¿Crisis?¿De qué?
Largas colas en las oficinas de empleo.


Desde hace un año quizás sea uno de los términos más repetidos en los medios de comunicación y en nuestras tertulias con amigos y familiares. Al principio se trataba de saber si se iba a presentar o no, una vez que ya no hay duda de su presencia, nuestras conversaciones versan sobre sus efectos, su duración y de las medidas que se deben adoptar para superar esta situación.

 

Desde hace al menos un año, Cáritas ya hablaba que la época de las “vacas gordas” y crecimiento económico estaba finalizando, aunque no pudimos prever su intensidad y la duración de la misma.

 

El recientemente publicado VI Informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, que analiza la realidad social de la última década de nuestro país, es claro en alguna de sus conclusiones. Los últimos 15 años de crecimiento económico espectacular no han servido para reducir la desigualdad y la pobreza en nuestro país, es decir, una oportunidad pérdida.

 

LAS CAUSAS DE LA CRISIS

 

Esta es una crisis cuyo origen no es la escasez. Esta crisis tiene un origen en el éxito, en el crecimiento y en querer obtener unos beneficios más allá de lo razonable. En una palabra, la avaricia es la causa fundamental. Durante estos años nos hemos dedicado a engordar los beneficios de nuestras cuentas de resultados con operaciones especulativas, ya sean financieras o inmobiliarias, más que por mejorar la economía productiva. Los mejores rendimientos económicos se han obtenido en la bolsa, en el mercado financiero y en el sector inmobiliario, más que trabajando en producir cosas o servicios para el conjunto de la sociedad, ya sea en el sector público o privado.

 

Lo cierto es que el dios mercado, al que hemos consagrado la mayoría de nuestras transacciones y hemos atribuido la función de satisfacer nuestras necesidades, se ha mostrado como un sistema insuficiente para cumplir su misión. Pero sorprendentemente sus grandes defensores no han dudado en acudir solícitos al estado ante las primeras dificultades. Y los ciudadanos asistimos atónitos al comprobar cómo los diferentes gobiernos aportan 700.000 millones de euros a bancos y entidades financieras, un importe diez veces superior al que sería necesario para acabar con la pobreza del mundo.

 

Hace ya cuarenta años, Pablo VI nos decía que “hoy el hecho más importante del que todos debemos tomar conciencia es el de que la cuestión social ha tomado una dimensión mundial” (PP 3). Veinte años después Juan Pablo II afirmaba que “junto a las miserias del subdesarrollo (…) nos encontramos con un superdesarrollo igualmente inaceptable porque, como el primero, es contrario al bien y a la felicidad auténtica” (SRS 28). Y nos hemos pasado décadas viviendo en una burbuja que ahora nos ha estallado en nuestras manos.

 

LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS

 

Hoy ya es conocido por todos que la crisis es duradera y sus efectos, como siempre, se ceban con las personas que apenas se beneficiaron de la época de bonanza económica.

 

Hace un mes, tanto Cáritas Española como Cáritas Diocesana de Salamanca, hicimos público el notable incremento de las demandas de ayuda económica (48%) que habíamos recibido en los 6 primeros meses respecto al año anterior. Los datos a día de hoy serían muy superiores ya que cada semana que pasa son más las personas y familias que acuden solicitando nuestra ayuda.

 

Los primeros en llegar han sido las familias y personas que ya vivían en situación de vulnerabilidad laboral y económica pero también se están acercando nuevos perfiles de clase media que hasta ahora nunca habían solicitado la ayuda de Cáritas.

 

En estas circunstancias hay que exigir a las administraciones que no reduzcan las partidas dedicadas a la protección social para que las familias puedan tener lo mínimo para poder vivir con dignidad. Con ello a su vez se evitaría que algunas de estas familias y personas puedan derivar hacia procesos de exclusión social.

 

LA CRISIS TAMBIÉN ES OPORTUNIDAD

 

La vocación de Cáritas es servir a las personas que viven situaciones de pobreza y exclusión social. Por ello queremos, en nombre toda la Iglesia de Salamanca, estar cercanos a todas y cada una de las familias paradas, que están sufriendo penurias para afrontar su día a día. Estas situaciones son una invitación a todos a compartir sino lo necesario, al menos algo de lo superfluo con lo que vivimos.

 

Pero nuestra misión también supone el analizar y trabajar sobre las causas que generan las situaciones de pobreza y exclusión. Y los recientes estudios que Cáritas ha realizado y la formación en la Doctrina Social de la Iglesia se nos antojan más necesarios.

 

Estamos ante una crisis, que aunque se manifieste en la economía y en las finanzas, es una crisis mucho más profunda. Los mercados, las cifras macroeconómicas, los diferentes índices, las tasas,... son algunos síntomas que nos muestran que estamos hablando de algo más profundo. Algunos ya están hablando de crisis de mercado, de crisis de sistema y quizás la definición que más se aproxime es “crisis del modelo de desarrollo”.

 

Pero “crisis” significa también momento de cambio. Y ciertamente puede ser una oportunidad de transformación social. Cuando los grandes líderes de los gobiernos se reúnen buscando soluciones en las viejas recetas de siempre o para hacer refundaciones, la Iglesia, experta en humanidad, puede y debe aportar luz en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo sobre otras bases y que tenga como fin el hombre, a todo hombre independientemente de su situación y condición. No es necesario que nos inventemos nada. La Doctrina Social de la Iglesia aporta suficientes elementos para guiar estos momentos de incertidumbre. La dignidad de toda persona, el bien común o el destino universal de los bienes, son principios nucleares tan necesarios ahora como siempre.

 

Francisco Rodríguez,

Responsable de Comunicación de Cáritas Diocesana de Salamanca

 

Esta página ha sido actualizada el  02/07/2010
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