Pequeña radiografía de la Diócesis



El nuevo equipo de redacción de nuestra revista “COMUNIDAD” me pide una personal, y breve, reflexión sobre la actual vida diocesana; una mirada a vista de pájaro donde solamente se verán las líneas gruesas mientras quedarán difuminados, lo siento, los detalles y las matizaciones tan necesarias... Con mucho gusto lo hago y os lo ofrezco:

 

I. LAS RIQUEZAS

 

1. El Plan Diocesano de Pastoral, estudiado y consensuado por todos, y ratificado por nuestro Obispo, es hoy para nosotros una riqueza fundamental.

2. Creo que tenemos una inmensa riqueza en nuestro presbiterio. Hoy subrayo tres grupos: los jubilados que siguen a pié de obra, el clero rural y los sacerdotes jóvenes.

3. Podemos gloriarnos de tener más de un centenar de comunidades religiosas. Su mejor riqueza está en acertar a compartir la fidelidad al pasado con la apertura al futuro.

4. Tenemos un laicado asociado numeroso y repartido. Somos agraciados cuando, desde una profunda espiritualidad, se comprometen en la vida pública.

5. Es un hecho la multiplicación de grupos de oración, estudio bíblico, servicio litúrgico, compromiso por la familia o la salud… Jesús les prometió el 100 por uno.

6. Aunque nunca podemos estar satisfechos del todo, tenemos una amplia red de acciones a favor de la caridad y la justicia que realizan diversas iniciativas diocesanas.

 

II. LAS POBREZAS

 

1. Es evidente que los jóvenes, salvo floridos oasis, están alejados de la Iglesia. Los esfuerzos que se están realizando darán el fruto a su tiempo.

2. Como consecuencia inmediata de lo anterior, está la crisis vocacional que padecemos y que llega hasta nuestro seminario. Urge un trabajo más corresponsable.

3. La pastoral sacramental sigue siendo la cruz de los pastores. Por su gran trascendencia me preocupa la iniciación cristiana y la pastoral prematrimonial.

4. La falta de coordinación entre los diversos grupos, la debilidad de nuestros consejos de pastoral y las estructuras comunitarias sin alma creo que nos empobrecen.

5. Creo que estamos, con razón, tan preocupados por nuestra vida interna que tenemos dificultad para afrontar de una vez la pastoral de los alejados, la pastoral misionera.

6. La secularización ha entrado dentro de la Iglesia. Creo que debemos reconocer humildemente algún brote de disenso y división en nuestra comunidad diocesana.

 

III. LAS ESPERANZAS

 

1. La puesta en marcha de las Unidades Pastorales, con sus fraternidades sacerdotales y equipos apostólicos, son para nosotros como un nuevo amanecer.

2. En medio del florecimiento de nuestras catequesis, va tomando cuerpo, la formación de adultos de inspiración catecumenal. Su eficacia será evidente.

3. Constato una valoración más positiva de la religiosidad popular. Su respeto, discernimiento y debida corrección ayudará a los más débiles en la fe.

4. Valoro el humilde, pero significativo, diálogo con la cultura actual que hacemos en la escuela, en la universidad, en los medios de comunicación, en el auditorio…

5. Aunque estamos lejos de la autofinanciación, crece la generosidad de nuestro pueblo cristiano. La comunidad de bienes es cada vez más necesaria y posible.

6. Objetivos finales: la pastoral de la Catedral para impulsar nuestra conciencia diocesana y la pastoral teresiana para servir a los peregrinos del mundo que nos visitan.

Ofrezco al Señor nuestras riquezas, pobrezas y esperanzas y le pido su bendición.

 

Florentino Gutiérrez,

Vicario General.

 

Esta página ha sido actualizada el  02/07/2010
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