15/03/2026
El Congreso Diocesano de Vocaciones vivió este sábado, 14 de marzo, su jornada central en el colegio Calasanz de Salamanca, con un programa intenso de oración, ponencias y talleres que ayudaron a los participantes a profundizar en la pregunta que vertebra todo el encuentro: “¿Vivo, para quién?”.
La jornada comenzó con la eucaristía en la iglesia del colegio, presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, quien invitó a situar la pregunta vocacional en el centro de la vida cristiana.
En su homilía recordó que la vocación no es solo una tarea o un proyecto personal, sino una respuesta a la llamada de Dios que nace en lo profundo del corazón. “La vocación comienza cuando el corazón vuelve a Dios”, señaló, subrayando que el Señor no busca simplemente acciones externas, sino una relación viva con Él.
El obispo explicó que la llamada de Dios adopta formas muy diversas dentro de la Iglesia. Algunos son llamados al matrimonio, otros al sacerdocio o a la vida consagrada, mientras que muchos están llamados a santificar el mundo desde la vida cotidiana, el trabajo o el compromiso social.
“Nadie sobra en la Iglesia”, afirmó, recordando que cada vocación es un don para toda la comunidad. “Cuando alguien no descubre su vocación, toda la Iglesia se hace más pequeña”.
Por ello animó a los participantes a hacerse una pregunta sencilla y profunda: “Señor, ¿para quién quieres que viva mi vida?”. Cuando una persona descubre su vocación —añadió— “algo hermoso sucede: toda la vida se convierte en una misión”.
Tras la eucaristía tuvo lugar la primera de las ponencias centrales del Congreso, a cargo de la escritora y periodista Ana Iris Simón, quien invitó a reflexionar sobre la vocación como una de las grandes preguntas existenciales del ser humano.
Durante su intervención, que fue on line, explicó que la palabra vocación procede del latín vocare, que significa “ser llamado”, y subrayó que no se trata solo de elegir una profesión, sino de descubrir para qué y para quién vive cada persona.
Según indicó, la vocación suele aparecer en el punto donde confluyen lo que una persona ama, aquello que sabe hacer y lo que el mundo necesita. En ese encuentro —señaló— surge un camino capaz de dar sentido a la vida.
Simón recordó también que muchas veces la vocación se descubre al encontrarse con la necesidad del otro, porque el sufrimiento y las dificultades de los demás despiertan en las personas el deseo de responder y de ponerse al servicio.
Por la tarde, la segunda ponencia fue ofrecida por Tino Pérez, sacerdote de la diócesis de Zamora e integrante del equipo nacional de Pastoral Vocacional, quien invitó a redescubrir la vocación como una llamada permanente de Dios en la vida de cada persona.
Para iniciar su reflexión lanzó una pregunta directa a los participantes: “¿Cuándo fue la última vez que te dejaste sorprender por tu vocación?”. En su intervención recordó que la vocación no es un episodio aislado del pasado, sino una realidad viva que acompaña toda la existencia. “La vocación no es algo que descubrimos una vez y ya está”, explicó, “sino la forma concreta en que Dios sigue llamándonos hoy”.
Asimismo, subrayó que la vocación no pertenece únicamente a sacerdotes o religiosos, sino que forma parte de la vida de todos los cristianos, porque cada persona está llamada a vivir su fe en el lugar concreto donde se encuentra.
Uno de los momentos centrales de la jornada fueron los talleres, que ocuparon gran parte del día y permitieron acercarse a la vocación desde diferentes perspectivas.
Por la mañana se celebraron 18 talleres testimoniales, agrupados bajo el nombre de “Rostros”, en los que personas de ámbitos muy diversos compartieron en primera persona cómo viven su vocación en la Iglesia, en la vida profesional o en el compromiso social.
Sacerdotes, religiosas, matrimonios, profesionales del ámbito sanitario, educativo o social, investigadores, comunicadores o agentes pastorales ofrecieron su testimonio y dialogaron con los asistentes sobre la experiencia de responder a una llamada que se concreta en la vida cotidiana.
Más que conferencias teóricas, estos encuentros se plantearon como espacios de escucha y diálogo, donde los participantes pudieron conocer las preguntas, dificultades y alegrías que acompañan a cada camino vocacional.
Por la tarde se desarrollaron 15 talleres formativos, bajo el título “Huellas”, centrados en la dimensión cultural, espiritual y humana de la vocación.
Estos espacios propusieron una reflexión más amplia sobre cómo la búsqueda de sentido y la llamada personal atraviesan distintos ámbitos de la experiencia humana, desde la Biblia y la teología hasta el cine, el arte, la literatura o la vida cotidiana.
Los talleres favorecieron el intercambio de ideas y la participación activa de los asistentes, generando un ambiente de diálogo que permitió profundizar en la pregunta vocacional desde perspectivas diversas.
La jornada concluyó con un ambiente festivo y comunitario gracias al concierto nocturno, uno de los momentos más esperados del día. Sobre el escenario se dieron cita el cantautor Migueli y el grupo Shemá, que pusieron música y alegría al cierre de esta segunda jornada del Congreso.
Migueli conectó enseguida con el público con canciones muy coreadas y mensajes que enlazaban con lo vivido durante el día: la llamada a cuidar, la fraternidad, la acogida, la fe vivida con alegría y la necesidad de construir comunidad. En varios momentos animó a los asistentes a cantar, abrazarse y reconocerse como una gran familia eclesial, reforzando la idea de que la vocación también se celebra.
Por su parte, los jóvenes de Shemá ofrecieron un repertorio marcado por la alabanza, la confianza en Dios y la llamada a vivir la fe con entusiasmo. Sus canciones invitaron a los asistentes a poner sus talentos al servicio del Señor, a descubrir la propia misión y a dejarse sostener por Cristo en el camino vocacional.