05/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La celebración del Día de la Caridad congregó este jueves, 4 de junio, a la familia de Cáritas diocesana de Salamanca (trabajadores, voluntarios, participantes, colaboradores y benefactores), junto a numerosos miembros de la comunidad diocesana y representantes de las instituciones civiles, militares y académicas de la provincia. Bajo el lema “Elige amar; elige comunidad” -compartieron en la iglesia de La Purísima una eucaristía de acción de gracias marcada por el reconocimiento a tantas personas que hacen visible cada día el amor de la Iglesia hacia quienes más sufren.
Un agradecimiento que se hizo especialmente visible en la figura de Carmen Calzada, vinculada a Cáritas desde la década de los setenta y directora de la entidad durante 26 años, que recibió por sorpresa la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, concedida por el papa León XIV. Instituida por el papa León XIII en 1988, se concede a clérigos y laicos “que han destacado por su servicio relevante a la Iglesia”.
La monición de entrada, leída por Mercedes Bayo, delegada episcopal para una Iglesia de la Caridad y Samaritana, puso voz a ese sentimiento compartido de gratitud. “Queremos celebrar y agradecer que hemos aprendido, mirando a Jesús, a cuidar mejor y ser memoria viva del mandamiento del amor para la Iglesia y el mundo“, señaló. También recordó que la acción caritativa de la Iglesia “cuida la vida y transmite esperanza” y expresó el agradecimiento de toda la diócesis a Carmen Calzada “por tantos años de servicio, por todo lo entregado a Cáritas y a la Diócesis de Salamanca”.
La eucaristía fue presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, que centró su homilía en la estrecha relación entre la Eucaristía y la caridad. A partir de las lecturas de la solemnidad del Corpus Christi recordó que el amor que Cristo entrega en la Eucaristía exige una respuesta concreta en la vida de los cristianos.
“No podemos vivir sin la Eucaristía”, afirmó, “el pan de vida y la bebida de salvación que Cristo nos ofrece como alimento para nuestro diario peregrinar”. Un don que, lejos de quedar reducido al ámbito personal, impulsa a vivir el amor fraterno y la solidaridad con quienes más lo necesitan. “Cada vez que celebramos la Eucaristía” somos llamados a corresponder al amor recibido mediante “la práctica del amor fraterno y de la caridad activa y solidaria con nuestros hermanos”.

En ese sentido, Mons. Retana agradeció la labor de quienes sostienen cada día la misión de Cáritas: “Es momento de gratitud para todos los trabajadores y voluntarios de Cáritas, que han entregado gran parte de su vida a fondo perdido para explicitar el amor con el que somos amados por Cristo”.
Asimismo, recordó que la caridad cristiana no puede quedarse en palabras o buenas intenciones. “La caridad debe llevarnos a tender manos, a realizar pequeños gestos cotidianos y a participar e intervenir en las dinámicas sociales que nos llevan al compromiso por el bien común”, afirmó.
En la parte final de su homilía hizo referencia a la visita apostólica que estos días realizará el papa León XIV a España y al lema elegido para este viaje apostólico, «Alzad la mirada» (Jn 4,35). Una invitación, señaló, a fue presentado descubrir las necesidades de quienes nos rodean y a seguir construyendo fraternidad.
“Celebrar el Corpus Christi y el Día de la Caridad es, en el fondo, reconocer que Cristo camina con nosotros y nos envía a ser su presencia viva en medio del mundo”, afirmó. Y añadió que los cristianos están llamados a “venerar y socorrer su cuerpo roto en los más pobres y ser, en medio de nuestro mundo herido, signo e instrumento de fraternidad”.
Uno de los momentos más simbólicos de la celebración tuvo lugar durante el ofertorio. Junto al pan y el vino se presentaron cinco carteles que representaban los cinco sentidos como expresión de la forma en que la caridad transforma la mirada y la relación con los demás.
La vista invitó a contemplar la dignidad de cada persona y a reconocer el rostro de Cristo en quien sufre. El oído recordó la escucha atenta y la capacidad de abrir el corazón a quienes necesitan ser acogidos. El olfato evocó la sensibilidad necesaria para percibir “el aroma de la bondad y la ternura” presente en cada ser humano. El gusto animó a saborear la alegría de compartir y construir comunidad. Y el tacto expresó la cercanía y el encuentro, pidiendo que las manos sean puente para romper prejuicios, consolar y estrechar lazos de fraternidad.
Cuando la celebración parecía llegar a su fin, el obispo tomó nuevamente la palabra para agradecer el trabajo que Cáritas desarrolla en la diócesis y reconocer la entrega de sus trabajadores, voluntarios y benefactores.
Fue entonces cuando anunció una noticia que había permanecido en secreto hasta ese momento. Mons. Retana explicó que el pasado mes de marzo había solicitado a la Santa Sede, con el respaldo del Consejo Episcopal, la concesión de la medalla pontificia Pro Ecclesia et Pontifice para Carmen Calzada.
“Al no obtener respuesta alguna se había perdido la esperanza de que pudiera estar aquí para este momento. Sin embargo, este mismo lunes por la noche ha llegado de la Nunciatura”, explicó.
Antes de hacer entrega de la distinción quiso detenerse en algunos detalles de la homenajeada. La definió como “una trabajadora infatigable en todos los frentes, en todos los ámbitos y en todas las responsabilidades que ha tenido” y como una persona que ha sido “maestra en el arte de acompañar a todas las personas que se han cruzado en su camino, sabiendo escuchar, sabiendo apoyar y ofrecer consuelo y consejo”.
Y expresó públicamente la gratitud de toda la Iglesia de Salamanca: “Carmen se lleva todo el afecto y la gratitud de la Diócesis de Salamanca, de los trabajadores y de los voluntarios de Cáritas de los últimos decenios. Que el Señor le pague, como solo Él sabe hacerlo, sus trabajos y desvelos”.
Tras estas palabras, Carmen Calzada subió al presbiterio para recibir la medalla y el título acreditativo de manos del obispo. La asamblea respondió poniéndose en pie y dedicándole con una larga y cálida ovación que reflejó el cariño y el reconocimiento de quienes han compartido con ella tantos años de entrega.

