04/04/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La celebración de la Vigilia Pascual este Sábado Santo será para la Diócesis de Salamanca, un motivo de alegría y de acción de gracias. En la noche en la que la Iglesia celebra la Resurrección del Señor, cinco jóvenes recibirán los sacramentos de la iniciación cristiana —Bautismo, Confirmación y Eucaristía—, comenzarán así una vida nueva en la fe y su incorporación plena a la comunidad cristiana.
La Vigilia Pascual, presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, comenzará a las 23:00 horas en la Catedral Vieja con el lucernario en la puerta de Santa Lucía. Durante la celebración, los cinco catecúmenos darán este paso tras un tiempo de discernimiento, acompañamiento y formación, propio del itinerario que la Iglesia propone a las personas adultas (mayores de 18 años) que se preparan para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana.
Juan Carlos Martínez, de 23 años, es uno de ellos. Para él, este paso significa entrar a formar parte “de la gran familia de los cristianos”. Una familia que, como explica, “acompaña, acoge y te ayuda a crecer”. Como él, los otros cuatro jóvenes vivirán en esta noche un momento que marcará un antes y un después en su camino de fe.
Alfonso, Paula y Axel han recorrido este proceso en el ámbito de la Delegación diocesana de Pastoral Universitaria. Juan Carlos y Christian, dos jóvenes de origen cubano, lo han hecho en la parroquia de Guijuelo. Aunque en contextos distintos, todos comparten una misma experiencia: han descubierto la fe en Jesucristo y el deseo de vivirla en comunidad. Durante este tiempo han sido acompañados y han ido creciendo en su relación con el Señor y en su vinculación a la Iglesia.
Amable García, es el párroco de Guijuelo, y explica que tanto Juan Carlos como Christian, antes de llegar a España “tenían la esperanza de ser católicos”. Se pusieron en diálogo con la parroquia, y “este es el segundo año caminando, preparándose para recibir estos sacramentos.”
Este presbítero reconoce que ha sido “una etapa preciosa porque se les ve el corazón abierto, con un sentir profundo de deseo verdadero. Son gente madura, con decisiones propias y esto facilita muchísimo el acompañamiento y el propio desarrollo de su vida cristiana”.
Alfonso Moreno, de 20 años y natural de Salamanca, recuerda con claridad que su acercamiento comenzó a raíz del fallecimiento de su abuelo. “Empecé a hacerme muchas preguntas. Busqué respuestas y encontré en la Iglesia un lugar donde empezar a entender y a encontrar paz”.
Aquel primer paso nació de una búsqueda interior, pero con el tiempo fue tomando forma en algo más profundo: un encuentro personal con Jesucristo, que fue dando sentido a sus preguntas y orientando su vida.

Ese primer acercamiento no fue inmediato. Él mismo reconoce que durante el proceso hubo dudas, “al principio incluso me forcé un poco a creer, pero poco a poco fui ablandando el corazón y empecé a creer de verdad”. Su fe fue tomando forma al vivirla también dentro de la comunidad, concretamente en la Pastoral Universitaria, donde encontró un espacio donde compartir, rezar y crecer junto a otros jóvenes.
Alfonso sostiene que “ha sido un proceso bonito, de formación, pero también del corazón” en el que ha podido “vivir la fe en comunidad, participar en muchas actividades y sentirme acompañado”.
En la Vigilia pascual dará este paso decisivo. Para él, esto no supone un cambio radical en su vida, sino una confirmación de lo que ya viene viviendo: “Mi vida seguirá siendo parecida, pero ahora con la gracia de los sacramentos. Quiero vivir desde el servicio, desde el amor a los demás y desde el amor a Jesucristo”. Lo que más desea es: “recibir a Cristo en la Eucaristía y formar parte plenamente de la Iglesia”.
En el caso de Juan Carlos Martínez, su relación con la fe tiene raíces más tempranas. Nació en Guantánamo (Cuba) y reside en Salamanca desde hace tres años. Recuerda cómo su abuela fue una referencia en su infancia: “Iba a la iglesia con ella y siempre tuve la sensación de que Dios estaba a mi lado”.
Aunque ese vínculo permaneció en su interior, no pudo dar el paso y bautizarse en su país: “Siempre quise hacerlo, pero no era algo habitual en mi entorno y se fue quedando pendiente”.

Su llegada a Salamanca, donde estudia y trabaja, supuso una oportunidad nueva: “Sentí que era el momento. Me acerqué a la parroquia de Guijuelo y he vivido un proceso muy bonito, acompañado también por personas cercanas, incluso por mi mejor amigo, Christian, que se bautiza conmigo”.
Para Juan Carlos, este paso supone “empezar de nuevo, pero con sentido. Es saber que no camino solo, que Cristo forma parte de mi vida”.
En medio de sus estudios universitarios y responsabilidades, este joven reconoce que la fe se ha convertido en una fuerza para el día a día, una fuerza que pide “cada mañana para afrontar todo lo que tengo”.
En estos últimos meses, ha participado en distintas actividades que han reforzado su decisión, como una peregrinación con los jóvenes al Santuario del Cristo de Cabrera o el Congreso diocesano de Vocaciones. “Todo eso te confirma que merece la pena el camino”, afirma.
Y lo vive con una mirada abierta al futuro: “Esto no es un final, es un comienzo lleno de ilusión, de compromiso y mucha fe”. Al tiempo que manifiesta su deseo de “seguir creciendo y compartir mi historia, especialmente con los jóvenes. Hablar de dónde vengo, lo que he vivido y lo que quiero ser”.
La Vigilia Pascual es el corazón del año litúrgico. En ella, la Iglesia celebra la Resurrección del Señor y proclama que la vida vence a la muerte.
La celebración comienza con el lucernario, que se realiza en el exterior del templo, con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, signo de Cristo, luz del mundo, que disipa las tinieblas. A partir de ahí, la luz se va extendiendo entre los fieles, que avanzan en la noche guiados por esa luz.
Ya en el interior, la liturgia de la Palabra recorre la historia de la salvación, recordando cómo Dios ha acompañado siempre a su pueblo. Después tiene lugar la liturgia bautismal, en la que estos jóvenes serán incorporados plenamente a la Iglesia, participando del misterio pascual de Cristo. Finalmente, la liturgia eucarística, que reunirá a toda la comunidad en torno al Señor resucitado.
En la noche de la Pascua, las vidas de estos cinco jóvenes se abren a una vida nueva. Y, con ellos, toda la Iglesia de Salamanca se alegra y renueva su esperanza.