05/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La presencia del papa León XIV en España vuelve a poner el foco en las visitas pontificias que han marcado la historia reciente de la Iglesia en nuestro país. En Salamanca, si viajamos en el tiempo, fue el 1 de noviembre de 1982 cuando Juan Pablo II llegó a la ciudad en el marco de su primer viaje apostólico a España. Aquel encuentro congregó a miles de personas y dejó imágenes y testimonios que permanecen vivos más de cuatro décadas después.
Juan Pablo II aterrizó en Alba de Tormes a las cuatro y media de la tarde, “con un sol radiante y un cielo claro azul”, según cuentan las crónicas de su visita en el boletín diocesano, de hace ya 43 años. Aquel día, en la dehesa de la villa ducal, al santo padre le esperaba una multitud, calculaban 300.000 personas, “venidas de Salamanca, de las diócesis de la Región del Duero, de Castilla, de Portugal…”.

En la crónica del boletín, se recoge que el papa, “habló, rezó y cantó con todos”, y que fue recibido por el obispo, Mons. Mauro Rubio Repullés, “le dio la bienvenida y le presentó la Iglesia local, con sus luces y sombras”. Al respecto, Juan Pablo II les dijo que conocía bien “los tiempos recios” que estaba pasando la Iglesia en Salamanca, aludiendo a la emigración de la juventud, “que ha empobrecido vuestras zonas rurales”. El santo padre les invitó a superar todas las dificultades: “Os llamo a que tengáis ánimos para grandes cosas, como los tuvisteis en el pasado”. Y en un silencio religioso y con una oración, el papa rezó con el pueblo salmantino.
Al final del acto, Juan Pablo II aceptó las ofrendas del presidente de la Diputación Provincial, José Muñoz, que le ofreció la medalla de honor de la provincia; el alcalde de Alba de Tormes, Eladio Briñón, que le entregó unos objetos de alfarería de la tierra junto con la medalla de oro de la villa; de una madre, viuda, que le ofrendó la capa de tuno de su hijo único, Víctor Mauriz, joven universitario que murió unos meses antes y que dejó escrito: “Es mi voluntad que, si es posible, mi capa de tuno, que nunca ensucié, sea entregada a su santidad el papa cuando venga a España”. Asimismo, recibió la ofrenda de una niña, Ruth González, que nació el mismo día y a la misma hora en que Karol Wojtyla era elegido papa y le hacía la ofrenda de un beso con un ramo de flores.
Después, el papa se desplazó al convento de las Madres Carmelitas de Alba, y ante el sepulcro de Santa Teresa, clausuró el IV Centenario de la muerte de la Santa. Junto a él estaban el cardenal Casaroli y el obispo Mons. Mauro Rubio, Además de los cardenales Enrique y Tarancón, Jubany Macharski y Glemp, el presidente de la Conferencia Episcopal Española y medio centenar de obispos.
Y ante el sepulcro de la Santa, el papa dijo que quería que sus palabras, “sea una evocación y una plegaria dirigida a Teresa de Jesús, presente entre nosotros en la comunión de los Santos”. Después, pasó a la clausura, y en el camarín del sepulcro, con las manos y la cabeza apoyadas en las rejas, volvió a orar en silencio.
Ya por la tarde, Juan Pablo II se desplazó a la capital, a la Universidad Pontificia, donde se inauguró el aula que lleva su nombre, con 546 asientos. A las nueve y media de la noche, el obispo de Salamanca despide al papa junto a las escalerillas del avión, en Matacán, que le llevó a Madrid.
Ante la incertidumbre y la falta de respuestas sobre la posibilidad de su visita a Alba, tanto Florentino Gutiérrez, como el alcalde de la villa ducal por aquel entonces, Eladio Briñón, cogieron un vuelo y se fueron hasta Roma, “para ver allí cómo lo veían y qué solución nos daban”.
Allí no conocían a nadie, pero ambos consiguieron reunirse con el secretario de Estado, el cardenal Martínez Somalo, que como narró en una crónica de lo vivido el alcalde de Alba, ya fallecido, les preguntó: “Pero ustedes, ¿qué es lo que quieren?, ¿una entrevista personal con el papa?”, pero la respuesta de ambos fue otra: “No, monseñor, lo que queremos es verle en nuestro pueblo”. A lo que el secretario contestó que era la primera vez que alguien no quería ver al papa en Roma.