03/02/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La Diócesis de Salamanca celebró este lunes, 2 de febrero, la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada con una eucaristía en la iglesia de La Purísima, presidida por el obispo Mons. José Luis Retana.
Enmarcada en la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el Templo, la celebración reunió a numerosos miembros de las distintas congregaciones, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica presentes en la diócesis, que se dieron cita para agradecer al Señor el don de su vocación y renovar su compromiso al servicio de la Iglesia.
Bendición de candelasComo es tradición en esta jornada, la eucaristía comenzó con el rito de la bendición de las candelas, acompañado de una monición que recordó que, cuarenta días después de la Navidad, María y José presentan a Jesús en el templo y, del mismo modo, los consagrados y consagradas ponen en manos del Padre la ofrenda de sus propias vidas, a la luz del lema de este año: «¿Para quién eres?».
Acto seguido tuvo lugar la procesión con las candelas encendidas, acompañada por los cantos propios de la liturgia, expresó el sentido de esta fiesta, que no es otro que salir al encuentro del Señor.
Y, tras la proclamación de la Palabra de Dios, el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana recordó en su homilía el significado de esta fiesta, que en la tradición oriental es conocida como la “Fiesta del Encuentro”. “Es el encuentro entre el Niño Dios, que trae la gran novedad, y la humanidad que espera, representada por los ancianos en el templo” (Simeón y Ana), explicó el prelado, que representan “la vida consagrada”.
Mons. Retana se dirigió a los consagrados y consagradas, a quienes agradeció “el regalo que vuestra vida y vuestra actividad significan para la vida de la Iglesia diocesana”, e invitó a volver al origen de la vocación: “Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. Él es el verdadero protagonista de nuestra llamada”. Añadió además que esta llamada se vive bajo el impulso del Espíritu Santo, en comunión con la Iglesia y al servicio del pueblo de Dios.
En su reflexión, destacó que la vida consagrada “es para Dios, a quien cada persona consagrada busca”; es “para los pobres, a quienes se entrega”; y es una vocación profética, que anuncia con la vivencia de los “consejos evangélicos” que hay “otra manera de entender y vivir la vida”.
Tras la homilía, tuvo lugar el rito de renovación de la consagración, en el que los miembros de los distintos institutos y formas de vida consagrada reafirmaron públicamente sus votos, como signo de la entrega de la propia vida al Señor y al servicio de la misión de la Iglesia.