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13/02/2026

Del cumplimiento exterior a la conversión del corazón

En su comentario al evangelio del VI Domingo del Tiempo Ordinario, Maru Cornejo subraya que Jesús no se conforma con una práctica religiosa superficial, sino que nos llama a una transformación profunda que se concreta en el cuidado de la palabra, la fidelidad en las relaciones y la transparencia de vida

 

El evangelio de este VI Domingo del Tiempo Ordinario, pertenece al Sermón del Monte, donde Jesús presenta el estilo de vida del Reino de Dios. En este pasaje, el Señor nos invita a dar un paso más profundo en nuestra manera de vivir la fe.

No viene a quitar normas ni a hacer todo más complicado, sino a mostrarnos que la fe no es solo cumplir reglas, sino vivir desde el corazón. Y entonces Jesús nos propone varios ejemplos muy concretos.

Por un lado, dice que no basta con no matar, sino que también hay que cuidar la rabia, el insulto, la palabra que hiere. Porque, a veces, no hacemos daño con las manos, pero sí con la boca. Y todos sabemos cuánto puede doler una palabra dicha con rabia o desprecio.

Jesús también habla de la fidelidad, de la mirada limpia, del respeto en las relaciones. En un mundo donde muchas veces las personas se usan y se descartan, Él nos recuerda que el otro no es un objeto, sino alguien sagrado, alguien digno de amor verdadero.

Y, finalmente, nos invita a la transparencia. Nos dice que tú sí sea sí y tú no seas no. Vivimos rodeados de promesas vacías, de palabras que se dicen sin intención de cumplirse. Jesús nos propone algo sencillo y profundo: que nuestra vida sea tan coherente que no necesitemos jurar ni prometer para que nos crean.

En el fondo, el mensaje es claro: la fe no es cumplir lo mínimo, sino dejar que el amor transforme nuestras actitudes diarias. No se trata solo de evitar el mal, sino de aprender a amar mejor.

Hoy el Señor nos invita a mirar nuestro corazón, a preguntarnos si guardamos rencor, si hablamos con dureza, si somos fieles en nuestro compromiso. Y todo ello no lo hace para desanimarnos, sino para ayudarnos a crecer.

Porque el cristianismo no es una lista de prohibiciones, es un camino de transformación interior. Y ese camino empieza en lo pequeño: en cómo miro, en cómo hablo y cómo trato a los demás. Pues que hoy podamos dar ese paso hacia una fe más profunda, más coherente y más llena de amor.

Maru Cornejo, religiosa de los Sagrados Corazones de Salamanca

 

 

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