06/03/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) invita a participar en la eucaristía que se celebrará este domingo, III de Cuaresma, a las 12:00 horas, en la parroquia de Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en el barrio de San José de Salamanca. La celebración ha sido preparada por esta plataforma y contará además con intérprete de lengua de signos, para facilitar la participación de la comunidad sorda.
La jornada quiere ser también una ocasión para reflexionar sobre la dignidad del trabajo y visibilizar la situación de muchas mujeres que siguen afrontando desigualdades laborales, pero también para reconocer el papel de tantas mujeres que sostienen la vida de las comunidades cristianas a través de su servicio, su fe y su compromiso cotidiano.
El 8 de marzo se incorporó desde 2023 a las prioridades de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, que reúne a diversas organizaciones de inspiración cristiana comprometidas con la defensa de la dignidad del trabajo.
En el manifiesto publicado este año con motivo de esta jornada, la iniciativa recuerda que no será posible construir una sociedad justa mientras millones de mujeres continúen viviendo en condiciones de exclusión, precariedad laboral o discriminación.

La responsable de la Pastoral Social y del Trabajo de la Diócesis de Salamanca, Elena Guzmán, explica que una de las preocupaciones principales es la carga invisible que muchas mujeres soportan en su vida diaria: “En nuestros foros comentamos básicamente dos cuestiones que nos parecen muy importantes. Una es la carga invisible y también la disponibilidad absoluta de las mujeres para el trabajo y los cuidados. No es solo que las mujeres trabajemos mucho, sino que gran parte de ese trabajo es invisible”.
Y para explicarlo se apoya en una imagen muy gráfica. “El trabajo es como una mochila, la jornada laboral que todos ven. Pero además llevamos una bolsa invisible llena de recordatorios: hay que comprar los pañales, mañana es la cita del abuelo, no queda leche… Es como una lucecita que nunca se apaga”.
A esta realidad se suma también lo que denomina el “suelo pegajoso” que muchas mujeres encuentran en el ámbito laboral, con “empleos temporales o con flexibilidad horaria para poder cuidar”, lo que se traduce “en reducción de salarios y de cotización”.
La campaña de este año pone además el foco en una realidad creciente: la brecha digital y su impacto en el acceso al empleo.
La rápida digitalización del mercado laboral exige competencias tecnológicas, dispositivos y conexión estable, pero muchas personas no disponen de estos recursos. Según el IX Informe FOESSA, un tercio de los hogares vulnerables vive en situación de “apagón digital”.
Para Elena Guzmán, esta situación afecta especialmente “a muchas mujeres que no han tenido las mismas oportunidades de formarse e incluso que vienen de entornos rurales donde la cobertura es escasa o muy precaria”.
Hoy en día, explica, gran parte de las gestiones pasan por el entorno digital, “por el ordenador o por el móvil”, desde buscar empleo, hacer trámites o realizar cursos. “Cuando no se tienen estas herramientas te quedas atrás. Es una forma de exclusión silenciosa”.
La eucaristía convocada este domingo, 8 de marzo, en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en el Barrio de San José, quiere ser también un espacio para llevar esta realidad a la oración y renovar el compromiso cristiano con el trabajo digno.
«Para nosotras es un acto central. Llevamos nuestra vida real, nuestra vida laboral: no solo el cansancio y las dificultades, sino también la vocación, la alegría de hacer bien el trabajo y la creatividad».
En esa celebración, explica Guzmán, se quiere agradecer el trabajo cotidiano y pedir fuerza para quienes viven situaciones más difíciles, “la Palabra nos anima y nos empuja a actuar como Iglesia”, sostiene.
En esta jornada, la responsable diocesana de la Pastoral Social y del Trabajo recuerda la importancia de reconocer el trabajo de tantas mujeres “como sostenedor de la vida, en sus casas, en sus empleos y en las comunidades”.
Y añade que no deben sentirse obligadas a cargar con todo, “la dignidad de las mujeres está por encima de cualquier exigencia”.
Al mismo tiempo, dirige una llamada a la Iglesia y a la sociedad: “A la Iglesia le corresponde seguir escuchando y ofreciendo espacios para que las mujeres podamos participar activamente. Y a la sociedad recordar que sin justicia laboral para las mujeres no hay justicia social”.
La jornada del 8 de marzo invita también a reconocer el papel de tantas mujeres que, desde su fe, sostienen la vida cotidiana de las parroquias y comunidades cristianas de la Diócesis de Salamanca.
Es el caso de Mari Ángeles Erburu, una mujer “creyente y activa” en los servicios de su parroquia de San Miguel Arcángel en Villamayor, que comparte su experiencia de servicio en la Iglesia. “Como mujer intento aportar mi espíritu de amor, fuerza, entereza, fe y respeto en mi servicio apostólico”, explica.

Mari Ángeles comenzó a colaborar en la parroquia tras la muerte de su marido. “Quería llenar ese vacío que tenía dentro de mí aportando algo de mí”. Y se implicó de lleno en la vida parroquial. “Tengo que agradecer a Dios la fortaleza que me dio y las personas que puso en mi camino”.
Desde entonces participa en distintos ámbitos de la pastoral: la catequesis de iniciación cristiana de niños, el voluntariado en Cáritas, el acompañamiento a personas mayores y los Talleres de Oración y Vida, de los que es guía.
En su experiencia de servicio, especialmente en Cáritas, descubrió el valor de la cercanía y la escucha, “saber escuchar y saber estar con las personas mayores, aportarles un poco de alegría dentro de ese amor inmenso que ellas te dan”.
También forma parte de la Hospitalidad de Lourdes, con la que peregrina cada año acompañando a enfermos. “Ahí he palpado la fe”.
Mirando su propio camino, Mari Ángeles asegura que ha aprendido a transformar el sufrimiento “en acompañamiento, en escucha y en servicio”.
Por eso anima a otras mujeres a implicarse en la vida de sus comunidades: “que se acerquen a su parroquia y pregunten: ‘¿En qué puedo ser útil aquí?’”. Para ella, el papel de la mujer en la Iglesia “es vital para su salud y su crecimiento, a través del testimonio, la enseñanza y el servicio a la comunidad”.
