06/03/2026

Esta tarde, hacia las 6.00, nos llegó la noticia: “Hace un rato ha muerto Virgilio”. Me cayó una losa encima. Tuvo una caída hace diez días y la cosa fue grave. Pero iba recuperándose. Ayer lo vi en el hospital por última vez y ya hablábamos de una pronta alta médica. En cambio, nos llega la noticia del fallecimiento. Me parecía que no le tocaba dejarnos todavía.
Nuestras vidas estuvieron muy entrelazadas. Fuimos ordenamos sacerdotes el mismo día, 14 de abril de 1963. Los primeros años de ministerio los pasamos en Hispanoamérica, él en Paraguay y yo en Perú. A la vuelta, en 1969, es nombrado párroco de Tejares-Chamberí-Alambres. Vive pobremente con sus padres, en la ruinosa casa parroquial, que hubo de ser derruida al marcharse él para hacer un curso de ingreso en la comunidad sacerdotal de los Sacerdotes del Prado, institución a la que ha pertenecido fielmente hasta el día de su muerte.
Yo le sustituí en Tejares en el año 1973, pero solo un año después regresó con su nuevo, intenso y fecundo bagaje espiritual otorgado por el Prado. D. Mauro nos nombró a ambos “párrocos in solidum” del mismo Tejares, donde compartimos ministerio parroquial, aunque no vivienda. Yo viví en la nueva casa parroquial de Tejares y él en una vieja y destartalada pequeña vivienda en Los Alambres.
Ocho años después, buscando más pobreza y cercanía con los pueblos que comenzaban a estar abandonados, marchó a la Sierra, San Martín del Castañar y varios pueblecitos, más con D. Domingo Martín Vicente. Tras algunos años en los que empezó a sufrir intervenciones quirúrgicas y deterioro en la salud, fue nombrado delegado episcopal de Misiones y capellán de Los Montalvos, además de párroco de Escuernavacas y Moronta. A todo dijo que sí.
Y en todas partes dejó huellas evangélicas profundas y el aprecio de todos. Cuando tres meses tuve el honor de sustituirle en Los Montalvos, por la convalecencia de una de sus operaciones, me di cuenta de la estima y el cariño que gozaba entre médicos, enfermeras, personal de servicio y pacientes. Como alguien me dijo: “Había puesto el listón muy alto”. Y hasta hoy se le recuerda, admira y añora en este centro hospitalario. Pregunten al director de Cuidados Paliativos.
Habría que destacar muchos rasgos de su rica y fecunda personalidad. Señalo dos o tres:
Descansa, amigo Virgilio, en la paz de tu Señor. Nos has dejado. Cuando, con una inmensa pena, le dije a un compañero de nuestra Residencia de Calatrava, “se nos ha ido Virgilio”, me contestó: “Se ha ido el mejor de la casa”. Lo suscribiríamos todos.
José María Yagüe, sacerdote diocesano

Fallece el sacerdote Virgilio Sánchez Marcos, durante décadas capellán de Los Montalvos