20/02/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
José Manuel Lázaro Uriol fue nombrado el pasado 10 de febrero director de Cáritas diocesana de Salamanca. Sustituye en esta responsabilidad a Carmen Calzada Feliú, que ha estado al frente de la institución durante 26 años. Con esta misión confiada por el obispo, inicia una nueva etapa al servicio de la caridad en la Iglesia de Salamanca y comparte en esta entrevista sus primeras reflexiones.
José Manuel, ¿quién es la persona que hoy asume la dirección de Cáritas?
Una persona que ha dedicado buena parte de su vida a estar junto a los más desfavorecidos, a trabajar en favor de los derechos humanos y, desde una perspectiva eclesial, siempre muy ligado a la Iglesia y a los proyectos que ella desarrolla o apoya. Siempre con la preocupación de ayudar a transformar las realidades y, en este caso, de intentar mostrar un rostro compasivo de la Iglesia.
¿Cómo afrontas esta nueva responsabilidad?

Sinceramente, con un poco de impresión y de susto, porque es una tarea enorme. Hay que tener en cuenta que la persona que ha conducido Cáritas todos estos años, Carmen Calzada, lo ha hecho de una forma maravillosa, desde el punto de vista humano y evangélico, recordando siempre a quién servimos y cuál es nuestra misión, y de dónde nos viene.
Solo el hecho de intentar continuar su legado ya supone una gran responsabilidad.
Pero también lo afronto con ilusión, con el deseo de trabajar de la mejor manera posible al servicio de la Iglesia y en favor de los más necesitados.
A lo largo de tu vida has acompañado a personas migrantes, mujeres en exclusión, refugiados y distintas realidades de pobreza en varios países, y actualmente a personas con problemas de salud mental. ¿Qué te han enseñado todas ellas?
Que son ellas las que nos muestran lo que de verdad es valioso en esta vida. Nos revelan un rostro de Cristo y un modo de ser humano que es lo que aporta verdadero valor a nuestra humanidad, a nuestra vida y a nuestra misión.
Me han enseñado, sobre todo, que las pequeñas cosas (la acogida, la gratitud, la compasión, la cercanía) son las que realmente importan, y que dejan en un lado muy pequeño otras que habitualmente consideramos valiosas como el mérito, el prestigio o el reconocimiento. Me han enseñado mucho, sí. Soy muy deudor de todas estas personas. Lo poco bueno que hoy soy ha sido configurado por quienes he acompañado y sigo acompañando.

Desde 2019 formas parte de Cáritas en nuestra diócesis. ¿Cómo percibes hoy la realidad social de Salamanca? ¿Qué es lo que más te preocupa?
Lo que percibo, sobre todo en estos últimos años, es una profundización en las situaciones de pobreza y de desigualdad. Me encuentro con personas que, aun teniendo una pequeña pensión o incluso un salario porque han logrado incorporarse al mercado laboral, siguen pasando necesidades para cubrir lo más básico.
Hay dos cuestiones especialmente preocupantes: la posibilidad de acceso a una vivienda digna y la salud mental, algo que he podido percibir de manera muy directa a través del proyecto Ranquines. Los casos de gravedad han aumentado y, no solo eso, afectan cada vez a personas más jóvenes.
Por otro lado, también me gustaría subrayar que Salamanca es una ciudad muy solidaria. La sociedad, en general, entiende que es importante no dejar a nadie atrás, que es importante integrar. Esa respuesta que he visto en Salamanca da mucha esperanza para ir superando, poco a poco, estas brechas.
Sucedes a Carmen Calzada tras 26 años al frente de Cáritas diocesana. ¿Qué legado recibes? ¿Qué destacarías de su labor?
Son muchas cosas, pero si tuviera que señalar dos, destacaría su insistencia en que servimos a los últimos de los últimos, en que somos el rostro y el abrazo misericordioso de Dios y de la Iglesia para estas personas.
Y, en segundo lugar, el énfasis que ha puesto en la misión y en recordar de quién la recibimos: de Cristo y de la Iglesia, en cuanto que intenta hacer presente a Cristo en medio de la gente. Ese hincapié que ella ponen en que la misión no es nuestra, sino que la recibimos de Él, da sentido a nuestro trabajo y apacigua las frustraciones.
Aunque acabas de comenzar, ¿qué acentos te gustaría cuidar especialmente en esta nueva etapa?
Muchos, pero en principio dos de manera inmediata.
En primer lugar, poner mucho cuidado en las personas más necesitadas. Como decía antes, en los últimos de los últimos, un regalo que yo recibo de Carmen. Entre los excluidos, quienes están más abandonados, quienes tienen menos posibilidades de ser atendidos.
Y el otro acento es cuidar a los cuidadores; ayudar a que las personas que están en esta misión, se sientan acompañadas, motivadas, protegidas y sostenidas, para que puedan desarrollar mejor su tarea.
¿Qué mensaje dirigirías hoy a los voluntarios, trabajadores y a toda la Iglesia diocesana?
Lo primero es la gratitud, una gratitud enorme, porque sin todos ellos este trabajo no sería posible. Y lo segundo, recordar que todos nosotros estamos en la Iglesia y realizamos este servicio desde ella; no somos una entidad de servicios sociales al uso, sino que nuestra motivación y nuestra raíz están en la misión que recibimos de Cristo.
El obispo ha aprobado los nuevos Estatutos de Cáritas diocesana. ¿Qué aportan a la identidad y misión de la institución?
Sobre todo, poner sobre el papel cuál es nuestra misión, qué estructura es la más adecuada para desarrollarla y cuáles son las implicaciones, las funciones de las distintas personas que están alrededor de Cáritas. Por qué hacemos lo que hacemos y a quién nos debemos. Lo que los Estatutos dejan traslucir es la organización, el trabajo y las funciones de cada órgano.