30/04/2026

En el evangelio de este domingo quinto del tiempo pascual volvemos a situarnos en los discursos de despedida. Tras regalar el mandato nuevo y anunciar al intrépido Pedro las negaciones que provocarían sus lágrimas, el relato de Juan da voz a dos apóstoles más secundarios, Tomás y Felipe.
El primero pregunta acerca del destino de Jesús; el segundo, pide una revelación del Padre.
Todavía no ha resplandecido la Cruz, todavía no han sido transformados por la
presencia del Resucitado, y su incertidumbre les conduce a tientas en el diálogo con el Maestro.
Pero la exhortación que reciben es la de la fe, la de dejar crecer en ellos el don recibido por pura gracia.
Creer que el camino de Jesús es nuestro propio camino, porque nos lleva hasta la morada definitiva y eterna junto a Él.
Creer la verdad de las obras hechas por el Padre en Jesús, los signos elocuentes y poderosos de su acción salvadora, en la que nos da también parte.
Creer en la vida a la que estamos llamados, una vida que nace del triunfo de Cristo en la Cruz, porque con su Muerte ha derrotado a la muerte, porque en su Resurrección ha roto las cadenas del pecado.
Esta victoria del Árbol de la Vida alcanza una expresión singular este domingo, 3 de mayo, al cumplirse los quinientos veinte años de Historia de la Cofradía de la Vera Cruz. Como miembro de esta comunidad, la más antigua de las hermandades de nuestra diócesis, he de invitarles a participar en la Santa Misa a las doce y media en la Capilla de la Vera Cruz y en su prolongación, cuando acompañemos en procesión la sagrada reliquia del Lignum Crucis por el Campo de San Francisco.
Cristo, que es camino, verdad y vida, camina soportando el peso de la Cruz, nos
muestra la verdad en la Cruz, nos da la vida por medio de la Cruz.
Tomás González Blázquez