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Los instrumentos musicales en la liturgiaLOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN LA LITURGIA (I)
“Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales” (Constitución Sacrosanctum Concilium, n.120).
El instrumento musical por excelencia para las celebraciones litúrgicas sigue siendo hoy el órgano de tubos, como afirmó la Constitución sobre Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, en su número 120. Lamentablemente, en las iglesias de nuestro entorno escasean los órganos de tubos. Las parroquias y comunidades afortunadas por tener este instrumento deberían sacarle el máximo provecho. Para espacios pequeños o cuando las posibilidades económicas son menores, un órgano electrónico puede hacer un buen servicio. Otro problema es que difícilmente se encuentra un organista capaz o disponible. Sigue siendo necesario en nuestra iglesia fomentar el uso del órgano para las celebraciones. Ahora bien, en el culto divino se pueden admitir otros instrumentos además del órgano, con tal que “sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles” (SC 120). Varios instrumentos de cuerda y de viento se han introducido ya habitualmente en muchas asambleas para dignificar la celebración. Entre ellos destaca la guitarra, instrumento muy estimado en nuestra cultura, que se aprende a tocar fácilmente, al menos para acompañar con unos acordes. Es muy apreciada en la evangelización de niños y jóvenes, en campamentos, peregrinaciones, grupos pequeños, convivencias y excursiones, etc. También, en las celebraciones litúrgicas, puede facilitar la participación de toda la asamblea si es usado con maestría y verdadero sentido musical y litúrgico. Pero su uso generalizado y en no pocas ocasiones mal enfocado, ha trivializado la finalidad del acompañamiento instrumental en las celebraciones, por el empleo de ritmos inadecuados y líneas melódicas impropias de la música litúrgica. Es necesario y urgente encauzar el uso que se hace de la guitarra en las misas dominicales, para que el instrumento se adapte a la celebración y no al revés. En cuanto a los organistas y demás instrumentistas, no sólo han de ser expertos en lo musical, sino que deben estar bien coordinados con el director del coro y así mismo con el sacerdote y el maestro de ceremonias para sincronizar las piezas interpretadas con los ritos sagrados, ajustar su duración según convenga, dejar los silencios necesarios, etc. También “deben conocer y penetrarse íntimamente del espíritu de la liturgia, para que, al ejercer su oficio, incluso en la improvisación, enriquezcan la celebración, según la verdadera naturaleza de cada uno de sus elementos y favorezcan la participación de los fieles” (MS 67).
LOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN LA LITURGIA
“Los instrumentos musicales pueden ser de gran utilidad en las celebraciones sagradas, ya acompañen el canto, ya intervengan solos. El empleo de instrumentos en el acompañamiento de los cantos puede ser bueno para sostener las voces, facilitar la participación y hacer más profunda la unidad de la asamblea” (Instrucción Musicam Sacram, n. 62 y 64).
En el número pasado veíamos que el instrumento litúrgico por excelencia es el órgano de tubos y que además se pueden utilizar otros instrumentos siempre que sirvan a la belleza de la celebración litúrgica y a la edificación de los fieles. Pero lo importante no son los instrumentos en sí, sino el uso que se hace de ellos para evocar realidades más altas. Esto se consigue a través de melodías y ritmos adecuados, ya sea acompañando los cantos o tocando solos. Así como la melodía está al servicio del texto (ver Comunidad 509), el instrumento está al servicio de las voces y de la acción litúrgica. La música instrumental sirve para: a) acompañar y sostener el canto, b) dar carácter festivo a la celebración y c) distinguir las diversas partes del año litúrgico. Se trata de dar relieve, con la música, al misterio que se celebra con gestos y palabras, y de reforzar el mensaje contenido en los textos sagrados, bíblicos o litúrgicos. Los instrumentos no deben llamar la atención hacia sí mismos, ni por una mala ejecución, ni por un excesivo virtuosismo del intérprete. No deben causar extrañeza ni distracción en la asamblea sino ayudarle a entrar en la celebración y en cada momento de la misma. Como acompañamiento para los cantos, los instrumentos ayudan a sostener las voces, dándoles cuerpo y ayudando a no perder el tono y el ritmo, facilitan la participación y mejoran la unidad de la asamblea. Pero el sonido de los instrumentos jamás debe cubrir las voces ni dificultar la comprensión del texto. “Todo instrumento debe callar cuando el sacerdote o un ministro pronuncian en voz alta un texto que les corresponda por su función propia” (MS 64), por ejemplo, durante la consagración. Música instrumental: los instrumentos también pueden tocarse solos en algunos momentos de la celebración en que las voces callan: antes de la llegada del sacerdote al altar, mientras se preparan los dones, durante la comunión y al final de la misa. Hay que tener en cuenta que el carácter peculiar de algunas celebraciones y tiempos litúrgicos impide tocar los instrumentos (excepto para acompañar el canto) de manera que se signifique dicho carácter: penitencia, dolor, discreción y contención de la alegría. Esto sucede en adviento, en cuaresma, en el Triduo pascual y en las misas de difuntos.
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