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Mons. Carlos López: “Las expresiones artísticas son auténticos caminos hacia Dios”Continuamos mostrando las puertas y caminos ya abiertos en la Iglesia al “patio de los gentiles”, es decir, al espacio “donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio”.
Hoy nos referimos al camino de la belleza, a la “via pulchritudinis”, a la cual se ha referido Benedicto XVI en repetidas ocasiones en los últimos años. En la exhortación apostólica “Sacramentum caritatis”, sobre la Eucaristía, publicada el día 22 de febrero de 2007, el Papa ha afirmado que la belleza es un atributo propio de Dios y de su revelación, tanto en la creación y en la historia del pueblo elegido como en Jesucristo, que es la plena manifestación de la gloria de Dios. En el misterio pascual de Cristo se ha revelado la verdadera belleza de la verdad del amor, que transfigura el misterio de la muerte. Esta belleza no es una simple armonía de formas, sino el resplandor de la gloria de Dios, que supera toda belleza humana y debe reflejarse necesariamente en la liturgia de la Iglesia. La belleza de la liturgia se plasma también y se prolonga en la belleza del arte cristiano. En la Audiencia General del día 31 de agosto de 2011, Benedicto XVI ofreció una reflexión sobre la “via pulchritudinis”, “la vía de la belleza”, como uno de los canales que pueden llevarnos a Dios y ser también una ayuda en el encuentro con él. Esta vía de la belleza incluye todas las expresiones artísticas, que el hombre de hoy debería recuperar en su significado más profundo.
Ante una escultura, un cuadro, algunos versos de una poesía o un fragmento musical, se puede experimentar una profunda emoción, una sensación de alegría, al percibir claramente que no nos hallamos sólo ante algo material - un trozo de mármol o de bronce, una tela pintada, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos -, sino ante algo más grande, capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el alma.
Una obra de arte, continúa exponiendo Benedicto XVI, es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se cuestiona ante la realidad visible, busca descubrir su sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto.
Las expresiones artísticas que nacen de la fe y que expresan la fe son auténticos caminos hacia Dios, la Belleza suprema; más aún, son una ayuda para crecer en la relación con él y en la oración. Por ejemplo, cuando entramos en una iglesia románica nos sentimos invitados de forma espontánea al recogimiento y a la oración. O cuando escuchamos un fragmento de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro espíritu se ve como dilatado y ayudado para dirigirse a Dios. Tales expresiones artísticas pueden ser ocasiones para que nos acordemos de Dios, para ayudar a nuestra oración o también a la conversión del corazón. Paul Claudel, famoso poeta y dramaturgo francés, percibió la presencia de Dios escuchando el canto del Magnificat en la basílica de “Notre Dame” de París, en 1886, durante la Misa de Navidad. No había entrado en la iglesia por motivos de fe, pero la belleza de la música abrió el camino a la acción de la gracia de Dios en su corazón.
Por todo ello, el Papa terminó su reflexión invitándonos a redescubrir la importancia de este camino de la belleza también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. La visita a los lugares de arte cristiano, que tanto abundan en nuestras ciudades y pueblos, no ha de ser sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino sobre todo un momento de gracia, de estímulo para reavivar nuestra relación y nuestro diálogo con el Señor, contemplando la realidad espiritual que las obras de arte significan.
Puesto que el lenguaje de la belleza es universal, estimamos que la “via pulchritudinis” es un camino que podemos recorrer juntos los creyentes y quienes no lo son; un espacio en el cual los que no conocen a Dios, pueden entrar en contacto con él, antes de haber tenido acceso consciente a su misterio.
Este camino de la belleza ha estado siempre abierto en la Iglesia. En las actuales circunstancias se ha generalizado la convicción de la oportunidad que representa el arte cristiano para la catequesis de los fieles y para el anuncio del Evangelio a los todavía no creyentes. Una forma eminente de este anuncio la viene llevando a cabo la Iglesia en Castilla y León mediante las reiteradas exposiciones de “Las Edades del Hombre”, que bien pueden ser consideradas como una realización actual del “patio de los gentiles”.
Mons. Carlos López, Obispo de Salamanca.
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| Esta página ha sido actualizada el 15/02/2012 |
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