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26/06/2026

Lourdes, un peregrinación que deja huella

La parroquia de Nuestra Señora de Lourdes acogerá este sábado la misa de envío de los 193 peregrinos que participarán en la XLI Peregrinación diocesana al santuario mariano francés

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

Hay lugares a los que uno peregrina porque necesita detenerse, tomar aire y volver a lo esencial. El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, ubicado al sur de Francia, es uno de ellos.

Cada verano, durante los primeros días de julio, cientos de peregrinos emprenden camino hacia este santuario mariano para encontrarse con el Señor de la mano de la Virgen María, renovar su fe y compartir unos días marcados por la oración, el servicio y la fraternidad.

Este año serán 193 los peregrinos de las Diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo que participarán del 2 al 6 de julio en la XLI Peregrinación Diocesana a Lourdes, que preside el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana. Entre ellos viajarán 28 enfermos, acompañados por 49 voluntarios, además de 7 sacerdotes, y un grupo de 12 peregrinos de Ciudad Rodrigo,  que emprenderán un camino que, para muchos, se ha convertido ya en una cita imprescindible del verano.

Pero, ¿qué tiene Lourdes para que tantas personas regresen una y otra vez?

La belleza que atrae

Lauren Sevillano junto al grupo de enfermos salmantinos antes de la eucaristía en la Basílica internacional

El sacerdote diocesano Lauren Sevillano acompaña desde hace años a la Hospitalidad Diocesana y reconoce que la respuesta no está solo en el santuario, sino en lo que allí se vive. “Las personas nos sentimos atraídas por la belleza y en Lourdes hay mucha belleza: la belleza de Dios, la belleza de la fe, la belleza de las celebraciones litúrgicas y también, y sobre todo, la belleza de la Virgen María y de toda la familia de la Iglesia reunida en torno a ella, con los enfermos especialmente situados a su lado”.

A esa experiencia, añade, se une el ambiente que crea el voluntariado: “un clima de acogida, un clima de servicio y alegría”. Para él, “no hay otro secreto”.

Como recuerda también el obispo Mons. José Luis Retana en su carta a los peregrinos, la Gruta de Lourdes es “el espacio sagrado donde cada peregrino está invitado a vivir un encuentro íntimo con Dios”, un lugar donde presentar la propia vida con sus alegrías, preocupaciones y sufrimientos, dejándose mirar por el Señor a través de María.

Durante cinco días, los peregrinos participarán en la eucaristía junto a la Gruta, la procesión mariana de las antorchas, el vía crucis con los enfermos en la pradera y el de los peregrinos por la montaña, la procesión eucarística, la misa internacional en la Basílica de San Pío X, entre otras. Además, algunos enfermos podrán participar en la inmersión en la aguas de Lourdes, un signo de confianza y abandono en Dios, que muchos peregrinos viven como una experiencia profunda.

Una familia que crece cada año

Fabro Alonso, a la derecha, repite la experiencia por segundo año consecutivo

Fabro Alonso participó por primera vez el verano pasado como voluntario. Este año regresa convencido de que Lourdes deja una huella difícil de explicar. “Lo que más me gustó fue ese ambiente familiar que hay en nuestra Hospitalidad”, señala. “Al no ser muchos, todos nos conocemos y durante el año seguimos pendientes unos de otros”.

Pero hay algo más que le impulsa a volver. “En Lourdes se respira un aire distinto. Aunque no nos conozcamos, todos venimos a lo mismo”. Para este joven voluntario, la peregrinación es también una oportunidad para “coger fuerzas para todo el año”, hacer familia y descubrir que “la Virgen siempre nos está esperando y cuenta con nosotros”.

Servir transforma a quien acompaña

Más de cuarenta hospitalarios y voluntarios acompañarán este año a los enfermos durante la peregrinación. Un servicio silencioso que constituye uno de los rasgos más característicos de la Hospitalidad.

Pablo en la Basílica del Rosario durante la celebración eucarística

Pablo Santos lleva años desempeñando esta labor como camillero. Reconoce que cada peregrinación comienza con una llamada interior. “Necesitas ir. Sientes esa llamada espiritual”. A ella se une el deseo de ayudar y de compartir unos días con quienes más lo necesitan.

“Es una satisfacción fantástica estar con esta gente, con tanta devoción”, afirma. Para él, vivir la peregrinación significa participar intensamente en cada celebración y descubrir una Iglesia reunida en torno a la Virgen. “Ves tanta devoción que es admirable y es lo que se necesita hoy día”.

Después de tantos años, sigue regresando con la convicción de que es” una experiencia fantástica, única. Vienes lleno. Es una cosa que hay que vivirla”. Por eso anima a quienes nunca han peregrinado a dar el paso. “Es digno de verlo, digno de estar allí, digno de compartir. La verdad es una bendición”, afirma.

Una fe que también se transmite en familia

Entre los peregrinos de este año estará también José Antonio Jiménez junto a su esposa y sus dos hijos, que cumplen ya cinco años como voluntarios de la Hospitalidad.

Para él, una de las mayores alegrías es ver cómo el servicio forma parte también de la vida de su familia. “Para nosotros es una alegría grandísima poder ir a servir, aunque sea de la manera más sencilla”. No habla de grandes gestos, sino de acompañar a quienes necesitan ayuda en las pequeñas cosas de cada día.

Lo que más le emociona es contemplar a sus hijos acompañando a personas mayores o enfermas durante la peregrinación. “Es una alegría muy grande ver a tus hijos allí”, reconoce. Una experiencia que, para esta familia, se ha convertido también en una forma de vivir y transmitir la fe.

Lourdes deja huella

Cada peregrinación es distinta. Cambian los rostros, las historias personales y las intenciones que cada uno deposita a los pies de la Virgen. Pero todos coinciden en algo: Lourdes deja huella.

Este sábado, 27 de junio, la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes acogerá a las 19:00 horas la misa de envío de esta nueva peregrinación.  Será el comienzo de la peregrinación que arrancará  el jueves, 2 de julio, a las 8:00 horas,  cuando cuatro autobuses partan desde la calle Hermanas Fidalgo Morales, junto al templo, rumbo al santuario francés.

 

 

 

 

 

 

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