TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO EN TURQUÍA



Tierra Santa, Lourdes, San Pedro del Vaticano, Fátima, Santiago, centros clave del cristianismo, cunas de espiritualidad, de historia y de tradición, lugares de peregrinación donde miles de católicos desde todos los puntos del planeta viajan para vivir y fortalecer la fe. 2000 años después del nacimiento de San Pablo, la península de Anatolia, recorrida de norte a sur en los viajes misioneros del Apóstol de los gentiles, se une a estos centros de peregrinación mundial. A través de los restos arqueológicos, de sus templos y de las huellas visibles del paso de San Pablo por estas tierras, el peregrino puede evocar los orígenes del cristianismo, el de las primeras comunidades, que deben a San Pablo su fundación y su expansión por los cinco continentes.





Turquía, lugar de encuentro entre Oriente y Occidente, sede de dos grandes imperios, el bizantino y el otomano, conserva huellas de las dos religiones monoteístas, el Cristianismo y el Islamismo. Tras largos años de luchas, guerras y dominios de una sobre otra, conviven hoy a duras penas en un país laico de mayoría musulmana. De los más de 75 millones de habitantes que tiene Turquía, sólo un 1% de la población es cristiana, dividida en ortodoxos y católicos de diferentes ritos, entre ellos el armenio, el bizantino, el caldeo y el latino.

A pesar de no estar perseguidos, la minoría cristiana en Turquía vive sometida a la marginación, condenada al ostracismo y al silencio. Sin embargo, la fe entre sus miembros es muy fuerte, especialmente en aquellos lugares donde las huellas de San Pablo son más profundas. Tarso, Éfeso, Antakya, Yalvac y Konya conservan restos de antiguas iglesias cristianas y mantienen hoy los templos que, levantados más recientemente, acogen a los católicos turcos o a los peregrinos que acuden de todos los lugares del mundo.

De Norte a Sur, el recorrido de este viaje apostólico de San Pablo comienza en Estambul, antigua Constantinopla y la posterior capital del imperio otomano. Esta gigante ciudad, de 15 millones de habitantes aproximadamente, es una encrucijada de gentes, de culturas y religiones, donde Europa se abre paso entre las tradiciones y las costumbres de Oriente. Sus calles, sus gentes están llenas de vida, de ruido, de movimiento y de contrastes. Uno de los puntos clave de la ciudad es el antiguo hipódromo, donde el pueblo se reunía para presenciar las carreras de caballos. Aquí se alza el templo más importante del imperio bizantino, la maravilla de las maravillas, la Basílica de Santa Sofía.

Construida en el año 537 por mandato del emperador Justiniano, la iglesia fue hasta la llegada del imperio otomano un templo clave del imperio romano de Oriente. Convertida entonces en Mezquita, conviven entre sus muros las huellas de las dos religiones. Hoy el templo no está abierto al culto y se conserva, a pesar de su magnificencia como un simple museo, de visita para turistas y peregrinos.

Uno de los centros históricos más importantes de Turquía es sin duda Éfeso. Se trata de una de las ciudades romanas mejores conservadas de Anatolia, con una historia íntimamente unida a la vida de San Pablo. Aquí llegó en el año 54 d. C. y aprovechó el templo levantado a Artemisa, diosa pagana de la fertilidad, para lanzar su mensaje entre el pueblo de Roma. Les invitaba a adorar al Dios Jesús que había muerto y resucitado en Galilea, frente a los ídolos de madera o de piedra y por este motivo fue expulsado de la ciudad. Pese a esto, su mensaje caló y siglos después Éfeso se convirtió en una de las sedes más importantes del cristianismo de Oriente.

En este lugar se encuentra también el mayor centro de peregrinación del mundo católico, la Domus Mariae, la casita de la Virgen María. Se trata de una pequeña ermita ubicada al final de un camino de arboleda, donde la piedra, la tenue luz y la imagen de María invitan a un profundo recogimiento. Se dice que en esta casa pudo vivir la Virgen tras la muerte de Jesús junto a Juan, quien la acogió y cuidó como a su propia madre. Regentada por la orden Capuchina, el santuario es punto de encuentro y de oración para cristianos y musulmanes, que reconocen en María a la madre siempre Virgen de Jesús, elegida por Dios para el bien de la humanidad. En Éfeso se encuentra también la Basílica dedicada a San Juan, construida en el siglo VI por orden del emperador Justiniano. Aunque no hay ninguna prueba de este hecho se dice que aquí podría estar su tumba, por lo que durante siglos miles de cristianos vieron este lugar como centro de peregrinación.

Siguiendo hacia el sur, el peregrino que recorra la ruta de san Pablo debe hacer un alto en Yalvac, antigua Antioquia de Psidia. Las montañas que rodean esta ciudad romana fueron durante meses refugio para Pablo y Bernabé que intentaban acceder a la sinagoga judía y comenzar su predicación entre los gentiles. Aquí San Pablo habló del destino divino de Israel y del Mesías y su mensaje caló tan profundamente entre las gentes que fue expulsado de la ciudad por perturbar el orden. Años después, sobre la sinagoga se levantó una Basílica a san Pablo de la que actualmente sólo quedan unas piedras.

