14/11/2025
No sé si recordáis que el papa León XIV publicó el 4 de octubre su primera gran carta. Resulta sorprendente y preocupante constatar el poco interés y difusión mediática que se le ha dado hasta hoy, en el mundo y dentro de la misma Iglesia… ¿Quién va a contracorriente, el papa León o nosotros?
El año anterior, el papa Francisco nos había entregado su encíclica Dilexit Nos, profundizando en “el modo en el que Jesús se identifica con los más pequeños de la sociedad” (DT 2). En continuidad, el papa León completa ahora este segundo escrito que Francisco había dejado iniciado, titulado Dilexi Te: “una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por y con los pobres, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: Yo te he amado (Ap 3,9)” (DT 3). Y aunque a algunos les pueda parecer un título romántico o buenista, lo cierto es que nos acerca a la gran verdad que se anuncia en el Evangelio: Dios ama a los pobres. La pregunta decisiva es: ¿crees esto?… Y si lo crees, ¿a qué te lleva?
Nuestro actual papa nos regala una meditación provocadora y quizá por ello nos cuesta acogerla. Desde la Palabra de Dios, nos habla de la cercanía y compasión de Dios hacia los pobres y excluidos sociales. Y desde la historia de la Iglesia, nos muestra cómo, en todas las épocas, ha habido hombres y mujeres que han creído esta verdad y la han convertido en un camino de búsqueda espiritual y entrega solidaria. Las dos cosas van unidas y expresan la vida cristiana.
Pero si es así, ¿por qué a tantos católicos de hoy, adultos y jóvenes, su praxis devocional no les lleva a una praxis solidaria? Si nos tomáramos en serio la exhortación del papa León, tendríamos que reconocer que el problema es una espiritualidad inmadura, que ignora a los pobres como los preferidos del Padre y los portadores de la presencia de Jesús. Decía Pedro Casaldáliga, místico de la liberación en Latinoamérica: “Si yo no palpara a Dios entre los ropajes de los pobres, hace tiempo que les habría abandonado”. Entonces, ¿será que nosotros hemos abandonado a los pobres? ¿Al Dios de los pobres? ¿A Jesús presente en ellos?… La parábola del Juicio final está escrita para hoy, aquí y ahora: ”Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero o en la cárcel?” (Mt 25,44).
Como todos los años y con toda la Iglesia, este domingo celebramos la Jornada Mundial de los Pobres. Ésta y la reciente publicación del Informe FOESSA 2025 de Cáritas (ver resumen digital en https://bit.ly/48WwQMu) ponen rostro a la palabra “pobres”. En ambas se nos recuerda que cerca de nosotros deambulan las personas sin hogar, están quienes sufren solos su enfermedad o su vejez, los niños acosados en los colegios, las mujeres discriminadas o maltratadas, los padres e hijos inmigrantes que se hacinan en una sola habitación, las mujeres latinoamericanas que cuidan a nuestros mayores mientras los suyos lloran su ausencia en la distancia, tantas personas que malviven con trabajos precarios y temporales, jóvenes que buscan con angustia un difícil futuro sostenible, las familias que acuden a Cáritas porque no llegan a final de mes… Son los protagonistas de la gran Buena Noticia de todos los tiempos: “Felices los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos” (Lc 6,20). Aunque sean invisibles para la mayoría de la sociedad, Dios les mira con amor y se implica con ellos. Y eso les hace esperar que algún día todos los cristianos -también nosotros y nosotras- hagamos nuestra esa mirada y esa implicación.
No podemos desoír el rosario de preguntas incómodas que se ha desplegado en esta reflexión. Porque es la realidad de Dios, la asumamos o no. “Cuidado con que nadie os engañe”, dice Jesús en el evangelio de este domingo. Ojalá que nos demos un tiempo para leer personalmente la Dilexi Te del papa León (al alcance de todos en vatican.va). De su mano, aprendamos -en nuestro corazón y nuestra vida- a combinar mejor este trío de protagonistas necesarios: Dios, los pobres y nosotros.
Mariano Montero, sacerdote Adsis. Párroco de Santa Marta de Tormes