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17/04/2026

Casmir Chukwudalu: “Ser cristiano en Nigeria es estar dispuesto a morir”

El sacerdote nigeriano ofreció en Salamanca su testimonio sobre la persecución que sufren los cristianos en su país, donde la violencia, los secuestros y los asesinatos se han intensificado en los últimos años, en una Eucaristía presidida por Mons. José Luis Retana

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

Ir a misa sin miedo, reunirse en la iglesia con libertad o profesar la fe públicamente forman parte de la vida cotidiana de muchos cristianos en España. En Nigeria, esa misma fe puede convertirse en motivo de persecución, secuestro o muerte.

La eucaristía que se celebró el pasado 15 de abril en la parroquia-santuario de María Auxiliadora, convocada para sostener con la oración a la Iglesia necesitada y a los cristianos perseguidos por el hecho de serlo, acercó esta realidad a la Iglesia diocesana de Salamanca. La celebración estuvo presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, y concelebrada por varios sacerdotes salesianos junto al sacerdote nigeriano Casmir Chukwudalu Nkamuke, que compartió su testimonio.

La celebración, preparada por la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, puso el foco en una realidad que afecta a más de 220 millones de cristianos en todo el mundo. El Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025 confirma graves violaciones de este derecho fundamental en 62 países, con persecución directa en 24 de ellos. En conjunto, más de 5.400 millones de personas viven en contextos donde este derecho se encuentra amenazado. Precisamente, Nigeria figura entre los países donde la situación resulta más preocupante.

Mons. Retana situó la celebración desde la Palabra de Dios proclamada ese día. Recordó que “todo es iniciativa del amor de Dios”, un amor “que no condena, sino que salva, pero que exige una respuesta libre”. La fe, subrayó, no es solo conocimiento, sino “un modo de vida, un estilo que revoluciona la existencia”.

 

Desde ahí, invitó a confrontar la propia vivencia cristiana con la de quienes sufren persecución. “¿Cuántas veces hemos sido detenidos y enviados a la cárcel por ser cristianos y por dar testimonio de Jesús? ¿Cómo sabemos si madura nuestra fe si no hemos padecido ninguna contradicción por su causa?”, planteó. Y añadió que, “podemos ir a la eucaristía a la hora que queramos, y otros tienen que hacer kilómetros y con peligro de su propia vida”.

El obispo animó a todos a revisar la propia fe: “¿Es un modo de vida, un estilo evangélico o meramente unos conocimientos?”. Y recordó que, “a veces el mayor obstáculo ya nos hace tambalear en nuestro seguimiento a Cristo”. Por ello, recordó que es precisamente en esos momentos cuando el creyente está llamado a confiar y recordó el salmo: ‘Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias’”.

Una Iglesia perseguida, pero viva y sostenida por la esperanza

Finalmente, exhortó a agradecer la libertad religiosa “con la que podemos ejercer nuestra adhesión a Cristo, nuestra fe. Le pedimos ser valientes y decididos a la hora de vivirla y de ser testigos suyos”.

El testimonio del padre Casmir dio concreción a esas palabras. Su intervención fue el relato directo de una Iglesia que vive entre la amenaza y la esperanza.

“Actualmente los cristianos en Nigeria viven con un miedo constante”, afirmó. Y explicó que “muchas personas ahora no solo están en la cárcel por su fe” o han sido asesinados o secuestrados por terroristas durante años como los chicos de Chibok, secuestrados durante diez años.

En muchas zonas del país, especialmente en el centro y norte, los fieles no pueden reunirse sin temor. “En muchos lugares, los cristianos no pueden estar en la Iglesia rezando sin miedo”, explicó.

A partir de ahí, describió una violencia que atraviesa todos los ámbitos de la vida. Recordó que durante la pasada Semana Santa 147 cristianos fueron asesinados en una sola semana. Habló de secuestros en iglesias mientras los fieles rezaban y de una inseguridad permanente, como la que se vivió el pasado Domingo de Pascua en el centro del país, en una zona donde conocida como Middle Belt, donde “más de 40 personas han sido secuestradas”. “¿Y cuál es su pecado?, preguntó. “Ellos están en la Iglesia rezando”.

La persecución alcanza también a sacerdotes, familias y niños. Relató el asesinato, el pasado mes de septiembre, de un compañero sacerdote, el padre Mateo, cuando salía a atender a un enfermo; así como ataques a comunidades enteras y masacres que han dejado cientos de víctimas en una sola noche. “¿Y cuál es su pecado? Están en la Iglesia rezando”, afirmó. También denunció los ataques a niños y escuelas, donde los más pequeños viven con miedo desde su infancia.

La violencia, explicó, responde a múltiples factores: conflictos por la tierra, intereses económicos y una motivación religiosa que busca imponer la ley islámica en determinadas regiones. A ello se suma la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades, lo que deja a muchas comunidades en una situación de gran vulnerabilidad.

 

Una fe que no se apaga

El contexto que describió coincide con los datos del informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada, que señala el impacto del extremismo islamista y la debilidad institucional como factores clave en el deterioro de la libertad religiosa en Nigeria. En el norte y en el llamado cinturón central, los cristianos sufren ataques, desplazamientos forzosos y discriminación estructural, en un escenario agravado por la violencia de grupos como Boko Haram y otras milicias.

Sin embargo, su testimonio no se detuvo en la denuncia. “En medio de todo esto, la fe sigue viviendo”, aseguró el P. Casmir. Nigeria cuenta con “muchos practicantes” y “más de 5.000 seminaristas”, y un número creciente de ordenaciones sacerdotales cada año, signo de una Iglesia viva que no se deja vencer por la violencia.

“Para muchas personas, la Iglesia es la única esperanza”, subrayó. A través de escuelas, hospitales, ayuda humanitaria y acompañamiento, la Iglesia sostiene a quienes lo han perdido todo.

“Necesitamos más oraciones”

El padre Casmir, que actualmente se forma en España gracias a una beca de Ayuda a la Iglesia Necesitada, agradeció el apoyo de la Iglesia universal: “No estamos solos”, señaló, agradeciendo la comunión entre los cristianos de todo el mundo que sienten también su dolor y colaboran con su oración. Y pidió no olvidar a su país, “necesitamos más oraciones y más ayudas en este momento de dolor”. Solicitó orar por los cristianos en Nigeria, “ser cristiano ahora en Nigeria es estar dispuesto para morir. Necesitamos vuestras oraciones para que nuestra fe no falle”; por los gobernantes del país, “su responsabilidad es proteger a las personas”; y por quienes ejercen la violencia, los terroristas, para que el Señor transforme sus corazones, “como le sucedió a San Pablo”.

Por la paz en el mundo

Su mensaje incluyó también una llamada directa a los cristianos que viven su fe en libertad:  “aprovechen este don”. El P. Casmir destacó su valor y animó a vivir la fe con coherencia: “Hay quienes desean poder ir a la Iglesia sin miedo, y aquí es posible”.

En el tramo final de la celebración, el obispo invitó a no olvidar a quienes, en tantos lugares del mundo, viven su fe en medio de la violencia y la incertidumbre y a rezar por la paz en el mundo, en sintonía con la llamada insistente del papa León XIV.

 

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