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23/06/2026

El “sí” de Mario Cabrera, una alegría para la Iglesia de Salamanca

La Catedral Vieja acogió la ordenación diaconal del seminarista de Cantalapiedra, en una celebración presidida por Mons. José Luis Retana que reunió a familiares, amigos y a las comunidades que han acompañado su camino vocacional

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

“La historia de la salvación nunca se realiza en solitario”. Con estas palabras quiso resumir Mario Cabrera el camino vocacional que el Señor ha ido tejiendo en su vida y con ellas concluyó también la acción de gracias que dirigió al término de la eucaristía en la que fue consagrado diácono, el pasado domingo, 21 de junio, de manos del obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, en la Catedral Vieja. Una frase que también resumió lo vivido durante la celebración, marcada por la alegría, la emoción y el agradecimiento por el don de una nueva vocación al servicio de la Iglesia.

La diversidad de personas que se dieron cita en la Catedral para acompañar a este joven de Cantalapiedra en este nuevo paso hacia el sacerdocio reflejaba  la riqueza de los vínculos y de las comunidades que han estado presentes a lo largo de estos años de formación. Junto a sus padres, hermanas y familiares, participaron sus amigos y compañeros del Teologado de Ávila, una amplia representación del presbiterio diocesano, miembros de la vida consagrada y  fieles de las distintas comunidades que han formado parte de su vida: Cantalapiedra, su parroquia natal; Villares de la Reina, donde colaboró como catequista y celebró hace tres años la admisión a las Sagradas Órdenes; y, la Unidad Pastoral Santísima Trinidad-Sagrada Familia, en los barrios de El Arrabal y El Zurguén, donde realiza actualmente su etapa pastoral, así como jóvenes vinculados a la pastoral juvenil y universitaria.

La propia liturgia reflejó esa historia compartida. Personas de las distintas etapas de su vida vocacional participaron en las lecturas, las ofrendas así como en otros momentos de la ceremonia.

El don del diaconado

Tras la presentación del candidato por parte del rector del Seminario diocesano, Fernando García, y la homilía del obispo, llegó uno de los momentos más conmovedores de la celebración. Mientras toda la asamblea invocaba la intercesión de los santos, Mario permaneció postrado en el suelo frente al presbiterio.

Después, el obispo impuso sus manos sobre él y pronunció la plegaria de ordenación. El rito continuó con la vestición. Así, su amigo y compañero de Teologado, Ismael Peña, recientemente ordenado diácono en la Diócesis de Ávila, le impuso la estola diaconal, mientras que Anastasio Fariza, párroco de Cantalapiedra, y Andrés González, vicario de pastoral y párroco de Villares de la Reina, le revistieron con la dalmática.

Mario junto a sus padres

Mons. José Luis Retana le entregó entonces el Evangeliario con estas palabras: “Recibe el Evangelio de Cristo del cual has sido constituido mensajero. Convierte en fe viva lo que lees y lo que has hecho fe viva enséñalo y cumple aquello que has enseñado”. Tras recibir el abrazo de paz del obispo y de los diáconos presentes en la celebración, el nuevo diácono se incorporó al presbiterio para participar en la liturgia eucarística, asistiendo a los celebrantes, preparando el altar, distribuyendo la comunión  y purificando el cáliz y la patena.

Una llamada a ser ser servidor de la Palabra y de los pobres

En su homilía, Mons. José Luis Retana agradeció a Mario su confianza, “abandonándote con generosidad al Señor, que, providencialmente, ha ido acompañando tu libertad”. Recordó que el ministerio diaconal nace del servicio y le dijo que, desde ese momento, sería “el portavoz de una Palabra que es más grande que tú y que te sobrepasa”, y que sus labios “no deben decir lo que debe gritar tu misma vida”.

Mons. Retana le animó a anunciar el Evangelio “con exquisita fidelidad y con toda su belleza” y a servir especialmente a los más necesitados, para que “todos ellos puedan hallar en ti acogida, en tu corazón una palabra de esperanza, una ayuda habitual y una compasión sincera”. El prelado señaló que en ese día “tu vida se desposa con Jesucristo”, y por ello le exhortó: “Sé del Señor del todo para que tu entrega de servicio, de diaconía, sea fecunda y feliz”. Y en ese sentido le animó a ser “testigo de la alegría que suscita esperanza, testigo de la confianza ante un Dios que no defrauda nunca”.

Antes de concluir su homilía, Mons. José Luis Retana pidió a toda la comunidad diocesana no dejar de “pedir por las vocaciones al ministerio. Es nuestra más urgente necesidad eclesial”.

Una vocación tejida por muchas personas

Al finalizar la eucaristía, el nuevo diácono tomó la palabra para dar gracias. Comenzó con una alabanza tomada del salmo 103: “Bendice, alma mía, al Señor. Dios mío, qué grande eres”. Y añadió que esa alegría “no nace de un momento puntual, sino de la historia de salvación que Dios ha ido tejiendo conmigo durante toda mi vida”.

Su primer agradecimiento fue para Dios y para su familia, porque en ellos ha podido contemplar al Señor “que se revela como amor, de manera gratuita y desinteresada”. Con ellos aprendió a rezar “y en su amor descubrí el reflejo del amor de Dios”, afirmó.

Recordó también a sus amigos, “mis confidentes y mi descanso”, a las Clarisas de Cantalapiedra, a los sacerdotes que le han acompañado desde niño y para los formadores formadores del Seminario y del Teologado. De manera y a las parroquias en las que ha puesto en práctica “mis ganas de seguirte, de manera particular en Villares de la Reina y otros tantos pueblos de La Armuña, junto a Andrés, su párroco. Así como por la parroquia de la Sagrada Familia y el resto de comunidades junto a sus párrocos y todo el pueblo de Dios que camina por estas tierras”, expresó.

La alegría de un “sí” al Señor

En sus palabras de agradecimiento, Mario tuvo también también un recuerdo para el obispo, el presbiterio y todas las personas que habían preparado y cuidado cada detalle de a celebración. Al tiempo que recordó que “la historia de la salvación nunca se realiza en solitario. En medio está el Señor que nos alimenta con su palabra de vida y su cuerpo roto entregado para nuestra salvación”. Y terminó como había comenzando, alabando a Dios “por todos los beneficios recibidos de él”, con las mismas palabras del salmo con las que inició. Sus palabras dieron paso a un largo y cálido aplauso de toda la asamblea.

La celebración concluyó con la bendición del obispo y el envío final. Tras el canto a la Virgen, y una vez concluida la procesión, familiares, amigos y fieles se acercaron a felicitar al nuevo diácono y compartir con él la alegría de ese día. La jornada continuó después en el patio de la Casa de la Iglesia, donde un ágape permitió prolongar la fiesta. Entre abrazos, fotografías y buenos deseos, juntos celebraron el “sí” de Mario Cabrera al Señor en el ministerio diaconal.

El nuevo diácono continuará su servicio en la Unidad Pastoral Santísima Trinidad-Sagrada Familia, anunciando la Palabra, sirviendo en la liturgia y acompañando especialmente a los más necesitados.

 

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