“La felicidad humana” de Julián Marías

Julián Marías, autor importante y uno de los filósofos más destacables del Siglo XX junto a Ortega, escribió en 1987 (antes de la Caída del Muro de Berlín y después de la transición democrática en España), un libro titulado “La felicidad humana”.

Los 30 capítulos tratan, principalmente, sobre la relación entre vida y felicidad. Desde una perspectiva religiosa (cristiana) y laica (ser en el mundo), profundiza las concepciones y la conexión dialéctica de la presencia (vida-muerte; felicidad-descontento; tradición-proyecto; ciencia-historia; circunstancia-tiempo). Hay tres partes bien diferenciadas. Primero (Capítulo I-XI), la definición, los principios y los planteamientos de los filósofos que han realizado acerca de la felicidad a lo largo de las épocas (estoicos, obra cristiana a través de las bienaventuranzas, Fichte…). Segundo (Capítulo XII-XX), la conjugación entre la vida (existencia de cada cual) con la felicidad (anticipación, práctica, encuentros…). Y tercero (XXI-XXX), la reflexión más espiritual (vida interior) de la existencia.

¿Cómo ser feliz? ¿Se puede ser feliz en este mundo? ¿Cuáles son nuestras ideas para reconocernos a la felicidad? Son preguntas e inquietudes que tiende el ser humano. Esta temática tiene un componente ético-moral (deber), sin descartar absolutamente, el aspecto religioso que recoge el propio escritor a lo largo de las páginas. En el Evangelio, se nos presenta dos pasajes como son las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12), y San Lucas, en Hch 20,35. Las bienaventuranzas son un canto a la identificación y el seguimiento a Cristo, pero también, un programa de vida: pobres en el espíritu (voluntad personal, obediencia, escucha); los que lloran (la alegría y la compasión en el sufrimiento), los humildes (sencillez); los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios (Palabra y Buena Noticia); los misericordiosos (poner el corazón, el cariño); los que tienen un corazón limpio (sinceridad, generosidad); los que hacen la paz (sosiego, reconciliación); los perseguidos e injuriados por la voluntad de Dios (hijos de Dios). En el fondo, la búsqueda y el encuentro para estar en júbilo y la permanencia en el bien. Por su parte, San Lucas, nos dice, en los Hechos de los Apóstoles que “mayor felicidad hay en dar que en recibir”. ¿Qué damos y qué recibimos? ¿Qué es lo que nos gusta entregar y admitir? Dar y recibir son verbos que invitan a la participación y el compartir.

Como bien relata Julián Marías, los conflictos de la felicidad se comparan con los enfrentamientos que produce la vida (ser, pensar y decir). Los mayores problemas humanos (decía Sartre que la escasez mueve el mundo) son el egoísmo y la avaricia que engendra divisiones y discordias. En la felicidad, pasa lo mismo. La inmoderación y el afán desordenado conllevan al descontento y la insatisfacción de los demás (cercanía) pero nunca al afectado (lejanía) que admite las cosas. El abuso y realizar favores en nombre de los actos de caridad y la ayuda puede alcanzar un nivel muy dañino. Un ejemplo coloquial, los pobres también quieren irse de vacaciones al Caribe. La vida, hay que aceptarla como viene. No se puede rebelarse contra nadie, ni atacar al prójimo.

Para acabar, resaltar tres textos del libro que resumen la incertidumbre y la conmoción de esta temática de la felicidad. Primero, en la página 171: “La felicidad no consiste simplemente en estar bien, sino en estar haciendo algo que llene la vida, partiendo de cierto nivel que cada época se fija”. Segundo, en la página 256: “Un personaje de ficción, aun el más complejo e intrincado –piénsese en Dostoievski, por ejemplo- es mucho más claro y transparente que la persona real más sencilla –un campesino o una madre de familia en una aldea-, porque el personaje está ‘interpretado’ por el novelista o el dramaturgo, mientras que la vida efectiva es opaca hasta para uno mismo (San Agustín decía: ni yo mismo comprendo todo lo que soy)”. Y tercero, en la página 384: ”Como vemos, hay dilataciones o contracciones y estrechamientos de la vida. Creo que hay que tomar posesión íntegra de lo que nos da nuestra condición, (…). El hombre es una realidad utópica, que es y no es, que es lo todavía no es y tal vez no pueda ser. Consiste en ser una realidad proyectiva, futuriza, deseante, nunca lograda, nunca conclusa, en suma, utópica (…). Nuestra vida consiste en el esfuerzo por lograr parcelas, islas de felicidad, anticipaciones de la felicidad plena. Y ese intento de buscar la felicidad la felicidad nutre de ilusión, la cual, es ya una forma de felicidad”.

 

Artículos

Esta página ha sido actualizada el  20/12/2013

Obispado de Salamanca, C/Rosario, 18, 37001, Salamanca, España, Tel: 923128900 Fax: 923128901
casadelaiglesia@diocesisdesalamanca.com
Información Legal
2008 Informática Millán