¿Cuál es el sentido de la vida? La vida “con” sentido

No he sido elegido (aspecto individual), no hemos sido elegidos (dimensión colectiva) en un periodo de tiempo concreto (presente, actualidad, corto y largo plazo, ocurrido hace poco). La vigencia manifiesta la diversidad de testimonios. Sólo sabemos ‘algo’ del pasado (la entrega que han hecho nuestros pasados o antecesores) y la ‘sensación lejana y dubitativa’ acerca del futuro (dificultad para anticipar y adelantarse a los acontecimientos).

 

¿Qué es lo que importa ‘verdaderamente’ (desvelar) en la vida? ¿Salud, familia, dinero, lotería…? Múltiples estados de ánimo donde se localiza la situación personal y el puesto social de cada cual que repercute el nivel cultural. Para sostener estas condiciones y cualidades, hay que mantener principios, convicciones y firmezas (qué se debe hacer).

El ser humano está arrojado y tirado de manera involuntaria para la toma de decisiones. El camino, la lucha y los sufrimientos enfrentan al sujeto (sin responsabilidad, sin querer, sin compromiso…). La autonomía (capacidad de sí mismo) desarrolla, madura, busca y encuentra. Pero, la historia, los factores, las ideologías y las circunstancias implican las bases para entender la existencia de cada uno (limitaciones, libro de la vida…). Heidegger proponía el ‘ser ahí’ como esencia de la existencia de cualquier persona. Ser= Verbo que conecta con la especie humana. Ahí= Adverbio de lugar que conexiona con el espacio. En definitiva, el ser humano es tiempo y espacio, sujeto y objeto. Jean Paul Sartre pensaba que la escasez mueve el mundo. La falta alimenticia, la privación económica, la escasez laboral, el insuficiente desarrollo científico-investigativo o la indiferencia espiritual conllevan las hambrunas (falta de alimentos), las pobrezas (privación económica), las desintegraciones (escasez laboral), las rupturas de la vida (evolución insignificante de los conocimientos y razonamientos sanitarios) y las fragilidades-debilidades humanas (indiferencia religiosa) que muestran la realidad en conjunto que afecta al individuo. Toda causa tiene efecto, toda consecuencia precisa motivo. La construcción y la constitución del ser humano se enriquecen con la conjugación de las estructuras y respuestas que da la vida. La vocación puesta en el mundo y cuidándola en la propiedad.

 

Hay dos planteamientos interesantes acerca de la vida y la muerte que interroga las inquietudes del pensamiento que nos acerca la incertidumbre y la conmoción. Primero, Ortega escribió y dedicó un tomo (conjunto de libros) titulado “El Espectador”. La sociedad, formada por muchos unos, mira las cosas que están pasando. Y segundo, Jorge Manrique, en ”Coplas sobre la muerte de su padre” (versos 25-60) dice: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/ que es el morir;/ allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ y consumir;/ allí los ríos caudales/ allí los otros medianos/ y más chicos,/ y llegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos./ Dejo las invocaciones/ de los famosos poetas/ y ardores;/ no curo de sus ficciones,/ que traen yerbas decretas/ sus sabores;/ A aquel solo me encomiendo,/ aquel solo invoco yo/ de verdad,/ que en este mundo viviendo/ el mundo no conoció/ su deidad./ Este mundo es el camino/ para el otro, que es morada/ sin pesar;/ mas cumple tener buen tino/ para andar esta jornada/ sin errar./ Partimos cuando nacemos,/ andamos mientras vivimos,/ y llegamos/ que fenecemos (fallecemos) al tiempo/ así que cuando morimos/ descansamos”. No importa cómo eres, qué tienes, dónde procedes, quién eres, qué produces. La persona edificada se propone a la dignidad representada y presta el servicio a los allegados y distanciados. Antes o después, hay que aceptar y satisfacer lo que viene (dificultades, facilidades, obstáculos…). La presencia en el tiempo junto a la existencia inclina la vida y la muerte.

 

El ser humano se convierte en polvo desde una perspectiva materialista (mundo de las cosas). ¿Dónde dejamos el sentimiento y la sensibilidad? ¿Qué funcionamiento tiene la vida? ¿Dónde ponemos a la humanidad? ¿Qué obligaciones tenemos y qué recibimos de los demás? Julián Marías (1914-2005) señala: “Quién crea que cuando alguien muere, se acaba, no ha querido a nadie de verdad”. En contraposición a la soledad y la indeterminación, el ser humano, concreto, de carne y hueso, con nombre propio, se localiza desde los apoyos. Todos somos necesarios. Cada uno es un tesoro que da lo que es (forma de ser). La falta y la entrega ejemplifican la extensión humana.

 

Pascal, pensador barroco, indica: “La grandeza del hombre está en reconocer su propia pequeñez”. El género, la idea política, la identificación social, la respuesta religiosa, el color de la piel, el carne de nacionalidad y la profesión contesta y determina al hombre. El peligro se encuentra en el uso egoísta de la situación personal (género, idea política-social, profesión, color de la piel…). El propio Pascal dice: “Es miserable saberse miserable, pero es ser grande reconocer que se es miserable” o “Muy débil es la razón sino llega a comprender que hay muchas cosas que la sobrepasan”. Tanto las lagunas como las virtudes, la designación más la libertad, los vacíos y los alcances, también, manifiestan el pan de cada día.

En conclusión, el ser humano ofrece y carece, ignora y sabe. Dos caras de la misma moneda dependiendo de muchísimos ambientes.

Jaime Navarro

Esta página ha sido actualizada el  28/07/2010
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