El canto y la música en la liturgia

EL CANTO Y LA MÚSICA EN LA LITURGIA (I)

 

El canto y la música constituyen un aspecto decisivo en la pastoral litúrgica de nuestras parroquias y comunidades, porque contribuye grandemente a fomentar la participación consciente, activa y fructuosa de los fieles en las acciones litúrgicas.

 

Por eso creemos que es conveniente comenzar este curso pastoral dedicando unos cuantos números de nuestro “Rincón” a la música y el canto. No se trata sólo de ofrecer indicaciones prácticas sobre cómo escoger adecuadamente los cantos de la misa. Esta es una cuestión problemática que requiere atención urgente pero no es la única, ni siquiera la más importante. Es necesario definir previamente cuál es el papel de la música y del canto en la liturgia, y revisar qué agentes intervienen en ella, tanto materiales como humanos.

Se entiende por música litúrgica o música sagrada aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee las cualidades de santidad y de perfección de formas, ayuda a adentrarse en el misterio que se está celebrando, impulsa a la oración, facilita el encuentro con Dios, unifica a la asamblea y establece comunión con la Iglesia universal.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre sagrada liturgia “Sacrosanctum Concilium”, dedica un capítulo a la música sagrada, en el que, entre otras cosas, afirma su importancia como “parte necesaria o integral de la liturgia solemne” (SC 112), insta a su cultivo y a que se enseñe y aprenda “en los seminarios, noviciados y escuelas católicas” (SC 115), reconoce el canto gregoriano como el “propio de la liturgia romana” (SC 116) y a la vez pide que se fomente el “canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas, de acuerdo con las normas y prescripciones de las rúbricas, resuenen las voces de los fieles”. El documento también pide a los compositores que compongan piezas “al alcance de los coros más modestos y fomenten la participación activa de toda la asamblea de los fieles” (SC 121).

En los años posteriores al Concilio proliferaron cantos en lenguas vernáculas que se incorporaron a la liturgia, aunque algunos no estaban pensados para ello o no alcanzaban el nivel de calidad mínimo exigible, tanto en la música como en la letra.

En los números siguientes nos ocuparemos de las siguientes cuestiones: el texto y la melodía de los cantos, los instrumentos musicales, la función del coro, la intervención de la asamblea, el papel del sacerdote, el animador del canto, las distintas partes musicalizadas de la liturgia (las aclamaciones y diálogos, los cantos del ordinario, el salmo responsorial, los cantos procesionales y los himnos) y la selección de los cantos.

 

Esta página ha sido actualizada el  23/07/2008
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