La participación con el canto litúrgico

PARTICIPACIÓN CON EL CANTO LITÚRGICO

 

El canto es uno de los elementos de la celebración eucarística que mejor pueden favorecer la participación de la asamblea litúrgica. “El texto, la melodía, la ejecución, han de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos” (Sacramentum Caritatis, 42).

 

Comunión y participación

El canto litúrgico unifica no sólo las voces sino también los corazones de quienes cantan. Como una barca que avanza más rápidamente cuanto mejor sincronicen los remeros el movimiento de sus remos, así también la Iglesia reunida en asamblea manifiesta y aumenta su comunión interna si es capaz de entonar al unísono alabanzas y súplicas a Dios.

Aunque sería deseable que todos los miembros de la asamblea -presidente, coro, cantor, resto del pueblo- cantasen las partes que competen a cada uno, esto no siempre es posible. Sin embargo, quien –sin poder cantar– se esmera en escuchar atenta y fervorosamente un canto litúrgico, también participa verdaderamente con tal que se haga consciente de lo que sucede en tal momento celebrativo y se sienta involucrado en el mensaje del texto y de la melodía, para dejarse envolver por el misterio celebrado.

Sacerdote. A quien preside la asamblea, haciendo las veces de Cristo, le corresponde la mayor parte de la responsabilidad en el canto litúrgico, cantando él mismo los diálogos y las oraciones, en nombre de todo el pueblo, y asistiendo al coro en la selección de los cantos según criterios teológicos y litúrgicos más que estéticos o personalistas.

Coro o schola cantorum. Tiene un importante ministerio litúrgico en las celebraciones, al asegurar la interpretación de las partes cantadas que le corresponden al pueblo o a toda la asamblea y promover así la participación activa de los demás fieles con el canto. El coro debe elegir adecuadamente los cantos, animar y enriquecer el canto del pueblo, ser capaz de adaptarse a las circunstancias durante la misma celebración y estar bien compenetrado con el sacerdote.

Cantor. Conviene que el salmo responsorial sea cantado íntegramente por un cantor competente -el salmista- o, al menos, la respuesta que corresponde al pueblo. Así se favorece la meditación de la palabra de Dios y se hace justicia al carácter del salmo como respuesta lírica a la palabra de Dios que se acaba de proclamar. También puede interpretar cantos individualmente allí donde no sea posible el canto de toda la asamblea, hacer las aclamaciones del lector -“Palabra de Dios”- y cantar las intenciones en la oración de los fieles.

La eucaristía es, pues, como una gran sinfonía que hay que interpretar y dirigir de tal manera que la asamblea sienta la “obra”, la viva y vibre con ella.

 

Esta página ha sido actualizada el  25/07/2008
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