23/01/2026
El Evangelio de este domingo (Mt 4, 12-23) repite las palabras del profeta Isaías: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande ».
Esa Luz es Cristo, recordado y celebrado en Navidad. En este pasaje han pasado ya unos treinta años desde su nacimiento y nos dice san Mateo que, enterado del arresto de Juan Bautista, Jesús comenzó a predicar, animándonos también Él a la conversión por la cercanía del Reino.
Así, después de la llamada a Simón y Andrés, a Santiago y Juan, Jesús recorría toda Galilea «enseñando en las sinagogas, proclamando el Evangelio y curando enfermedades y dolencias ».
Ante la sombra de la detención del Bautista, Jesús se afana en poner Luz.
También a nosotros nos llega esa Luz a través de la maravilla de su Palabra. Palabra que, además de ser “luz que ilumina el camino, es pan que nos alimenta, fuego que enciende nuestro fervor, ruta que nos conduce a la salvación, latido que alimenta el espíritu y vida que nunca acabará” (Padre Ignacio Larrañaga).
Pero ¿cómo descubrir este tesoro? ¿Cómo conseguir que la Palabra sea el motor de nuestra vida? ¿Cómo hacer que «la Palabra de Cristo habite en nosotros» (Col 3,16)?. Ignacio Larrañaga nos ofrece la respuesta, que para él es fórmula infalible: escucharla, “leerla cada día lentamente, saborearla con gozo, meditarla en el corazón y procurar, luego, aplicarla a nuestra vida con diligencia”. La escucha dócil de la Palabra convertirá realmente nuestra vida.
Porque, “tal como la lluvia y la nieve descienden de los cielos y no vuelven allá sin haberla empapado…”, así la Palabra no se apagará, sino que irá regando la tierra de nuestro corazón hasta convertirlo en terreno fértil, de modo que “los montes y las colinas romperán en gritos de júbilo: en lugar del espino crecerá el ciprés y la ortiga será sustituida por el mirto” (Is 55, 10-13).
Jesús llamó a la conversión y a ser pescadores de hombres. Hoy Jesús nos llama también a nosotros a convertirnos y a “pescar” de la mano de su Palabra. Compartir, vivir y anunciar la Palabra es tarea de toda vida cristiana.
Mercedes Marcos, Talleres de Oración y Vida