengan el estado de vida que tengan. Todos los cristianos bautizados, laicos o presbíteros, somos RESPONSABLES DE LA MISIÓN DE JESÚS. El laicado está llamado profundamente a tomar conciencia viva de es

 

b) El trabajo en equipo

Supondrá articular cauces concretos de participación, discusión y toma de decisiones. Avanzar en este aspecto será contribuir no solo a un mejor funcionamiento de la Casa de la Iglesia y de la diócesis en general, sino a enriquecer profundamente la vida diocesana.
En el trabajo en equipo todos somos importantes, sea la función que uno desempeñe. En la Casa de la Iglesia, las personas encargadas de la limpieza son tan importantes como el director de la misma. Cada uno desde su aportación y parcela profesional y vocacional, deberá dar el máximo de sus posibilidades, haciendo la tarea confiada lo mejor posible, poniendo sus dones y talentos al servicio de toda la familia diocesana.

 

c) Un recurso acorde a los tiempos actuales

La Iglesia nunca puede perder su misión de evangelización y transformación de la realidad a través de sus tres dimensiones fundamentales: el anuncio de la palabra, la celebración de los sacramentos y el trabajo con las personas más desfavorecidas.
Y esa misión, a la que debemos permanecer fieles, necesita de medios adecuados a los tiempos actuales. Por eso la Casa de la Iglesia se presenta como una oportunidad preciosa para facilitar esta misión. El edificio estará dotado de una serie de medios materiales modernos, prácticos y acordes a los tiempos, que abren innumerables posibilidades si sabemos ser creativos y audaces.
Así, la instalación de la línea ADSL en toda la Casa, o que el auditorio disponga todas las posibilidades tecnológicas y modernas para cualquier iniciativa, no es un capricho, ni un mero “toque moderno”. Debemos de poner todos los medios posibles para la misión que tenemos encomendada la Iglesia.
Por otro lado, no podemos olvidarnos que los cambios culturales y tecnológicos son cada vez mayores. La Iglesia tiene que estar presente en medio de la cultura y la tecnología, fiel a su mensaje, pero presente. No podemos transmitir un mensaje significativo para nadie si no adaptamos nuestros medios y lenguajes.
Se trata de toda una tarea de creatividad, trabajo y equipo.

 

d) Un equipo de creyentes al servicio de la diócesis en un proyecto común

En la Casa de la Iglesia, como veremos más adelante, van a estar ubicados diferentes servicios de la diócesis. Todos ellos, requieren también de unos medios humanos para llevarlos a cabo.
Aunque cada persona tenga asignada una tarea, ninguna de ellas puede significar compartimentos estancos. Todas las personas forman parte de un proyecto diocesano común que supone la Casa de la Iglesia. Todas las personas que allí estemos trabajando, formaremos parte de ese proyecto común de servicio, y es ésta una dimensión fundamental que no se puede perder de vista.
Desde las cocineras hasta el propio obispo, todos formamos parte de ese proyecto común. Y en muchos casos es así, porque nuestra vocación nos ha llevado a ello.
El equipo de personas que trabajen en la Casa de la Iglesia tienen que tener clara esta dimensión y se tendrán que poner los medios concretos para favorecerla y enriquecerla. Como grupo de creyentes, presbíteros o laicos, entendemos nuestros trabajo como un servicio a la Iglesia Diocesana, y en el fondo, a toda la Iglesia Universal.

 

e) Una casa de todos y para todos desde la comunión

En la Casa de la Iglesia nadie puede ser excluido. La acogida incondicional, amable y que facilite que las personas se sientan como en su propia casa, será uno de los talantes más importantes del proyecto.
Todos nos necesitamos, y en la Iglesia esta dimensión de “Interdependencia” estamos llamados a vivirla desde la raíz de todos nuestros grupos, parroquias, delegaciones o movimientos. Somos hijos de un mismo Padre, hemos sido llamados a seguir a Jesús y continuar su misión, todos formamos la Iglesia... Por tanto, pese a diferencias de carismas y acentos, estamos llamados a la COMUNIÓN EN CRISTO.

 

Finalmente, si la Casa de la Iglesia es un lugar de todos y para todos, tendremos que cuidar tres dimensiones importantes:

  • Que la gestión, las decisiones y todo tipo de asuntos, sean siempre presididos por los criterios de legalidad, transparencia y justicia, desde cualquier asunto que requiera un desembolso económico, hasta la situación de las personas que tienen un contrato laboral con la diócesis.
  • La presencia de empresas de inserción de la Iglesia Diocesana nos hará vivir de forma concreta la presencia de las personas en situación de exclusión en la Casa de la Iglesia, prestando un servicio a la misma. La opción preferencial por los más pobres es una dimensión irrenunciable en nuestra misión como Iglesia Diocesana.
Esta página ha sido actualizada el  11/10/2010
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