06/03/2026

El evangelio de este tercer domingo de Cuaresma nos narra una de las escenas más entrañables de todo el Nuevo Testamento: el encuentro de Jesús con la samaritana. Una mujer de la que no se sabe ni su nombre ni nada significativo de su vida; sólo que es samaritana, que está junto al pozo de Jacob y a la que Jesús le pide de beber.
La escena y todo lo que ocurre entre Jesús y esta mujer es una alegoría de la vida, tanto humana como cristiana. Tener sed y la necesidad de saciarla forma parte de todos nosotros, tanto literalmente como simbólicamente. Quizá este texto nos puede servir hoy para preguntarnos de qué tenemos sed, de qué tiene sed nuestro mundo y en qué fuentes o el agua de qué manantiales puede saciarnos.
Estos días atrás ha estallado un nuevo conflicto en el mundo, uno más que se suma a los que ya existen. ¿Podemos afirmar que nuestro mundo tiene sed de paz? Quizá podríamos decir que las personas sí; pero da la impresión de que hay intereses y estructuras más fuertes que prefieren la violencia y la guerra. Aun así, seguimos creyendo en la paz como fuente de vida en todos los sentidos.
También podemos preguntarnos este domingo por la sed de Dios: ¿la tiene nuestro mundo?, ¿la tenemos nosotros?… Sin duda que sí, porque buscamos y deseamos dar sentido a nuestra vida más allá de lo meramente útil o divertido y la Buena Noticia que Jesús nos anuncia, nos muestra la misericordia y el amor de Dios: el agua que se bebe para nunca más tener sed.
El camino de la Cuaresma que estamos recorriendo es un tiempo para encontrarnos con Dios porque Él también sale a nuestro encuentro por medio de la palabra de Jesús. No nos olvidemos de que encontraremos al Padre en cualquier sitio si lo buscamos en espíritu y en verdad.
José Luis Miguel, religioso de los Reparadores, párroco de Nuestra Señora de los Dolores en el barrio de San José