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El Espíritu de la Navidad
Cada vez que se acerca estas fechas tan entrañables, se suele hablar sobre el Espíritu de la Navidad. Pero, en el fondo, ¿sabemos, exactamente, qué es el Espíritu de la Navidad? Seguramente, cada uno de nosotros nos identificamos en alguna de las escalas que presento (a lo mejor, estamos concienciados en los tres niveles). -Los individuos más pesimistas dirán: Todos los años tenemos la misma historia (villancicos en los comercios, comidas familiares, regreso de los familiares a la casa de los abuelos, llamadas telefónicas, felicitaciones…). En definitiva, la Navidad es una época cultural dónde la gente se convierte en bondad. Por lo menos, hay que destacar algo positivo cómo es el significado del término ‘conversión’ (cambio de actitud ante la Palabra). -Las personas más radicales repetirán: ‘Todos los años tenemos las mismos acciones (comer muchos dulces y nuestros vecinos sufriendo las penurias, nos acordamos del Tercer Mundo, queremos que pasen las fiestas cuántos antes, nos acordarmos de las personas que ya no están, vemos la oposición entre la enfermedad y la salud, la vida y la muerte…Este año, hay que añadirle, la escasez económica que hace que el disfrute sea menor, algo así, como unas Navidades agridulces). En conclusión, la Navidad es una época de contrastes. Por lo menos, hay que destacar algo positivo dónde la población observa el bien y el mal reflejado en San Pablo y su capacidad de discernimiento o los Evangelios que aseveran la lucha contra las adversidades. -Los religiosos con el anhelo católico dan el testimonio de fe. La Navidad es el acontecimiento donde conmemoramos el nacimiento de Jesucristo. A través del Adviento, nos preparamos para la venida. Las Lecturas de estos cuatro domingos impresionan: Mc 13, 33-37 nos invita a la preparación y la madurez; Mc 1, 1-8 nos insta a recibir, escuchar, acoger, practicar y seguir la buena Palabra; Jn 1, 6-8. 19-28 nos llama al testimonio cristiano; Lc 1, 26-38 nos estimula a la gracia y la Buena Noticia desde el primer momento (reacción de la Virgen ante el anuncio del Ángel Gabriel). Así pues, la Navidad es tiempo de identificación. La noche oscura estará presente. De ahí, los dubitativos nos volverán a decir que la Navidad es una época cíclica que tiene que ver con los movimientos astronómicos (solsticios, situación lunar…) y los analistas examinan las indeterminaciones (vida de Jesucristo, contradicciones, espacio…).
El Espíritu de la Navidad es la completitud, la integración, la suma, la unión, la liberación y el afecto a la faceta espiritual (capacidad de dar, comunicación con el mensaje de los evangelistas, encuentro con una época: presente, pasado, futuro). El Espíritu de la Navidad no es un producto de consumo, no es vivir lo que has hecho hace un año, no es realizar las mismas cosas que inclinan a la habitualidad. Una muestra del espíritu de la Navidad (hecho inconsciente pero con mucho valor) es el anuncio televisivo de la Lotería de este año. Dice una frase dónde se implica el alma navideña. Durante este anuncio nos dice: “En Navidad nos hace un poco más humanos”. Otro caso del Espíritu de la Navidad es enseñar a aprender (no es lo mismo que aprender a enseñar que es reducir, idealizar, pasar por el presente). Enseñar a aprender es averiguar la limitación del ser humano y adquirir el tiempo duradero.
Así pues, el Espíritu de la Navidad es el ejercicio que te da el otro (otro= prójimo; otro= Palabra Revelada a través del mensaje de Cristo) porque te sorprende, te marca y admiras lo que ofrece. Y esa presencia no es el dinero ni el regalo material. El Estado del Espíritu Navideño es la vuelta a casa (como el anuncio del turrón: ‘Vuelve a casa por Navidad’).
por Jaime Navarro Ruano
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| Esta página ha sido actualizada el 28/07/2010 |
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