La dificultad de compartir

El Evangelio, tan exigente como es, nos regala en tiempos de crisis económica y desesperanza, un anhelo de inquietud.

Tanto en Mc 12,41-44 como en Lc 21,1-4 nos dice: Jesús estaba sentado frente al lugar de las ofrendas, y observaba cómo la gente iba echando dinero en el cofre de las ofrendas. Muchos ricos depositaban en cantidad. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: -Os aseguro que esa viuda ha echado en el cofre más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir.

Este pasaje nos aporta varios mensajes: Primero, la entrega que cada uno podemos hacer al prójimo. Segundo, practicar la sencillez y la humildad en silencio (Mt 6,3: Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha). Tercero, la ofrenda es un don que significa donativo, servicio y muestra de gratitud. Cuarto, aún distanciándose del Reino de Dios, se recibe a las personas que ofrecen riqueza. Es ahí, dónde se juega la fraternidad. Quinto, el testimonio que nos da la viuda pobre. Y sexto, el texto nos invita al compartimiento (ricos y pobres).

Un capítulo recogido en el libro “Evangelio a los pobres” de M. Legido profundiza, entre otras cosas, en este apartado (socio-económico). El mundo está dividido por culpa de la situación económica (ricos y pobres), el logro cultural (sabios e ignorantes) y la posición política (poder y debilidad). La Palabra del Señor invita a la ‘conversión’ de los ricos, los sabios y los poderosos. Pero, también, llama a la ’conversión’ de los pobres, los ignorantes y los débiles, para así, formar una gran “familia de hermanos” donde la división socio-económica, socio-cultural y socio-política desaparezcan. La transformación en la escala de los ricos, poderosos y sabios para la ‘sensibilización’ con los más necesitados. Y el cambio en los pobres, débiles e ignorantes para ‘acoger’ a los que no se identifiquen en las mismas posturas, circunstancias y localizaciones. También, el ser humano quiere ser, rico, sabio y poderoso por culpa del egoísmo y la prepotencia.

La familia de hermanos, gracias al cambio en el corazón, sopla el Reino de Dios con la llegada de la justicia (no hay ricos ni pobres), la libertad (no hay lucha social ni afinidades ideológicas) y la verdad (no hay opresión ni rebeldía).

Este planteamiento nos acerca a la utopía cristiana mediante la gracia (cambio que hace Dios al ser humano) que elimina las cadenas y el pecado. Rm 5,20: “Donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia”.

Jaime Navarro Ruano

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