Palabras de Thomas Merton

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915 - Bangkok, 1968), es monje trapense, poeta y pensador estadounidense. Está considerado como uno de los escritores espirituales más influyentes del siglo XX. Entre sus obras se encuentran: La montaña de los siete círculos, Orar con los salmos y Nuevas semillas de contemplación.

Recordemos su vida y sus pensamientos.

1 – La conversión

“Yo estaba un poco asustado de someterme públicamente a los peligrosos misterios de esa cosa extraña que “ellos” llamaban su “misa” Siempre la había huido, presa de loco pánico protestante. Y he aquí que una voz suave y fuerte me dice interiormente: “Ve a misa, ve a misa”.

Un domingo de agosto entró en la iglesia del Corpus Cristi, en la calle 121 de Nueva York. “La iglesia estaba llena, no de viejos y viejas, sino de hombres y mujeres, de niños de toda edad, más bien jóvenes; gentes de todas clases, de todos los rangos sociales, entre los cuales había una gran proporción de obreros y obreras acompañados de sus familias… ¡Qué revelación la de descubrir allí todo un pueblo, apiñado, más consciente de Dios que de sí mismo! Después, todos se levantaron, yo no sabía por qué. Más tarde supe que era para la lectura del Evangelio. Alguien apareció en el ambón; un joven sacerdote, muy ajeno asimismo, a la impresión que pudiera producir, pronunció un breve sermón… Yo sentía que ese pueblo estaba familiarizado con todas estas realidades; que estas realidades formaban parte de su vida. ¿Qué decía el sacerdote? Hablaba de Cristo, de su naturaleza divina y humana y de la redención en El, de la necesidad de la gracia. Este sermón era el que yo tenía necesidad de oír aquel día. Descubrí un mundo nuevo y salí feliz”.

2 – Cristiano tibio

“Después de haber recibido la gracia inmensa del Bautismo, después de haber soportado todas las luchas arrostradas para llegar a él, después del largo camino recorrido a través de tanta “tierra de nadie” próximo al infierno, en vez de convertirse en un ferviente y generoso católico, resbalaba simplemente en las filas de esos millares de católicos tibios, indolentes e indiferentes que luchan apenas por conservar en ellos el soplo de la gracia”.

3 – La vocación sacerdotal

En 1939 vuelve a Nueva York. En la cripta de la iglesia de San Francisco Javier se cantaba el “Tantum ergo”. “Contemplaba yo la Hostia blanca, y de repente comprendí que me encontraba en una encrucijada de la vida, que todo dependía de una palabra mía, que ésta era, en suma, mi última oportunidad… Yo contemplaba la Hostia y comprendí que era Él quien me miraba; interiormente le dirigí esta oración: “Sí, yo deseo ser sacerdote. Si es vuestra voluntad, haced que yo sea sacerdote”.

Tras su ordenación sacerdotal escribió: “Yo no me he convertido solamente en un imitador de Jesucristo, en su embajador, se representante, no; yo soy algo más, soy verdaderamente su “doble”. Es la única palabra adecuada, la única que expresa verdaderamente mi ser, la única que expresa con exactitud lo que es verdaderamente un sacerdote. El sacerdote es el “doble” del Hombre- Dios”.

Sus diarios y sus cartas, publicados 25 años después de su muerte, revelan su compromiso con el movimiento por los derechos civiles, la justicia social y el diálogo interreligioso. Desde 1972, el Thomas Merton Center de Pittsburg concede el Thomas Merton Award, un premio a las iniciativas por la paz.

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