14/06/2026

Todavía saboreando el reciente Corpus Christi, que en Madrid contó con la presencia del Papa León XIV, y en el domingo en que algunas comunidades celebramos su eco en la Fiesta Sacramental, como hacemos en la Cofradía de la Vera Cruz, las palabras del Santo Padre resuenan en nuestra memoria.
Quizá hemos subrayado algunas, aquellas que más nos tocan por nuestro momento vital, por nuestro carisma en la Iglesia, por nuestro lugar en el mundo. ¿Cómo no repetir una y otra vez las veces que se refirió a Salamanca en su discurso histórico pronunciado ante las Cortes Generales?
Es bueno que todas estas palabras de Su Santidad nos remitan a la fuente de donde parten, la Palabra de Dios, y concretamente al evangelio de este domingo, que ya nos devuelve a lo ordinario, será el undécimo.
Es el evangelio de los nombres propios, de las llamadas concretas. Se dirige a Pedro y a Andrés, a Santiago y a Juan, a Felipe y a Bartolomé, a Tomás y a Mateo, al otro Santiago y a Tadeo, a Simón y a Judas que lo traicionó.
Los llama y los envía, nos llama y nos envía, porque la misión que Jesús experimentó, la de anunciar el Reino y redimirnos por su Cruz y su Resurrección, sigue necesitando nuestro anuncio para completar lo que le falta a la Pasión, que es que la humanidad entera, todos los pueblos de la tierra, reconozcan en Cristo a su Salvador.
Es lo que gratis hemos conocido y gratis hemos de compartir. Y para esto Jesús, como a los doce, nos sigue llamando por nuestro propio nombre.
Tomás González Blázquez