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20/02/2026

Cantando la Cuaresma

En su comentario al Evangelio de este primer domingo de Cuaresma, que presenta las tentaciones de Jesús en el desierto, Mariano Montero anima a revisar nuestra vida y a dejarnos guiar por Cristo, para vivir este tiempo como un verdadero camino de conversión y esperanza

 

Cuando yo era un niño, con frecuencia jugaba al tute con mi abuelo y veía cómo él disfrutaba al “cantar las cuarenta”; o sea, al llevarse una buena baza que le hacía sentirse afortunado. Verle así me encantaba…

Fui creciendo y entonces aprendí otro significado de esa expresión. Presencié muchas veces cómo había personas que, de manera agresiva, “cantaban las cuarenta” a otra; o sea, la abroncaban, no siempre con razón, y, si se dejaban llevar por la ira, le soltaban un bofetón, como pasaba en aquel tiempo con algunos padres en la casa y maestros en el colegio. Eso ya no me gustaba nada. Pero, en fin, aquello son historias que ya pasaron… ¿O no?

Miro las noticias internacionales actuales y me doy cuenta de que el sentido negativo de “cantar las cuarenta” se ha desbocado y lo está llenando todo. En el trasfondo está lo que en este último año se ha hecho evidente: vivimos en un sistema social y global en el que los poderosos someten a los más débiles y a quien no sirva a sus objetivos. Y esto en un grado extremo: no ya a base de bofetones, sino de guerras interesadas, que no diferencian combatientes y civiles y que alimentan la espiral armamentística mundial, así nos lo recuerda una y otra vez el papa León XIV (“las cuarenta en espadas”, podríamos decir).

O con la destrucción bélica de ciudades enteras y el creciente uso del hambre como arma de guerra, tal como nos lo advierte estos días Manos Unidas (“las cuarenta en bastos”). O con la imposición de normas económicas arbitrarias que solo benefician al poderoso, junto al rechazo de los inmigrantes como chivo expiatorio y la invisibilidad de los más pobres, como denuncia Cáritas (“las cuarenta en oros”). O con la expansión calculada de posverdades y bulos promovidos por las grandes potencias, aderezada con  seducciones/manipulaciones/adicciones generadas por los dueños de las redes sociales (“las cuarenta en copas”).

¿Qué tiene que ver todo esto con el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, proclamado este primer domingo de Cuaresma? La tentación de poder convertir las piedras (los bienes propios y ajenos) en pan solo para mí es totalmente actual. Como lo es la de querer brillar ante los demás al precio que sea (desde las imágenes trucadas con IA, hasta el mercadeo con el premio Nobel de la Paz). Y como el deseo insaciable de querer conquistar el mundo (como expresan hoy abiertamente Rusia y Estados Unidos, con su objetivo declarado de romper la Unión Europea).

El relato de las tentaciones es más actual que nunca: un espejo donde mirarnos para reconocernos víctimas y cómplices de la injusticia y pecado que imperan en el mundo de hoy.

Digámoslo con claridad y con convicción personal y comunitaria: “ante Dios y ante vosotros, hermanos”, reconozco que necesito “convertirme y creer en el Evangelio”.

Jesús se revela como el antídoto que nos salva en nuestro particular desierto. Nos enseña a “no caer en la tentación” y a redescubrir lo que la persona humana es y está llamada a ser desde su Amor.

En los siguientes domingos, de la mano de Jesús, nos encaminaremos hacia “una Tierra nueva y unos Cielos nuevos”: en su Transfiguración reveladora de su ser el Hombre nuevo y nuestro Salvador; en su encuentro liberador con la mujer samaritana, a quien ofrece el manantial que nace en Él y sacia toda sed; en la sanación del ciego de nacimiento, que nos representa a todos y todas en nuestras oscuridades; y en la resurrección de Lázaro, que anticipa la suya y -“por Cristo, con Él y en Él”- la nuestra.

La Cuaresma es un canto a la libertad de los hijos de Dios. Por eso, te invito a sumarte a una nueva expresión: No vivamos a la manera del mundo, “cantando las cuarenta”; sino vivamos al modo de Jesús, “cantando la Cuaresma”.

Mariano Montero, sacerdote Adsis, párroco de Santa Marta de Tormes

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