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El coro en la liturgiaEL CORO EN LA LITURGIA
“El coro merece una atención especial... se tendrá un coro o schola cantorum y se fomentará con diligencia, sobre todo en las catedrales y las demás iglesias mayores, en los seminarios y las casas de estudios religiosos. Es igualmente oportuno establecer tales coros, incluso modestos, en las iglesias pequeñas” (Instrucción Musicam Sacram, n. 19).
Para mejorar la calidad de la música y del canto en las celebraciones litúrgicas es conveniente que haya al menos uno o dos cantores bien formados en cada parroquia o comunidad, que puedan ejecutar algunos cantos más sencillos con participación del pueblo y dirigir y sostener oportunamente a los mismos fieles. Lo ideal es disponer de un coro de cantores que promueva la participación comunitaria y asegure una buena interpretación tanto de las partes que les corresponden como de las que ha de cantar la asamblea.
Un verdadero ministerio litúrgico
Los cantores y los miembros del coro no son “artistas invitados” sino miembros de la comunidad que celebra o, al menos, creyentes integrados en la celebración. Han de ser cristianos que celebran regularmente y que además ensayan regularmente. Ejercen su ministerio con verdadero espíritu de servicio, evitando el protagonismo y el exhibicionismo personal, sobre todo en las bodas y las exequias. Entre el coro y el presidente de la celebración debe establecerse una buena coordinación. La existencia de un coro no significa que la asamblea quede dispensada de cantar. En realidad, la comunidad es la verdadera protagonista, que con sus aclamaciones, diálogos y respuestas litánicas vive la liturgia en primera persona.
La función de los coros
• Expresan los sentimientos de fe (alegría, petición, alabanza, dolor...) y ayudan a que la comunidad celebre con mayor inteligencia y sintonía el misterio que celebra. • Apoyan el canto de toda la asamblea, no lo suplantan. • Cantan solos en momentos determinados, por ejemplo durante la procesión de ofrendas y la comunión, creando un espacio de paz y de descanso para la comunidad, que escucha el canto y se deja envolver en sus sentimientos. • Algunos cantos, por su naturaleza, permiten o aconsejan alternar entre el coro y la asamblea o un cantor y la asamblea: gloria, salmo responsorial, credo, cordero y cantos de entrada y de comunión. Conviene respetar esta alternancia, que da vida y aire a dichos cantos. • Finalmente, el coro facilita que la asamblea aprenda cantos nuevos.
El lugar del coro
“Los cantores, según la disposición de cada iglesia, se colocan donde más claramente se vea lo que son en realidad, a saber, parte de la comunidad de los fieles y que en ella tienen un oficio particular” (OGMR3 312), preferiblemente cerca del presbiterio.
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| Esta página ha sido actualizada el 23/07/2008 |
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