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ACTUALIDAD DIOCESANA

12/03/2018

Entrevista al sacerdote Manuel Muiños, pregonero de la Semana Santa 2018

El sacerdote diocesano Manuel Muiños Amoedo es el encargado este año de dar el pregón de la Semana Santa en Salamanca. El acto, organizado por la Junta de Semana Santa, tendrá lugar el martes 20 de marzo, a las 20.30 de la tarde en el Teatro Liceo de Salamanca.

Manuel es natural de Redondela (Pontevedra), y fue ordenado sacerdote en Salamanca el 24 de junio de 1995. Ha desarrollado su misión pastoral en San Morales, Aldearrubia, Huerta y Pelabravo y en la actualidad es párroco de Cordovilla, Cilloruelo y Encinas de Abajo y miembro del Colegio diocesano de Consultores.
Es además patrono fundador y presidente de Proyecto Hombre Salamanca, siendo el director gerente de la Fundación Alcándara. Por su solidaridad y labor social fue premiado por la Cruz Roja y tiene en posesión la Cruz del Mérito Policial con Distintivo Blanco.

Manuel, ¿qué supone para ti ser el pregonero de la Semana Santa salmantina?
Supone mucho. Una responsabilidad tremenda, responder a las expectativas de la Semana Santa de Salamanca no es fácil. La gente de Salamanca es exigente con estos temas y con otros muchos. Por eso lo vivo con una gran responsabilidad pero por otro lado también lo vivo con mucha alegría y mucho gozo de haber sido elegido para ello. Creo que es un premio a 30 años de entrega y trabajo en Salamanca que son los que cumplo este año.

¿Cómo va a ser tu pregón?¿Qué pretendes trasmitir en él?
Va a ser un pregón sencillo, cercano, más breve que otros y creo que bastante claro, concreto y conciso. Más que transmitir pretendo interpelar y cuestionar. Pretendo que salgamos del Liceo cuestionados sobre lo que significa y lo que ha de suponer para todo creyente el vivir la Semana Santa.

¿A qué le prestas especial atención en tu pregón?
Si los pregoneros anteriores llevaron una línea literaria y poética, Manuel Muiños seguirá una línea más social y más relacionada con el evangelio vivido y llevado a la práctica en esa entrega y en ese servicio a los demás, especialmente en el servicio a los más pobres y necesitados.

¿Qué papel ocupa en tu pregón tu vocación sacerdotal y Proyecto Hombre?
Ambos van a estar ahí de principio a fin pero no como tema central, porque lo central evidentemente ni es Proyecto Hombre ni mi sacerdocio, es un pregón para toda Salamanca, pero sí tocará ambas cosas. Proyecto Hombre es un parte de una totalidad, haremos alusión pero no será el centro y mi vocación como sacerdote queda clara de principio a fin.

¿Miedo a que tu texto sea tachado sermón?
Creo que no. Después de pensarlo, leerlo y releerlo creo que de sermón tiene poco. Sí que lleva a la reflexión, y ese es mi objetivo que reflexionemos todos un poco sobre lo que nos traemos entre manos como personas y como creyentes. Pero sermón no pretendo que lo sea, nada más lejos de mi intención.

¿Habrá más intervenciones además de la tuya? ¿Alguna novedad en la puesta en escena?
No. Las intervenciones propias de todos los años. José Manuel Ferreira Cunquero hará la presentación y habrá algo de acompañamiento musical. Si que me gustaría que ese día sonara en el Liceo una pieza relacionada con Galicia, mi tierra, pero no sé si será posible.

Desde Proyecto Hombre son ya varios años los que lleváis colaborando y participando en diferentes actos de la Semana Santa. ¿Qué ha supuesto para ti y para los usuarios de Proyecto Hombre? ¿Cómo vivís estos días de Pasión?
Los vivimos de una manera muy entrañable y muy bonita. Creo que se espera, hay expectación por parte de los usuarios de Proyecto Hombre. Aquello que empezó como con cierto “miedo” o temor a cómo saldrá ha ido cuajando y hemos encajado perfectamente. Es verdad que participar en el Via crucis que hacemos con la Dominicana, o participar con la Esperanza o en el Lavapiés, al final genera muchos sentimientos no solo entre los usuarios, sino también entre los voluntarios y en el propio equipo terapéutico de Proyecto Hombre. Es un sentimiento de acogida, de compartir, de sentirnos queridos, tenidos, valorados,… eso se agradece porque siempre es motivador para todos, el sentir que te aceptan tal cual eres y que confían en ti, que esa oportunidad que tú te estás dando los demás también te la dan, pues es una gozada. Siempre ha sido como muy alentador poder participar.
Comenzamos a participar estando de hermano mayor Manuel Toral y la implicación en todos estos años ha ido de menos a más, el deseo es continuar. El Via Crucis fue hecho por los chicos de Proyecto Hombre y cada año le damos algún matiz dependiendo de las personas que en ese momento estén haciendo el proceso para hacerlo un poco más vivo.

