12/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La Catedral Nueva acogió la solemne eucaristía en honor a San Juan de Sahagún, patrono de la ciudad de Salamanca y de la diócesis. La celebración, presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, reunió a autoridades civiles y militares, representantes de distintas instituciones y numerosos fieles para honrar al conocido como “Ángel de la paz”.
La jornada comenzó con la llegada en comitiva de la Corporación Municipal, encabezada por el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, y otras autoridades, entre ellas el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, además de representantes del ámbito político, académico, empresarial, cultural y militar. Una imagen de San Juan de Sahagún fue colocada, como es tradición, a los pies del altar, mientras que el Coro Francisco Salinas puso música a la celebración.
La eucaristía contó además con interpretación en lengua de signos, facilitando la participación de miembros de la comunidad sorda. En la monición de entrada se recordó la vida del santo agustino, nacido en Sahagún (León) y estrechamente vinculado a Salamanca, ciudad en la que desarrolló gran parte de su labor pastoral y donde se conservan sus reliquias. Su húmero izquierdo se custodia en la iglesia de San Juan de Sahagún, mientras que sus restos reposan en una de las urnas situadas junto al altar mayor de la Catedral Nueva.
Durante la homilía, el obispo presentó la figura del patrón como una referencia plenamente actual para una sociedad “tan necesitada de reconciliación“. Recordó que cuando San Juan de Sahagún llegó a Salamanca encontró una ciudad dividida por enfrentamientos entre familias nobles y que, sin más armas que el Evangelio, una profunda vida de oración y su amor a la Eucaristía, fue capaz de mediar entre los bandos enfrentados.
“Fue capaz de hacer lo que parecía imposible: acercar a los enemigos y abrir caminos de reconciliación”, afirmó, recordando que por ello el pueblo le otorgó el título de “Ángel de la paz”.
Mons. Retana subrayó que las lecturas proclamadas en la solemnidad muestran que “la verdadera paz nace cuando el corazón humano se deja transformar por Dios” y destacó cómo San Juan de Sahagún hizo suyo el mandato evangélico de vencer el mal a fuerza del bien.
El prelado estableció un paralelismo entre la Salamanca del siglo XV y la realidad actual, marcada por nuevas formas de enfrentamiento. “La polarización atraviesa la vida política, los medios de comunicación, las redes sociales e incluso nuestras propias comunidades y nuestras propias familias”, señaló, lamentando que “nos hemos vuelto expertos en levantar muros y cada vez menos capaces de construir puentes“.
En este sentido, recordó recientes palabras del Papa León XIV sobre la necesidad de promover una cultura del encuentro y una civilización del amor. También advirtió de la responsabilidad que tienen quienes ejercen funciones públicas y quienes utilizan la palabra para favorecer el diálogo y evitar la descalificación. “La firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva nunca humillación”, aseguró.
El obispo insistió en que la pacificación no es una actitud ingenua ni pasiva, sino una tarea que requiere grandeza de espíritu. “Hace falta más coraje para reconciliar que para enfrentarse. Hace falta más fortaleza para perdonar que para vengarse. Hace falta más grandeza de alma para tender puentes que para levantar muros”, afirmó.
Finalmente, invitó a los fieles a preguntarse si son constructores de paz en la familia, en el trabajo, en las comunidades cristianas y también en las redes sociales, recordando que “la paz de una ciudad comienza en el corazón de cada uno de sus ciudadanos”.
La celebración concluyó con una oración para que, por intercesión de San Juan de Sahagún, Salamanca y su diócesis sigan encontrando en su patrón “no solo una figura del pasado, sino un guía para el presente y una esperanza para el futuro”.