Fernando Gallego y su influencia actual

La figura de Fernando Gallego ha recobrado importancia (protagonista en el logo de Salamanca 2002, Ciudad Europea de la Cultura: representaba la bóveda en forma de cielo que está localizada en la Universidad) gracias al descubrimiento de los párrocos, Juan Andrés y Tomás, de una tabla que se encontraba en el retablo de la Iglesia en la localidad del Campo de Peñaranda. El artista estuvo rodeado en el estilo flamenco, de ahí, la cercanía con otros pintores de talla internacional como Martin Schongauer o más allegados a Castilla como Maestro Ávila y Francisco Gallego.

 

El impacto, la intuición y la espera han sido las reacciones que ha tomado la parroquia. La incapacidad de cualquier vecino para averiguar a nivel técnico las obras de arte, ha hecho que el municipio admita con agrado la noticia. El trabajo de los párrocos para que se acercaran profesionales, profesores, técnicos… ha producido un verano movido ya que la Semana Cultural (una de las fiestas grandes) se dedicó al artista. A lo largo del año, la ausencia de vehículos hace que el tráfico nunca haya sido un problema. Pero, en los meses de agosto y septiembre, la multitud de coches aparcados en las calles, ha sorprendido gratamente. La misma villa, al no existir una verdadera convivencia, se ha valorado desde el recibimiento.

 

“El Cristo Resucitado”, probablemente, formó parte junto a otras dos tablas anteriormente descubiertas (“La Flagelación” y “El Nacimiento de Cristo”), uno de los retablos más elegantes del Siglo XV. Fernando Gallego trabajó para esta zona, y muy cercano a este municipio, concretamente, en Villaflores y Cantalpino. Lo cual, no fue extraño que dejara sus huellas en la comarca. Hace cinco siglos, la población se organizaba de manera piramidal donde los poderes (eclesiástico, económico, caciquismo, nobleza…) tenían más influencia que ahora y era más visible esa diferenciación. La tabla encontrada tiene los mis rasgos característicos del artista: paisaje escalonado en el fondo, alargamientos corporales, fealdad en los rostros de las personificaciones del mal, centralización de los personajes (principal, secundarios…), separación de los distintos planos y escenas, importancia de objetos (ya sea, bandera, baldosas…).

A finales del Siglo XV, la zona del Campo de Peñaranda, y así, se puede leer en documentos, estaba ocupada por árboles y arbustos. Y ahora mismo (en pleno siglo XXI), hay parcelas de cultivo que se denominan “Bajo del monte”, “La encina” y muy cerca de la Iglesia (a 300 metros, aproximadamente), se encuentra la “Calle Pinadero”. Ponerse en la piel de Fernando Gallego y su taller, cuando elaboraron las tablas, donde no había luz, el agua se sacaba de los pozos, la ubicación de posadas, la valía de las chimeneas, los candiles y los animales (burro, caballo, yegua…), los alimentos procedían de las propias casas de manera autónoma (pequeños huertos, matanza, caza…) se convierte en una aventura apasionante que nos vuelve a situar en los cambios, el talento, el aprendizaje y la percepción.

 

Nos encontramos, en una de las etapas más preciosas de la historia (finales del siglo XV). Tiempo de utopía: la gente se desplaza, los transportes se innovan, la investigación se hace más interesante, la visión por ir más allá, se actúa rebeldemente con las decisiones que se toman en los imperios, corrían épocas de riesgo, la laicidad y su libertad toma conciencia, los textos reflejan esta inquietud… Hay dos bases que determinan este periodo: la historia y el protagonismo del ser humano.

Historia que conduce a un repensar del pasado: clasicismo (pensamiento griego, orden romano…) y la edad medieval: las artes Trivium y Cuadrivium se hacen insuficientes para conocer las nuevas temáticas. Y después, estas esencias dejarán su señal en la literatura barroca (Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes…) o en la concepción antropológica de la Ilustración (Kant, la bondad y maldad del hombre… en Hobbes, Rousseau).

Ser humano que intenta encontrase con novedades, busca la integridad sumando las distintas respuestas, procura el bien, se dirige hacia la vida…

 

La cultura suma algo más con Fernando Gallego, en pueblos deshabitados y a punto de desaparecer, donde se sufre la soledad, aunque la tranquilidad engrandece. Se descubre que las aldeas y las localidades poseen acontecimientos que llegan hasta la eternidad. Y la conservación y duración nos seguirá dando más cosas…

 

Jaime Navarro

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