A continuación, el director de Cáritas Diocesana de Salamanca, José Manuel Lázaro, tomó la palabra para agradecer y reconocer “que formamos parte de una misma familia, la familia de Cáritas, y ese sentimiento lo ha transmitido siempre con mucha fuerza la propia Carmen”, afirmó.
Como signo de esa pertenencia común le entregó la Memoria de Actividades 2025 de la institución y de un pequeño imán con la imagen de la campaña del Día de la Caridad de este año. Un gesto que con el que recordó que “nadie construye Cáritas en solitario” y que cada persona aporta algo valioso a una misión compartida llamada a “crear comunidad y hacer visible la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo”.

A ese reconocimiento se sumó también el presidente de Cáritas Española, Manuel Bretón, que quiso agradecer la oportunidad de acompañar a Carmen en ese momento, a la que definió como “una de las personas más maravillosas que me he encontrado a lo largo de estos años en Cáritas”. Una persona hacia la que siente “una especial confianza, cariño y admiración” y aseguró que su trayectoria es el resumen de una vida dedicada al servicio de esta institución.
A continuación intervino el presidente de Cáritas Castilla y León, Guenther Boelhoff, quien quiso sumarse al homenaje destacando el papel desempeñado por Carmen Calzada durante décadas. “Carmen ha dado el relevo a muchos y a muchas directoras, directores, secretarios generales, delegados y delegadas de Cáritas”, afirmó antes de hacerle entrega de una orla con las fotografías de quienes han asumido responsabilidades de dirección en las distintas Cáritas de Castilla y León.

Boelhoff destacó la huella que Carmen Calzada ha dejado en varias generaciones de responsables de Cáritas, tanto por su experiencia como por su forma de acompañar a las personas. “Has sido compañera en las mesas de trabajo, en las mesas de la comida después de un encuentro o una reunión. Has sido maestra, de las que te dicen: luz larga; templanza; aprende; escucha; acompaña. Y todas esas lecciones nos las hemos ido pasando unos a otros”.
Y agradeció su cercanía, “gracias por ser hermana, por ser maestra, por ser compañera”. Haciendo suyo el lema de la campaña de este año, añadió: “Gracias por elegirnos, Carmen”.
Después, tomó la palabra Carmen Calzada para agradecer el reconocimiento recibido. “Agradecimiento es la palabra que en estos momentos me brota del corazón”, confesó al comenzar su intervención.
Dio gracias a Dios “por la llamada a este servicio” y a la diócesis, en la persona de su obispo, “por su apoyo y confianza, tanto a la tarea como a las personas implicadas en la acción sociocaritativa de la Iglesia”.

También recordó que la misión de Cáritas sigue siendo hoy una llamada a construir fraternidad y comunión. Citando unas palabras del papa León XIV, señaló que “los pequeños, los enfermos, los migrantes se convertirán en piedras angulares y sobre la tierra surgirá un hogar común, sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán y la justicia y la paz se besarán”
Y añadió que esa sigue siendo la tarea de la Iglesia y de Cáritas en el momento presente: “Ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no de torres destinadas a derrumbarse”.
Antes de concluir retomó el lema de la campaña de este año y animó a todos a seguir haciendo de la caridad una forma concreta de vivir el Evangelio: “Esto es lo que la Iglesia, y dentro de ella Cáritas, pide en estos momentos de la historia. Elige amar. Elige comunidad”. Sus palabras fueron acogidas con un nuevo y prolongado aplauso.
