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31/03/2026

La Catedral acoge este Miércoles Santo la Misa Crismal, signo de comunión diocesana

Mons. José Luis Retana presidirá esta celebración el 1 de abril a las 12:00 horas, en la que se bendecirán los santos óleos, se consagrará el crisma y los sacerdotes renovarán sus promesas, en una eucaristía a la que está invitado todo el Pueblo de Dios

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

La celebración de la Misa Crismal reunirá este miércoles, 1 de abril, a las 12:00 horas, en la Catedral Vieja, a los sacerdotes, la vida consagrada y los fieles de la Iglesia de Salamanca en torno a su obispo, Mons. José Luis Retana, en una de las celebraciones más significativas de la Semana Santa, que expresa de modo visible la comunión eclesial.

Aunque la liturgia sitúa esta misa en la mañana del Jueves Santo, en Salamanca se celebra tradicionalmente el Miércoles Santo para facilitar la participación del presbiterio diocesano. Como sucede en todas las catedrales del mundo, el Pueblo de Dios es convocado en esta solemne celebración para la bendición de los santos óleos y la consagración del Santo Crisma.

La Misa Crismal pone de manifiesto la comunión de la Iglesia diocesana. En ella se hace visible la unidad entre el obispo, los sacerdotes y todos los bautizados, que participan del único sacerdocio de Cristo llamados a continuar su misión en medio del mundo.

Renovación de las promesas sacerdotales

Uno de los momentos más relevantes tendrá lugar tras la homilía, cuando los sacerdotes renovarán públicamente las promesas que realizaron el del día de su ordenación. Se trata de un gesto que expresa su fidelidad y su entrega al servicio del Pueblo de Dios, en comunión con el obispo, al tiempo que se invita a los fieles a orar por sus pastores y a reconocer el don del sacerdocio al servicio de toda la Iglesia.

Bendición de los óleos y consagración del Santo Crisma

Durante la consagración del Santo Crisma, el obispo sopla sobre el óleo, simbolizando la venida del Espíritu y su fuerza santificadora

Durante la celebración, el obispo bendecirá el óleo de los catecúmenos, destinado a quienes se preparan para el Bautismo, y el óleo de los enfermos, con el que la Iglesia acompaña a quienes atraviesan la enfermedad, haciéndose presente el consuelo de Cristo. Asimismo, consagrará el Santo Crisma, que permite “incorporarnos a la vida en Cristo mediante la efusión del Espíritu Santo”, con el que serán ungidos los nuevos bautizados, los confirmados y también los sacerdotes.

Al término de la eucaristía, estos aceites serán distribuidos a las parroquias y comunidades de toda la diócesis, donde se utilizarán a lo largo del año en la celebración de los sacramentos.

Una fiesta del Pueblo de Dios

El vicario general, Tomás Durán, recuerda que la Misa Crismal es “una fiesta de todo el Pueblo de Dios, todos los bautizados”, y subraya que el aceite consagrado en los sacramentos “es siempre signo de la misericordia del Padre”. En este sentido, explica que “hemos sido ungidos para ungir, para santificar al Pueblo de Dios”, una llamada que alcanza a todos los cristianos. Además, añade que esa misericordia está llamada a llegar especialmente “a los más heridos, para que encuentren el camino de vuelta a la vida”, haciendo visible el cuidado de Dios en medio de las fragilidades humanas.

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