ACTUALIDAD DIOCESANA

31/03/2021

EvangelizARTE: “Los Misterios Dolorosos”

A punto de iniciar el Triduo pascual, el director del Servicio diocesano de Patrimonio Artístico, Tomás Gil, invita a contemplar los misterios de dolor del Santo Rosario en el conjunto escultórico del retablo de la capilla del Colegio San Juan Bosco de Salamanca, obra de José Luis Núñez Solé.

 

LOS MISTERIOS DE DOLOR

 

Para las Salesianas de Salamanca se contrató en 1963 al salmantino y arquitecto Fernando Población del Castillo realizar el edificio de la capilla, uno de los protagonistas de la renovación arquitectónica que se vivió en Salamanca en la segunda mitad del siglo XX. Como en otras ocasiones, Fernando Población confió la decoración escultórica de su capilla a José Luis Núñez Solé, pues es el que se adapta mejor a su estilo vanguardista.

El conjunto escultórico consistió en un encargo de hacer un alto relieve en madera de María Auxiliadora, dos relieves de madera, dedicados a los fundadores de la orden salesiana: San Juan Bosco y Santa María Dominga Mazzarello. Y, rodeando estas tres imágenes, hizo dieciséis placas dedicadas a los quince misterios del Rosario, quedando la última reservada para la imagen de la Virgen con la advocación del Rosario.

Es muy probable que Núñez Solé, aprovechando el pequeño tamaño de los quince misterios del Rosario, en vez de tallarlos en madera o piedra, cociera directamente sus diseños de barro. Simuló que eran de piedra franca con una pátina pintada en ocre claro; y al ser bajos relieves, resaltó sus volúmenes con sus típicos tonos verdosos simulando el óxido de cobre.

Es lógico que en una capilla dedicada a la Virgen María, se encargara el resto de la decoración a los quince misterios en los que se ordena la oración del Rosario. Se trata de un compendio del Evangelio. Proponen el misterio de Cristo de la misma manera que el himno de la carta a los Filipenses (cf. Flp 2, 6-11). A través de estos misterios aprendemos con María a contemplar la belleza del rostro de Cristo, a experimentar su amor y a seguirle por el camino de la salvación.

MISTERIOS DE DOLOR

La Oración de Jesús en el Huerto

Empezamos los misterios de la Pasión en el Huerto de Getsemaní del Monte de los Olivos. El olivo esbozado al fondo y la roca de la oración sobre la que está arrodillado Jesús así nos lo muestran. La imagen de Jesús desciende por su pesadez y tensión: los pliegues de la túnica son más angulosos, las manos se cruzan engarrotadas, resalta la vena de su cuello y rostro se levanta con preocupación al cielo. Es la oración angustiada de Jesús al Padre: “¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres” (Mc 14, 36).

Por el contrario, el ángel es una figura sin gravedad, que no pisa el suelo y asciende; su rostro compasivo y sereno transmite paz. El Padre responde a su Hijo Jesús, el ángel en una postura en diagonal descendente ofrece el cáliz de la Pasión para que sea aceptado.

La Flagelación

Una vez más el escultor Núñez Solé juega con los contrastes de sus personajes, para que de esta manera podamos acercarnos mejor al cruel castigo de la flagelación. En la mitad derecha está de frente y subido en un pedestal un sayón, que agarra con la fuerza de sus dos brazos un flagelo, suspendido por encima de su cabeza en el aire. En la mitad izquierda está Jesús, por debajo y de espaldas, con las manos atadas a la columna, la túnica bajada hasta la cintura y la espalda descubierta.

El movimiento y el golpe del flagelo se sienten ya sobre la espalda de Jesús, gracias a la diagonal descendente que va de los brazos del sayón a las manos atadas de Cristo. La escena nos conmueve aún más porque Jesús vuelve su rostro hacia nosotros, y, sin perder la paz, nos convierte también a nosotros en cómplices de su dolor y su sangre derramada.

La coronación de espinas

Según el Evangelio (cf. Mc 15, 16-20), estamos en el instante de las burlas de los soldados antes de tomar la cruz. El artista comprende que es un gesto de humillación, por eso pone a los soldados romanos de pie y los eleva por encima, enmarcando a Jesús, que está por debajo y sentado.

El soldado de la izquierda sujeta la corona de espinas, Jesús vuelve su cabeza hacia él para que se la ponga, y entre sus dos brazos sobresale la caña con la que le golpean. A la derecha el otro soldado irónicamente le señala y saluda como el rey de los judíos: “¡Salve, rey de los judíos!” (Mc 15, 18).

A pesar de las humillaciones, Jesús no pierde su compostura, y aunque estén por encima, Él es más grande que ellos. La mano derecha no está suficientemente atada y muestra su palma en un gesto de querer entregar su vida libremente (cf. Jn 10, 18).

Jesús con la cruz a cuestas

Jesús carga con la cruz camino del Calvario para ser crucificado: “Tomaron, pues, a Jesús, y Él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota” (Jn 19, 16-18).

La cruz está trazada desde las dos diagonales de la mitad superior del relieve. Sorprenden dos detalles ideados por Núñez Solé para que veamos como lleva Jesús la cruz. En primer lugar, Jesús está abrazado y unido a la cruz. El rostro y el cuello se alargan siguiendo la forma del travesaño vertical; y no carga resignadamente el pesado madero sobre su hombro, sino que abraza con sus manos el travesaño horizontal. Y el otro detalle es que Jesús avanza con paso decidido hacia el Calvario, sus rodillas se doblan y sus pies quedan al descubierto. El fuste de una columna rellena el vacío que queda a la derecha para equilibrar el espacio.

Jesús es crucificado

Dentro de un espacio alargado es complicado representar con belleza el quinto y último misterio de dolor. Gracias a sus conocimientos y experiencia artística, Núñez Solé supo dar una solución: la cruz sobrepasa el marco en favor del cuerpo desnudo del Crucificado, que se alarga hasta tocar con los dedos de sus manos las esquinas superiores y con los de sus pies el centro inferior. Así el cuerpo de Jesús adquiere la forma de una “Y” griega bajo la cual están María y el discípulo amado. Cada uno tiene un pedestal diferente, según su importancia, por eso María ocupa el más alto.

Al tratarse de un misterio del Rosario, acudimos al momento en el que Jesús crucificado habla con su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26). Ella le escucha atentamente con las manos juntas y desplomadas hacia abajo. Al otro lado el discípulo amado sujeta con su mano y su brazo doblado la cabeza ladeada por el dolor.

 

 

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