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“Testimonios con fe viva”![]() La Revista “Misión Joven” (Pastoral Juvenil), Nº 401, Junio 2010 y coordinada por el Centro Nacional Salesiano recoge en sus páginas dos testimonios con una fe muy viva, cercanos a la realidad que nos toca vivir en estos momentos y cada uno desde su propio entorno. La primera experiencia corresponde a Esther Escoda Porqueres, profesora de la Universidad de Valencia. Su vida se rodea gracias a la satisfacción, la amistad y la convivencia de los más cercanos y los suyos (compañeros, alumnos, profesores…). Valora el aspecto emocional y espiritual junto a las cosas del hacer (obras, acciones…) que están más allá de las palabras (conceptos y términos). La identidad cristiana fortalece al ser humano, y es imposible separar la esencia religiosa con la profesión que desarrollas. De ahí, la sana colaboración, la integridad y la unidad que construyen al individuo y que aporta a otras facetas de la vida: organización, coordinar, comportarse con el otro… Esther Escoda ha tenido una iniciativa con sus compañeros y crearon hace cuatro un Campus para despertar las conciencias acerca de problemas como la inmigración, la pobreza o la diversidad de culturas, y así, abrir debates y espacios de pensamiento. La docente, también, se orienta por la situación actual dónde se interroga cuál es la posición (colocar) de las creencias. En estos momentos, la religión se quiere desplazar al ámbito privado sin que se pueda mostrar a los demás. Ahora, como regla general, las actividades religiosas se están viviendo en familia, amigos y en la Iglesia. ¿Por qué hemos llegado a esta situación? Se pregunta Escoda y responde: Primero, el hecho religioso tiene que ver con los sentimientos y las emociones, mientras que en la sociedad actual impera la carga materialista (ganar y gastar= búscate algo). Segundo, la creencia se relaciona con los acontecimientos puntuales. Y tercero, las grandes transformaciones sociales (alto nivel de libertad) han dejado a la Iglesia descolocada. Para la profesora, ser persona cristiana ampara a la vida, tanto a nivel creyente, escala profesional como en la vida cotidiana. La segunda experiencia pertenece a Fernando López Cabello, Presidente del Consejo de la Juventud de Castilla y León. Empieza desde la ironía sobre lo que le decía un compañero suyo “Me muero y no te educo”. O lo que es lo mismo, hay que espabilar y estar al compás que te marca la población. Para López Cabello, nos encontramos ante una sociedad encasillada en todos los aspectos: gustos, ideologías, aspectos, opciones de consumo, hábitos… En los ámbitos universitarios, ser cristiano es ir contracorriente, porque se juzga desde la historia: inquisición, cruzadas… sin tener culpa propia ni ajena en la actualidad. El país se guía por clichés y en contraposición con la Iglesia: subjetividad, relativismo y hedonismo frente a objetividad y virtudes evangélicas. El lenguaje laico con el uso de términos como solidaridad o tolerancia ayuda todavía más a esta distinción. El ser creyente tiene que ser transmitido a los demás, lo cual, engendra enriquecimiento. En el fondo, el ser humano busca a través de técnicas como el deporte en riesgo, el yoga… pero todavía sin cimentar lo suficiente. López Cabello abre una dialéctica sobre los valores humanos y las virtudes cristianas: su compatibilidad, su origen… (Derechos Humanos, el bien común, la vigencia, las normas…). Tener actitud cristiana no significa que los demás sean malos, sino que el comportamiento cristiano invita a ayudar, pensar en el colectivo, ser feliz, tener un mundo mejor… desde la mediación. Por último, nos aconseja la reflexión y el discernimiento como piedras firmes (medios para distinguir) en los tiempos novedosos que corren. Aparte de vivir con normalidad (no rendirse) y recibir la esperanza: hay que aceptar lo que viene. El sentido de la vida es más auténtico cuando más te acercas a la vida de Cristo. Las dos experiencias tienen sus diferencias y semejanzas. Distinciones porque cada uno tiene su vocación y su llamada, su adhesión vivida… Pero, hay que fijarse en las coincidencias, las cuáles, unen más la señal en la familia eclesiástica. Primero, los dos coinciden en que se viven momentos nuevos dentro del mundo y por consiguiente, también afecta a la Iglesia. Segundo, el testimonio de fe se vive con más convencimiento (honradez, rectitud, práctica de principios). Tercero, se está poniendo en cuestión las creencias y su relación con el ámbito privado y el espacio público. Habermas e ideologías como el feminismo piensan que la creencia se debe localizar en cada individuo, mientras que el sentido común y la esencia cristiana contesta a que tiene que ser transmitido a los demás desde el respeto, la escucha y la libertad. Tercero, la imagen de la Iglesia está muy conectada con los peligros (pecados) que ocurrieron en el pasado pero que nadie tiene la culpa en el presente. De ahí, la justificación de argumentos que daña a la religión. Y cuarto, el cristianismo practicante conlleva la seriedad, en el sentido, que no son sólo cuatro palabras o cuatro acciones, sino que hay una intercesión, una inquietud por comunicar el buen mensaje y una suma de experiencias que conducen a un programa y proyecto de vida (recibir y dar; entrega, actitud). Hay que valorar tanto a Esther Escoda como a Fernando López Cabello por escribir sus testimonios de fe tan intenso, ya que entre todos nos enriquecemos en una vida donde los constantes cambios, el poder de la imagen o el uso interesado de las pruebas (historia) hacen que la Iglesia vuelva a la minoría para formarse, incorporar información, escuchar… En definitiva, la integridad cristiana se complementa con la humanidad.
Jaime Navarro
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