La Participación en las posturas

La Participación en las posturas (III)

 

Estar sentado durante una celebración no es únicamente la postura más fácil o cómoda, sino que expresa ciertas actitudes interiores. En función del momento celebrativo, la postura nos ayudará a sintonizar mejor con el misterio que se nos comunica.

 

Permaneciendo sentados se pueden expresar y favorecer alguna de las siguientes actitudes:

- Distensión, espera tranquila y en paz de algún acontecimiento.

- Concentración y meditación, necesarias en quien enseña, gobierna, discierne o juzga. Actitud propia del sacerdote y aún más del obispo, cuando predica, preside una celebración o actúa como ministro de la Reconciliación. “Al ver la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles” (Mt 5,1)

- Receptividad, escucha atenta de una lectura u homilía. Es la actitud propia del discípulo: “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra” (Lc 10,39). Todos nosotros somos discípulos necesitados de la palabra de Dios venida de lo alto. Sentados y en reposo, dejamos que ésta nos llene y transforme.

Los fieles estarán sentados en los momentos en que la actitud más apropiada sea alguna de las que acabamos de enunciar: durante las lecturas y el salmo responsorial que preceden al Evangelio, durante la homilía, mientras se hace la presentación de los dones eucarísticos y después de la comunión, cuando “todos sentados, pueden guardar unos momentos de silencio sagrado, o entonar un cántico de alabanza o un salmo” (Ceremonial de los obispos, 166).

La postración en tierra es el signo máximo de reverencia, humildad o penitencia. Lo encontramos multitud de veces en la Escritura: “Moisés cayó rostro a tierra” ante el Señor (Ex 34,8), “Se acercó un leproso a Jesús y se postró ante él” (Mt 8,2), etc. Esta postura se da en momentos muy particulares de algunas celebraciones: el sacerdote se puede postrar al inicio de la celebración de la Pasión del Viernes Santo; los candidatos al orden sacerdotal durante el canto de las letanías; y en la bendición de abad o abadesa.

La inclinación de la cabeza o de medio cuerpo indica respeto y reconocimiento de la superioridad de otro, pero también aceptar la gracia y bendición de Dios sobre toda nuestra persona. Los fieles la harán después de la consagración, si no se han arrodillado (ver Comunidad 504), y al recibir la bendición final.

La procesión es una postura en movimiento, que expresa distintos dinamismos en la vida de la fe: acercarse a la iglesia, al ambón para proclamar la Palabra divina, al altar de Cristo para presentarle ofrendas o recibir su Cuerpo, y caminar con otros puede manifestar la voluntad común de avanzar hacia una meta.

 

Esta página ha sido actualizada el  25/07/2008
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