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El tiempo de AdvientoEL TIEMPO DE ADVIENTO
El Adviento es tiempo de espera, conversión y esperanza. Se significa litúrgicamente por el color morado, por la supresión de la música puramente instrumental y la reducción de las flores, que adornarán abundantemente el altar a partir de la Navidad, y opcionalmente por la corona de Adviento. También es un tiempo marcadamente mariano.
• Espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal, y espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal. • Conversión, a la que invitan frecuentemente las lecturas de los profetas. El Adviento es también un tiempo apropiado para celebrar el sacramento de la penitencia, en forma individual o comunitaria, pero siempre con confesión y absolución individual. • Esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo llegará a su plenitud, de que la promesa de Dios se cumplirá definitivamente cuando le veamos “tal cual es”.
La corona de Adviento
Esta costumbre de origen nórdico se ha implantado acertadamente en muchas iglesias y hogares. Consiste en la colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes sin flores en un lugar bien visible, en el presbiterio o cerca del ambón, pero nunca encima del altar. Las luces se encienden progresivamente cada domingo: una el primer domingo, dos el segundo y así sucesivamente, hasta la Navidad, en memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y como símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cf. Mal 3,20; Lc 1,78). El encendido se puede hacer durante el canto de entrada o después del saludo, con una breve monición u oración.
Tiempo mariano
Con la reforma del Concilio Vaticano y superada, al menos teóricamente, la concepción popular del tiempo litúrgico dividido en “meses”, la Iglesia procura vivir el misterio de Cristo, desde su Encarnación hasta su venida gloriosa, durante todo el año, en su despliegue armónico y progresivo, y recomienda incluso vivir todo el año como «año mariano», pero con los acentos propios de cada tiempo litúrgico y de cada fiesta. Durante el Adviento, tiempo particularmente apto para el culto a la Madre de Dios, la liturgia recuerda la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto de Dios y subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. Momentos privilegiados de este carácter mariano del Adviento son la solemnidad de la Inmaculada Concepción, con su vigilia y -en el ámbito de la piedad popular- su novena, y sobre todo las “ferias mayores” desde el 17 al 24 de diciembre.
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