HAITÍ: El “patito feo” del Caribe

De nuevo la Naturaleza golpea con fuerza uno de los países más pobres del mundo otorgándole así, sólo por unos días, el triste privilegio de hacerse presente en las portadas de los Medios de Comunicación.

Haití, ese pequeño trozo del Caribe que no aparece en las rutas de los Tour Operadores, del que no hemos visto nunca reportajes sobre sus playas de fina arena blanca, ese pedacito de isla que la Corona española cedió a los franceses en 1.697, donde la esclavitud fue abolida en 1.794 y que recién estrenado el siglo XIX se constituyó como el segundo estado independiente – y próspero por entones – de la región que hoy conocemos como América Latina. Haití existe y fue ¡la primera república negra del mundo!

Tras cuarenta años, perdió la mitad de su territorio a favor de la República Dominicana y con ello comenzó su declive, un declive que ha ido sumiendo a este trocito de Caribe – con una extensión algo menor que Galicia pero una población cercana a los 9 millones de habitantes – en un caos político, económico y social que perdura en la actualidad. Un caos vergonzosamente consentido por la Comunidad Internacional y fuera de los circuitos de lo “noticioso”, salvo que como en 2004 se produzcan crueles matanzas o que alguna catástrofe natural (huracán, ciclón, terremoto, etc.) ocasione otra, no menos, catástrofe humanitaria consecuencia directa del olvido, la apatía y la falta de interés que hace a los países pobres mucho más vulnerables ante estas situaciones.

Durante algunos días oiremos hablar de Haití, veremos en imágenes y en directo, cómo el pueblo haitiano sobrevive a una nueva tragedia. Sin duda, se movilizará la ayuda internacional humanitaria, se abrirán cuentas corrientes con objeto de recaudar fondos y muchos protagonistas de poderes políticos, económicos y sociales harán manifestaciones solidarizándose con el dolor de los haitianos, pero ésto no durará mucho porque la actualidad manda y Haití se verá de nuevo sumido en un injusto e inmerecido olvido. Pondremos un “parche humanitario” momentáneo, nos quedaremos con el recuerdo de lo sucedido pero no iremos más allá para tratar de descubrir y denunciar por qué estas tragedias son más duras y de más magnitud cuando las fuerzas de Naturaleza golpean a los países pobres. Otra vez nos empecinaremos y actuaremos sobre los efectos, pero no sobre las causas con objeto de reducir consecuencias futuras.

Haití volverá a ser el “patito feo” del Caribe, seguirá sin interesar al mercado turístico, ni al financiero, ni al comercial salvo que se trate de drogas o armas, y los haitianos se verán relegados al anonimato internacional, a ser los más pobres de la región y nadie volverá a hablar de ellos hasta que alguna nueva tragedia les golpee.

¿Por qué? ¿Cuáles son los “pecados” de los haitianos? ¿Ser mayoritariamente de ascendencia africana? ¿No disponer de recursos naturales? ¿Haber sufrido dictaduras e ingerencias de fuerzas extrajeras?

Dicen que el peor castigo es la indiferencia. ¿De verdad alguien ha tenido, alguna vez, intención real y desinteresada, por ayudar al pueblo haitiano y no sólo a sus dirigentes? ¿Quién cree hoy en Haití? ¿A quién le interesa Haití? Desafortunadamente para sus ciudadanos, Haití no es prioritario para casi nadie.

El pueblo haitiano desea lo mismo que usted y que yo, vivir en paz, poder comer, un trabajo digno, educar y cuidar a sus hijos y construir un futuro mejor. El pueblo haitiano es capaz de hacer todo eso, pero necesita ayuda para lograrlo. No sólo una ayuda puntual para paliar los efectos de esta reciente catástrofe, necesita una colaboración organizada, a largo plazo, comprometida y respetuoso, como otros muchos pueblos del mundo que les permita poner fin a un drama de décadas. Todos podemos hacer algo. Si se atreve, infórmese y lo verá.

 

Manuel Rodríguez Fraile

Ciudadano

 

Esta página ha sido actualizada el  02/07/2010
Obispado de Salamanca, C/Rosario, 18, 37001, Salamanca, España, Tel: 923128900 Fax: 923128901
casadelaiglesia@diocesisdesalamanca.com
Información Legal
2008 Informática Millán