AGENDA ACTUALIDAD DIOCESANA

05/04/2026

Domingo de Pascua: la vida nueva que brota de la Resurrección

¡Cristo ha resucitado! La luz vence a la oscuridad y la vida se abre paso definitivamente. Hoy, somos invitados a renovar nuestra fe, a dejar que el Señor transforme nuestra vida y a vivir como testigos de su presencia viva en medio del mundo

 

AKBÉS

El evangelio de san Lucas nos introduce en la contemplación de este día: «Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24, 5-6).

El encuentro con los dos dos jóvenes vestidos de blanco, en medio del desconcierto por no encontrar el cuerpo del Señor, deja despavoridas a las mujeres que habían acudido al sepulcro. Es decir, se sintieron solas, desorientadas porque no encontraron lo que esperaban. Un sacerdote, de feliz memoria, me enseñó que no hay personas solas, sólo personas vacías. Estas sencillas y profundas palabras contienen una feliz enseñanza: quien cree en Dios nunca está solo. Las mujeres habían organizado su plan, pero ese no era el plan de Dios. ¿No sabían que había de resucitar al tercer día? ¿Para qué ungir un cadáver que había de resucitar?

Los jóvenes vestidos de blanco les anuncian la Resurrección con una pregunta previa: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?». No es una pregunta cualquiera. Puede entenderse desde dos perspectivas: racional y afectiva. Desde un punto de vista racional, la pregunta contiene solo la petición de una explicación; pero, desde un punto de vista afectivo, expresa asombro ante la falta de confianza. Es como si una madre preguntara a su hijo adolescente: ¿por qué desconfías de que te amo?

El hijo desconfía de la madre porque no ve más allá de sí mismo y de sus propios intereses. Esta es la persona vacía: la que se encierra en sí misma y, por eso, nunca está completa, porque le falta “amar y ser amada”; amarse así misma no basta. Los dos jóvenes despejan las dudas recordándoles que el mismo Jesús les había predicho la Pasión y Muerte, y la Resurrección. Al recordar sus palabras, van a anunciar a los apóstoles lo sucedido, es decir, aceptaron el anuncio, creyeron a los dos jóvenes vestidos de blanco, y todo cobró sentido.

Cuando aceptamos a Cristo muerto y resucitado, nuestra vida se descentra, como nos dice la Carta a los Gálatas; «Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gl 2, 19b-20). Todo cambia de sentido: lo que era una humillación se convierte en la gloria; lo que era un escándalo (para los judíos) y una necedad (para los griegos) se revela ahora como fuerza y sabiduría de Dios. La Luz de Cristo ilumina a todo hombre, para que ya nadie esté solo ni se sienta solo.

¡Cristo ha Resucitado! ¡Feliz Pascua!

¿Te gustó este artículo? Compártelo
IR A ACTUALIDAD DIOCESANA
.
Actualidad Diocesana

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies