17/12/2025
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La parroquia de San Juan de Mata, en Salamanca, acogió el pasado viernes 12 de diciembre una eucaristía en la que el candidato al diaconado permanente, Juan Ignacio Fuentes, fue instituido en los ministerios de lector y acólito. La celebración fue presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, y concelebrada por el rector del Seminario diocesano, Fernando García Gutiérrez, junto a sacerdotes trinitarios; y prestó su servicio el diácono permanente Daniel Mielgo, de Ciudad Rodrigo, quien proclamó el Evangelio.
Juan Ignacio estuvo acompañado por su esposa Mari Carmen, sus hijos –Raúl e Iván-, quienes leyeron las lecturas, familiares, amigos y numerosos miembros de su comunidad parroquial de San Juan de Mata, con la que mantiene un estrecho vínculo pastoral. En esta parroquia colabora de forma habitual en la pastoral de la salud, acompañando a enfermos y personas mayores, y en la catequesis, servicios que forman parte de su camino vocacional.

Durante la homilía, el obispo explicó que el lectorado y el acolitado son “dos servicios y no privilegios”, confiados por la Iglesia para el bien de la comunidad y al servicio de la evangelización. Animó a Juan Ignacio a ejercerlos con alegría y responsabilidad, destacando la importancia de una relación viva y orante con la Palabra de Dios. En este sentido, le pidió que fuera “voz de Aquel que quiere salvar al hombre y grabar el mensaje de salvación en el corazón de cada persona”.
Refiriéndose al ministerio de acólito, Mons. Retana recordó que la liturgia es “la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y la fuente de donde mana toda su fuerza”, y le invitó a “aprender el arte de celebrar, a gustar y preparar las celebraciones litúrgicas”, viviendo cada vez más unido al misterio eucarístico y al servicio del altar.
Refiriéndose al proceso de su discernimiento hacia el diaconado permanente, el obispo puso el acento en la dimensión de la cruz en el seguimiento de Cristo. En su intervención recordó que seguir a Jesús supone renunciar a los propios intereses y caminar tras Él con fidelidad y entrega. En ese contexto, señaló que “Jesús es un Mesías humilde y servidor” y le animó a vivir su vocación al estilo de Jesús, abrazando la “obediencia a la palabra y la voluntad del Padre” y las propias exigencias de su camino. “Dios no viene a encajar en tus planes, sino a ensanchar tu corazón”, le recordó el obispo.

Y concluyó sus palabras pidiendo la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que el Señor conceda a Juan Ignacio la gracia de conservar siempre en su corazón “la alegría y la devoción” y “haga de su ministerio un servicio de Dios a los hombres”.
Tras la homilía, se celebró el rito de institución de los ministerios de acólito y lector, donde Juan Ignacio recibió de manos del obispo el libro de la Sagrada Escritura, con el encargo de proclamar fielmente la Palabra, y la patena con el pan, como signo de su servicio en el altar y en la distribución de la comunión.
La vocación de Juan Ignacio Fuentes se ha ido gestando a lo largo de los años en el seno de su familia y en la vida parroquial. Vivió su fe desde joven en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva, junto a sus padres y con sus párrocos, D. Luis Barbero y D. Ezequiel Barbero. Más tarde, en la parroquia de San Juan de Mata, de los trinitarios, ha ido consolidando su compromiso pastoral y su disponibilidad al servicio de la Iglesia.
Tras formarse en la Escuela de Teología en internet de los Dominicos, y en los curso de moderadores de la Palabra en espera de presbítero, Juan Ignacio colabora actualmente como celebrante de la Palabra en diversos pueblos de las Sierras de Béjar y de Francia. Un servicio que realiza en coordinación con la parroquia de Santa Marta de Tormes, desde donde se articula un grupo de celebrantes que presta este servicio en distintas comunidades de la diócesis.
El lector es instituido para proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica y colaborar en la educación de la fe y en la preparación para los sacramentos, dejando que la Escritura transforme su vida mediante la oración y el estudio.
Mientras que el acólito está llamado a servir de manera especial en el altar y en la Eucaristía, ayudando a presbíteros y diáconos en las celebraciones litúrgicas y pudiendo distribuir la comunión, también a los enfermos, como ministro extraordinario.