La siguiente parada, Konya, es sin duda un lugar clave en la vida de los cristianos en Turquía. Los que aquí viven no se cuentan con los dedos de las dos manos, pero su fe goza de una gran fortaleza. La iglesia de San Pablo, construida en el año 1910, es punto de referencia para los peregrinos que viajan a esta ciudad. Está regentada por la Fraternidad de Jesús Resucitado, una comunidad de consagradas de origen italiano que acompaña pastoral y espiritualmente a todo el que se acerca, ya sea cristiano o musulmán. Aquí no hay sacerdote, por lo que las celebraciones litúrgicas son muy poco frecuentes y se limitan a momentos como la Pascua, la Navidad o la llegada de peregrinos. Como afirman las religiosas, ser cristiano en este lugar no es fácil, especialmente si ha habido un proceso de conversión desde la religión musulmana. Por eso, los pocos que existen prefieren mantenerse en el anonimato y vivirlo de forma clandestina, como lo hicieran las primeras comunidades cristianas.

Uno de los puntos más impresionantes de esta ruta de San Pablo es la Capadocia, el llamado país de los caballos. En este lugar la intensa actividad volcánica desarrollada durante siglos ha originado unas formaciones rocosas conocidas como las chimeneas de hadas. Kilómetros y kilómetros de valle surcado de formaciones imposibles han hecho de la Capadocia uno de los lugares más bellos de la península de Anatolia. Pero lo más impresionante en esta zona no es lo que se ve, sino lo que queda lejos de nuestros ojos. Porque bajo los conos de roca, hay cientos de kilómetros de túnel a lo largo del cual durante siglos vivieron numerosos pueblos, refugiados muchos de ellos de los ataques externos. Las ciudades subterráneas de la Capadocia, creadas por los hombres para protegerse, sirvieron también a los cristianos como refugio durante los años de persecución romana y musulmana. Aquí vivían meses enteros sin ver la luz del sol, oraban, celebraban los sacramentos y luchaban para no sucumbir en la desesperación. De esta etapa provienen las maravillosas iglesias que se encuentran en el valle de Goreme. Hay cerca de 600 y albergan en su interior pinturas y símbolos cristianos que prueban la existencia de una posible vida monástica en la zona. Se dice que san Pablo, en los momentos de mayor persecución y acoso a los cristianos, pudo visitar y alentar a las comunidades de la Capadocia. Fue aquí donde el mensaje se propagó más rápidamente a través de los túneles y laberintos.

Y hacia el Sur, descendiendo desde el centro del país hacia las costas mediterráneas, muy cerca de Siria, encontramos la otra Antioquia (Antakya), (antigua Antioquia de Siria), la ciudad donde la comunidad de discípulos de Jesús fue denominada por primera vez con el nombre de “cristianos”. Visita obligada aquí es sin duda la gruta de San Pedro, el lugar donde se reunían Pedro, Pablo y Bernabé con estas primeras comunidades. Excavada en la roca, sin apenas ornamentación ni iconografía, el templo es un lugar muy querido por todos los habitantes de la ciudad, tanto por los cristianos como los musulmanes. Aquí se reúnen en Pascua y Navidad para realizar celebraciones ecuménicas, comer el pan bendito y tomar el agua que se considera milagrosa.

Ya en el pueblo, los peregrinos cristianos pueden celebrar el culto en el pequeño templo, custodiado por una comunidad de Capuchinos. A diferencia de lo que puede ocurrir en el norte de Turquía, en estas ciudades, de mayor tradición cristiana, la religión no se vive de forma clandestina, sino que se intenta convivir y compartir. Muy cerca de aquí en Iskenderendun, la antigua Alejandreta, se encuentra la sede episcopal, con el obispo Mons. Luigi Padovese, como pastor de la Iglesia católica en Anatolia.

Para este Año Paulino el purpurado pide la oración, el apoyo y la presencia de los católicos del resto de Europa. Reclama que los lugares santos sean consagrados como templos católicos oficiales en Turquía, centros de peregrinación, de oración, y de celebración de los sacramentos. En Tarso, ciudad natal de San Pablo, donde se encuentra el pozo con el agua milagrosa, hay una iglesia dedicada al Santo que no es más que un simple museo de exhibición turística. Mons. Padovese pide en este año de San Pablo la consagración de esta iglesia para los peregrinos y para los católicos turcos, que a pesar de no suponer más que un 1% viven la fe con fuerza y esperanza.

En el año de San Pablo, la Iglesia turca nos abre la puerta, nos invita a peregrinar, a conocer los lugares santos y, sobretodo, a conocer su lucha diaria por mantener la fe a pesar de las dificultades. Se trata de un viaje que no debe ser solo físico, sino también espiritual, para empaparnos de los testimonios de las primeras comunidades y del Evangelio que San Pablo sembró en estas tierras hace dos mil años.

 

Por Sandra Várez González, periodista Popular Televisión

Esta página ha sido actualizada el  28/07/2010
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