Foto: Heliodoro Ordás

 

“En las parroquias, en las diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana, aire fresco”. Con estas palabras animaba el Papa Francisco el 5 de mayo de 2013 a las cofradías y hermandades reunidas en Roma con motivo del Año de la Fe, en un Encuentro Mundial al que también acudieron representantes de nuestra Iglesia salmantina.

 

Autenticidad evangélica, eclesialidad y ardor misionero eran las peticiones del Papa a las cofradías y hermandades, como formas de laicado asociado que manifiestan la piedad popular, reconocida por Francisco como un tesoro para toda la Iglesia. De las cofradías subrayaba que “a lo largo de los siglos han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor”.

 

En la exhortación “La alegría del Evangelio” dedica hermosas expresiones para tratar esta gran riqueza de la piedad popular, “una forma legítima de vivir la fe” que define como “verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios” en la que “puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo”. Afirma el Papa que “las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización”.

 

Nuestras cofradías y hermandades de la Diócesis de Salamanca están llamadas a trabajar este campo pastoral, pues no en vano la devoción a las imágenes, las fiestas religiosas populares y romerías, las procesiones y otras formas de culto y manifestación de fe están estrechamente vinculadas a su esencia más profunda.

 

Su origen se remonta a la época medieval y su florecimiento se produjo en los siglos XVI y XVII, raro era el pueblo que no contara con cofradía de la Vera Cruz, del Santísimo o de las Ánimas, por lo que puede decirse que las cofradías son las decanas del laicado asociado, y un buen ejemplo es la Cofradía de la Vera Cruz de la capital, fundada en 1506.

 

A lo largo de la historia se han ido fundando nuevas cofradías mientras otras desaparecieron. Han sido testigo notable de la evolución de los tiempos, de la sociedad y de la Iglesia, pero siempre ha pervivido la espiritualidad cofrade, lo que avala la riqueza de este carisma con sus luces y sus sombras.

 

En este momento, las cofradías y hermandades son el grupo de apostolado seglar que cuenta con más miembros, varios millares, e incluso entre sus componentes abunda un perfil poco habitual en otras realidades eclesiales: los jóvenes y los varones de mediana edad. Esto supone una característica muy a tener en cuenta.

 

En el registro de la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades constan algo menos de un centenar de asociaciones, pero seguramente la cifra real sea bastante superior, pues muchas de nuestras cofradías, sobre todo las del medio rural, están definidas como un grupo parroquial más, con mayor o menor actividad más allá de los cultos anuales.

 

En la ciudad, por el contrario, esta inserción en la vida parroquial no se ha dado con tanta frecuencia por diversos motivos, como el hecho de que bastantes hermandades tengan por sede templos conventuales, la Catedral o iglesias de otra naturaleza. Además, sus integrantes proceden de diferentes feligresías y su vínculo con la cofradía es muy desigual. Tampoco han sido contempladas con cariño por muchos sacerdotes hasta hace unos años, escépticos ante su potencialidad evangelizadora. Esto ha dificultado un compromiso pastoral intenso hasta ahora, si bien son visibles algunos avances en la visión que de las cofradías se tiene en la Iglesia y en la conciencia de pertenencia a la Iglesia por parte de los cofrades. Mucho hay que progresar todavía en ambas direcciones.

 

Desde la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades se vienen proponiendo cada año ofertas de formación y oración dirigidas específicamente a los cofrades, también surgieron de ella varias aportaciones al borrador del plan diocesano de pastoral, y especial atención a los jóvenes cofrades se ha querido promover desde la Pastoral Juvenil Diocesana, con un encuentro anual y el Vía Lucis en el tiempo de Pascua.

 

Se aprecia en las cofradías, en líneas generales, un mayor cuidado en la organización de actividades celebrativas y de confraternidad durante todo el año, al tiempo que han acentuado su dimensión social y caritativa con varias iniciativas de compromiso con los más necesitados.

 

Asignatura pendiente todavía resulta su integración decidida en la Coordinadora Diocesana y en las estructuras parroquiales en algunos casos, algo a trabajar con ahínco en este esfuerzo por la comunión que debe suponer para nuestra Iglesia local la incipiente Asamblea Diocesana.

 

Son nuestras cofradías y hermandades salmantinas asociaciones públicas de fieles llamadas a constituirse en comunidades que de verdad sean “aire fresco” para las parroquias y la diócesis, como les pide el Papa Francisco, y serán “verdaderos pulmones de fe y de vida cristiana” si se asientan en esos tres pilares: “autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero”.

 

Tomás González Blázquez

 

Fotos: Heliodoro Ordás

Esta página ha sido actualizada el  01/12/2014

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