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04/02/2026

Cardenal Cobo: “Nunca hemos hablado tanto de derechos humanos ni visto tanta vulneración como ahora”

El arzobispo de Madrid, Mons. José Cobo, clausuró las Conversaciones de San Esteban, dedicadas al 500 aniversario del inicio de la docencia de Francisco de Vitoria, con una reflexión sobre el Evangelio de la dignidad de la persona humana y la Escuela de Salamanca

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

El cardenal  Mons. José Cobo, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, clausuró este martes, 3 de febrero, las Conversaciones de San Esteban, que se han celebrado en el marco del 500 aniversario del inicio de la docencia de Francisco de Vitoria y que han estado dedicadas en esta edición a la reflexión sobre la dignidad humana desde diferentes ámbitos sociales y eclesiales.

Bajo el título “El Evangelio de la dignidad humana”, el prelado propuso un itinerario de fondo: vida, Evangelio y razón como claves para sostener una defensa integral de la persona, especialmente cuando su dignidad aparece más amenazada.

Un aniversario que no es solo académico

Mons. José Cobo enmarcó la cita como un regreso a las raíces del pensamiento cristiano europeo, destacando que el aniversario de Francisco de Vitoria “no es una efeméride académica”, sino una invitación a escuchar “los ecos” de un momento histórico que sigue interpelando hoy, por cuestiones “tan candentes como la dignidad humana, los derechos fundamentales y los límites morales del poder político, económico o religioso”.

Desde esa mirada, describió el contraste de nuestro tiempo, “nunca hemos hablado tanto de derechos humanos y, sin embargo, nunca hemos sido conscientes de su vulneración como ahora: migraciones forzadas, guerras, falta de respeto al derecho internacional, pobreza estructural, trata de personas, descarte de los débiles, falta de atención a la salud mental, nuevas esclavitudes y dilemas bioéticos”.

La dignidad no se concede, se reconoce

Uno de los ejes sobre el que incidió fue el fundamento cristiano de la dignidad humana. El cardenal formuló con claridad el núcleo de su tesis: “La dignidad humana no se inventa. La dignidad humana no se concede, la dignidad humana se reconoce”. Y lo conectó con una idea que atravesó toda la ponencia: antes de la norma, está la realidad concreta de las personas: “Antes del derecho estaba la vida”.  En ese sentido, insistió en que la respuesta cristiana a por qué todo ser humano posee dignidad “no nace del consenso ni de mayorías… nace del mismo Evangelio”.

 

La vida como “lugar teológico”

En ese punto, resaltó como uno de los momentos históricos en los que esta visión evangélica se expresó con mayor claridad fue el desarrollado en la Escuela de Salamanca, con figuras como Francisco de Vitoria y su discípulo Melchor Cano.

El cardenal Cobo invitó a recuperar una de las intuiciones de este último: leer la historia como un lugar donde Dios se hace presente, recordando que la manifestación de Dios no se limita a la Escritura o a la Tradición, sino que se da también “a través de la historia, de la razón y de la vida”.

Desde este marco, recordó el Sermón de fray Antonio de Montesinos, transmitido por Bartolomé de las Casas y recreado posteriormente por Juan Mayorga, como una denuncia nacida de la atención a la vida real y de la escucha del Evangelio. En este contexto, citó la pregunta de Montesinos, que sigue interpelando hoy: “¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Acaso no son seres humanos como vosotros?”.

La dignidad humana es ontológica

El arzobispo de Madrid actualizó esa misma llamada al hablar de los CIE (Centros de Internamiento para Extranjeros), recordando cómo la despersonalización comienza cuando la persona deja de tener nombre y se convierte en número, una realidad que, como compartió, ya percibía de cerca en su etapa como párroco en Aluche.

En su reflexión bíblica, Mons. José Cobo partió del relato de la Creación” en el Génesis, al que se refirió como un “avance tremendo”, al recordar que “Dios creó al ser humano a su imagen…”.  Y, desde ahí, resaltó que la dignidad de la persona no depende “de lo que tiene, ni por lo que produce, sino… por lo que es”.

En esta misma línea, citó el documento Dignitas infinita, del papa Francisco, para remarcar que la dignidad humana “que es ontológica, va más allá de toda circunstancia, y en cualquier estado o situación en la que el ser humano se encuentre”, y que “todos, sin distinción, tenemos un valor intrínseco…; por eso, cada ser humano es imagen de Dios”.

Recordó también una pasaje significativo de la tradición bíblica: el primer homicidio narrado en el Génesis, cuando Caín mata a su hermano Abel. Incluso entonces, explicó,  Dios protege a Caín, dejando claro que la dignidad de la persona no depende de sus méritos ni de sus acciones.

Al referirse al Nuevo Testamento, señaló que Jesucristo puso a la persona en el centro, y que en la encarnación se muestra  hasta dónde llega el valor del ser humano ante Dios. Destacó que Jesús hizo visible la dignidad humana con sus gestos: su cercanía a los marginados, el trato con los considerados impuros o la acogida a los extranjeros. Gestos que  hacen visible el Evangelio de la dignidad, y recordó el criterio del juicio final: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

En el tramo final de su intervención, enlazó este fundamento con la doctrina social de la Iglesia: subrayando que la dignidad no se sostiene si se defiende solo de manera abstracta. Por eso, reclamó un cristianismo “integral” que proteja la vida en todas sus etapas y situaciones, uniendo la defensa de la vida naciente y terminal con la exigencia de condiciones dignas, como la vivienda, el trabajo y el reconocimiento de los derechos.

Vitoria y la Escuela de Salamanca:

Al volver al legado de la Escuela de Salamanca, el cardenal presentó a Francisco de Vitoria como un pensador que supo traducir el fundamento cristiano de la dignidad humana en pensamiento público, sentando las bases de los derechos universales, los límites éticos de la guerra y la libertad religiosa.

Destacó además su valentía al afirmar que los pueblos indígenas eran “verdaderos sujetos de derecho” y que la fe solo puede ser acogida de manera libre. En ese contexto, Mons. José Cobo aseveró que “ninguna instancia humana puede disponer arbitrariamente de la dignidad de las personas”. Y advirtió de los riesgos actuales, “sin un fundamento antropológico sólido, los derechos humanos se vuelven frágiles y manipulables”. En esa línea, alertó de las teorías que distinguen entre “personas” y “no personas”, y señaló cómo este planteamiento puede abrir la puerta a situaciones peligrosas, desde la relativización del derecho internacional hasta escenarios como Guantánamo.

 

 

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