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09/01/2026

Nazaret, escuela silenciosa para la misión

Belén Santamaría, en su comentario al evangelio de este domingo, Fiesta del Bautismo del Señor, destaca el valor de la vida cotidiana de Jesús en Nazaret como un tiempo silencioso  y necesario para preparar su misión pública y revelar el rostro misericordioso de Dios

 

 

Jesús pasó la mayor parte de su vida en Nazaret, durante los años que se han mal llamado “vida oculta”. Y creo que es un periodo mal llamado, porque Jesús no se ocultó de nada. Simplemente creo que eran años necesarios para crecer, para forjar su persona, para relacionarse con la gente de su pueblo, para vivir como uno más, con una vida cotidiana en la que, supongo, el trabajo, la familia, los amigos y su fe ocupaban todo el tiempo.

Ese tiempo, lejos de ser desperdiciado o perdido, quiero creer que fue necesario y bueno para llegar al día que hoy celebramos: el Bautismo de Jesús, día en que comienza oficialmente su vida pública. De todo ese tiempo y de esa vida cotidiana proceden todos los ejemplos, las parábolas, la posibilidad de adaptar la enormidad del mensaje a las personas sencillas que le escucharían —que le escucharíamos— después, en los caminos y en las plazas.

Y para eso, Jesús no podía ser un hombre ensimismado o aislado de la realidad, ni encerrado en sí mismo ni en la sinagoga. ¿Cómo, si no, va a hablar después de la viuda, del jornalero, del hijo que decide dejar a su Padre, de quien se coloca en los primeros puestos, del sembrador,… Porque seguro que todo eso lo vio con sus propios ojos y supo hacer una lectura profunda.

También imagino que Jesús tenía una estrecha relación con su primo Juan. Les veo debatiendo, compartiendo inquietudes, apoyándose mutuamente, soñando con un mundo mejor, a la medida de lo que Dios quiere. De ese conocimiento y de esa relación estrecha procede la certeza de Juan de que Él era el Hijo de Dios y que no era posible que estuviera en la fila de las personas que esperaban ser bautizadas por él.

Sin embargo, de su conocimiento interno y de su profunda amistad procede también el acatamiento, cuando Jesús le dice: “Déjalo ya. Conviene que cumplamos toda justicia”. Debió ser un momento culmen de su relación: Jesús, que asume su misión y su envío, y Juan, que le reconoce en público y acata lo que le pide. Ambos oyeron esa voz del Padre: “Este es mi hijo amado”.

Y ahí arranca la aventura, la Misión con mayúsculas, ese tiempo histórico y real de la Historia de la Salvación en el que se nos muestra, en Jesús, cómo es nuestro Dios: todo amor y misericordia.

Pero no conviene olvidar el tiempo previo, porque, si no, parecería que, de un día para otro, Jesús, por magia, pasa a tenerlo todo claro, a revestirse de autoridad. Y para eso pasaron muchos años de vida cotidiana, sencilla, trabajada,… Eso sí, vivida con profundidad serena y en relación permanente con el Padre. Eso pido hoy para nosotros, en este año que comienza: vivir la sencillez de lo cotidiano con profundidad serena y en relación permanente con el Padre.

Belén Santamaría Eraña
Laica, CVX y trabajadora en Cáritas diocesana de Salamanca

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