Como pontevedrés que eres, ¿Cuál fue tu primer recuerdo semana santero en Salamanca?
Mi primer recuerdo de la Semana Santa fue en un pueblo, en Villaseco de los Reyes, estaba allí todavía como seminarista y viví aquella Semana Santa de una manera increíble. Todo era muy sencillo y austero pero a la vez te sonaba auténtico. Una vivencia de fe que me llamó mucho la atención. Luego ya coincidí con la Semana Santa de Salamanca con todos estos pasos y esta forma de hacer Semana Santa que no tiene nada que ver con Galicia, allí no tenemos una Semana Santa en la calle, es más bien de puertas para adentro, salvo alguna procesión del Santo Entierro, el Ramos o el Domingo de Resurrección. Pero esas imágenes procesionando continuamente allí no es habitual.

¿Cuál es el momento o la procesión que esperas cada año?
Hay momentos muy determinados. Cuando uno sale con la Esperanza por la puerta de los Dominicos es tremendo. Antes de salir, ves la imagen allí puesta… es un momento más íntimo, más de puertas para adentro. Luego hay otro momento que me gusta mucho tras la subida de la Cuesta Palominos cuando salen las Siervas de María, es un momento muy entrañable, me conmueve mucho.
Hay otros momentos que disfrutas mucho viendo como es la entrada en la Plaza, pero son realidades muy distintas que te generan sentimientos muy dispares.

Una imagen a la que le tengas especial devoción.
Cualquier imagen es buena cuando te lleva donde te tiene que llevar pero evidentemente la Esperanza a mí me dice mucho, la Soledad no se queda atrás y la la imagen de Piedad la tengo en todos los centros de Proyecto Hombre.
Muchas de las imágenes tienen su connotación que podríamos aplicar y llevar al campo de Proyecto Hombre y la labor que llevamos a cabo con la gente que tenemos allí. Una Piedad, un Cristo del Perdón, el nuevo Cristo de la Humildad que procesionará este año, esa, la humildad es la primera herramienta para empezar a crecer como creyentes, como personas dentro de la vida. Si no hay humildad no podemos construir nada. Por ahí, en esas imágenes me muevo.

¿Qué tiene la Semana Santa salmantina que no se encuentra en otro sitio? ¿Qué destacarías?
De la Semana Santa salmantina que es la que yo he vivido por excelencia destacaría su austeridad y sencillez. Algunos intentan adornarla y revestirla de no sé cuantas cosas, no es necesario. Lo sencillo es lo cuenta, es lo que queda y lo que vale, permanece y te toca el corazón. Si lo adornamos mucho al final desvirtuamos el sentido y el contenido de lo que realmente es. A mí es lo que me llama y me atrae.

¿Qué crees que se podría mejorar?
El conocimiento de lo que significa la Semana Santa. Nos falta formación no solo de conocimientos que podemos adquirir sino de crecimiento personal. De un compromiso de qué significa procesionar, que va más allá. Es como cuando celebras la eucaristía, si te quedas ahí dentro fin de la historia. Está bien pero se queda corto. La Eucaristía o la vives después y la trasladas al día a día, o se queda allí. Pues en la Semana Santa sucede lo mismo, si no sigues la procesión todos los días del año, si como cofrade no entiendes lo que es la hermandad, lo que es la fraternidad y el encuentro con el otro, se queda vacío. Tendríamos que trabajar mucho en ese sentido. Mirar nuestra parte todos los que estamos implicados: capellanes, hermanos mayores, cofrades,… todos a una para poner una actitud de escucha y de respuesta porque a veces nos cuesta mucho escuchar a unos y a otros. Y sobre todo que tenemos que estar a lo que celebramos, a lo que y vivimos, porque por postureo por imagen, por aparecer al final en un año, dos años, generas mal ambiente porque no vas a estar a gusto. Esto pasa como en todo en la vida. Por ahí tendríamos que empezar a hacer cambios, pero creo que no es un mal momento para la Semana Santa salmantina.

Un deseo para los hermanos cofrades.
Que esta Semana Santa sea una Semana de diálogo y de respeto. De diálogo con Dios, evidentemente, y con los hermanos. Y de respeto con lo que celebramos, vivimos y llevamos a la calle. Tenemos una responsabilidad, no es solo lo turístico, lo cultural, sino que hay mucho más allá y tenemos que tenerlo claro.

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