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¿Ha llegado aquí la globalización?
Hace aproximadamente nueve meses, en el Paseo Filiberto Villalobos, al lado de la Estación de Autobuses, una monja de Alba de Tormes me preguntó: ¿Ha llegado aquí la globalización? La globalización empezó como un efecto económico-social donde las empresas y las gentes viajaban, se desplazaban y se ubicaban con el objetivo de llegar a un fin concreto. Las industrias y los individuos se organizan y coordinan a las diversas poblaciones bajo la noción del trabajo, el progreso, la libertad y hasta el intento por solucionar la pobreza en el mundo. La primera globalización llego en el Siglo XV, cuando los europeos viajaban mediante el barco a los países americanos y asiáticos. Pero no es lo mismo el buque que el GPS. La segunda globalización llego en los Siglos XVIII y XIX, cuando las revoluciones políticas en Europa (principalmente, Francia e Inglaterra donde se originaron el avance y la anticipación industrial), proponían la justicia social. Fue una globalización que resaltaba el aspecto humano. En aquel periodo de tiempo, nació el primer socialismo. El hombre de aquella época decía: “Basta ya de tanta explotación”, “Estoy harto de vivir así cómo estoy” (después de verse a sí mismo con la indignidad que tenía en su salario y con su condición de vida tan horrorosa). Pero no es lo mismo, la reclamación de los derechos y las libertades para el beneficio del hombre que el correo electrónico. La tercera globalización nos está llegando ahora que consiste en la concienciación de los problemas del mundo y las realidades actuales. Todos sabemos de los hechos, las preocupaciones y los conflictos que tenemos los humanos sobre el cambio climático, la pobreza en Chad o el terrorismo mundial. ¿Cómo se explica que este fenómeno que es la globalización se ha introducido y se ha instalado en las manifestaciones religiosas? Los datos, la percepción y la intuición así lo demuestran: Europa se está descristianizando; en Asia está creciendo los cristianos; en África, el Islam se está expandiendo y en América, la diversidad de dones espirituales (baptistas, evangelistas…) están muy presentes. Pues, sencillamente, porque el hombre se ha convertido, para hablar sobre estos temas (pobreza, globalización, análisis, conflictos humanos y naturales…) en un telespectador, oyente o lector. Por cierto, no es lo mismo telespectador que espectador. El hombre es frágil ante sus propias raíces y está siendo apoderado por el recibimiento de la imagen que da el prójimo hacia el mundo exterior. Lamentablemente, las pocas ideas y la comunicación son suficientes para hacer un juicio y una crítica. Siempre nos quedará ser moderados, intentar no ser víctima de las desventajas y los inconvenientes de esta figura gigantesca denominada aldea global, buscar los valores más apropiados y cercanos hacia la humanidad y pensar en el presente futurible y en el futuro presencial. Jaime Navarro Ruano. |
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| Esta página ha sido actualizada el 02/07/2010 |
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