12/06/2026
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Mientras cientos de miles de peregrinos se congregaban en Madrid para participar en los principales actos del viaje apostólico del Papa León XIV a España, dos jóvenes vinculados a Salamanca vivieron la experiencia desde una perspectiva diferente: la del servicio. Pablo Álvarez, miembro de Hakuna Salamanca, y Guillermo Pascual, estudiante de 22 años, formaron parte del equipo de voluntarios que hizo posible el desarrollo de las celebraciones.
Para Pablo Álvarez, los preparativos no estuvieron exentos de dificultades. Al residir en Salamanca, no pudo asistir a algunas reuniones previas ni recoger la acreditación junto al resto de voluntarios de Madrid. Sin embargo, destaca que “gracias a Dios y al trabajo de muchos voluntarios salió todo muy bien”.
Desde primera hora del sábado, cada uno tenía ya asignada su tarea. En su caso, fue jefe del equipo encargado de suministrar agua a los peregrinos en el sector C21, uno de los más concurridos. “Hacía mucho calor y había poca sombra, así que nuestra función fue realmente importante”, explica.
Lejos de vivirlo como una carga, recuerda aquellos momentos con alegría. “Fue una experiencia preciosa porque conocí a mucha gente, de Madrid, de fuera de España, y tuve el placer de ayudar a los peregrinos y también a la Policía”. Además, pudo contemplar al Santo Padre desde muy cerca.
Sin embargo, el instante que más le marcó llegó durante la vigilia de oración. “El momento más especial fue, sin duda, la adoración ante el Santísimo, donde estábamos más de medio millón de hermanos en Cristo guardando silencio ante la Eucaristía…”, recuerda emocionado.
Pablo también agradece la acogida recibida por Hakuna, que abrió las puertas de su Estudio para alojar durante el fin de semana a varios peregrinos y voluntarios de Salamanca. “Nos sentimos verdaderamente en casa”, afirma.
Guillermo Pascual, de 22 años y estudiante en Salamanca, prestó servicio como voluntario durante la misa presidida por León XIV el domingo, 7 de junio. Su labor consistió en orientar a los peregrinos, resolver dudas y, una vez finalizada la celebración, repartir agua para aliviar las altas temperaturas.
“Ver tanta gente tan ilusionada, tan contenta y tan agradecida fue algo que me llenó el corazón y que creo que jamás voy a olvida”, asegura.
Pero, además del servicio prestado, hubo un momento concreto de la homilía del Papa que le llegó de manera especial. Fue cuando León XIV citó el poema Cántico espiritual de san Juan de la Cruz. “Para mí es un poema súper importante porque cada vez que lo leo o lo escucho me acerca siempre a Dios“, reconoce.
Tras esta experiencia, Guillermo anima a otros jóvenes a dar el paso y ofrecerse como voluntarios en acontecimientos eclesiales. “Es algo que recomiendo hacer a todo el mundo, porque ves a Dios en todas partes y, sobre todo, en aquellos peregrinos que vienen tan ilusionados“.
Dos testimonios que muestran cómo, detrás de las grandes celebraciones y de las imágenes multitudinarias, también hay jóvenes que viven la fe desde la entrega y el servicio a los demás.