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30/01/2026

Vivir las Bienaventuranzas hoy

En su comentario al evangelio de este domingo, el sacerdote Antonio Matilla sitúa las Bienaventuranzas como “el autorretrato espiritual de Jesús” y el camino concreto para seguirle

El evangelio de este domingo, 1 de febrero, IV del Tiempo Ordinario, nos propone nada menos que las Bienaventuranzas, que, por una parte, nos permiten conocer mejor a Jesucristo. Las Bienaventuranzas son como el autorretrato espiritual de Jesús. También son el anuncio profético de la nueva humanidad, porque Jesús no quería —no quiere— bienaventuranzas para vivirlas en plenitud Él solo, sino para contagiárnoslas.

Como Jesús no da puntada sin hilo, de la mera lectura de las Bienaventuranzas salta a la vista la desdicha del mundo: rechazar a Dios; optar por el poder y la violencia en las relaciones entre personas y entre pueblos;  y unos de consuelo; la justicia que se aleja; la necesidad absoluta de misericordia; un corazón que se nos vuelve de piedra; la paz que no acaba de llegar. En realidad, como ya explicó José Luis Martín Descalzo, el día que nuestro Señor —el Señor de las Bienaventuranzas— las proclamó, firmó su propia sentencia de muerte. Las Bienaventuranzas están indisolublemente unidas al misterio pascual.

¿Y cómo vivir nosotros las Bienaventuranzas de Jesús? Agarrándonos fuertemente a una de ellas, como si fuera un nudo que nos ayuda a arrastrar toda la red. Y no hacerlo individualmente, sino comunitariamente, sinodalmente, porque para eso Jesús y el Padre nos enviaron su Espíritu de comunión y de unidad.

Antonio Matilla, párroco de la Unidad Pastoral Centro Histórico

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