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18/06/2026

Mario Cabrera: “La llamada de Dios es mucho mayor que nuestros miedos”

El seminarista salmantino, que será ordenado diácono este domingo, asegura que vive este paso con “mucha paz y alegría” y afirma que la vocación “no te quita nada, sino que te lo da todo”

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

“La llamada de Dios es mucho mayor que nuestros propios planes y nuestros miedos”. Con esta convicción afronta Mario Cabrera Barajas los últimos días antes de recibir la ordenación diaconal, que tendrá lugar este domingo, 21 de junio, a las 19:00 horas, en la Catedral Vieja de Salamanca.

Natural de Cantalapiedra, Mario ingresó en el Seminario diocesano en 2019, después de un proceso vocacional que comenzó años antes, cuando cursaba Bachillerato. Sin embargo, reconoce que durante un tiempo intentó apartar esa inquietud.

“Por aquellos tiempos no quería saber nada de la vocación, cuando me venía algún pensamiento sobre eso intentaba apartarlo porque decía: “Esto no es para mi”, recuerda.

Tras finalizar Bachillerato comenzó los estudios de Historia, una carrera que le atraía especialmente. Sin embargo, aquel primer año de universidad fue también el momento en el que decidió afrontar seriamente la pregunta sobre el sentido de su vida.

Dar el paso al Dios le llamaba

“Fue ese año cuando dije: Esto no es para mí e igual Dios quiere otra cosa”. Entonces dejé a un lado los miedos y me planteé en serio la vocación al sacerdocio”, explica.

Para su ordenación diaconal ha elegido como lema una cita del Evangelio de san Juan: “Permaneced en mi amor”. (Jn 15,9), unas palabras que han adquirido una especial importancia durante este último año.

“He descubierto que, si uno no está realmente unido al Señor y no permanece a su lado, al final todo se vuelve estéril”, y como argumenta, “la vocación se tambalea”, afirma. Por eso, asegura que este pasaje evangélico le recuerda constantemente “lo fundamental”, y le ayuda a descubrir que “el amor de Dios es mucho más grande que todas las pobrezas”.

Bien acompañado en el proceso

A lo largo de estos años también ha experimentado momentos de incertidumbre, aunque asegura haberlos vivido con naturalidad. “Siempre hay momentos de duda o de crisis, pero ahí te das cuenta de que la fortaleza no está solo en uno mismo, sino en la llamada de Dios”, señala.

En ese camino, destaca también la importancia de las personas que le han acompañado. “Cuando estás bien agarrado al Señor y tienes hermanos que te ayudan, esas crisis se solventan con facilidad”, asegura.

Preguntado por cómo le gustaría vivir el ministerio sacerdotal, Mario tiene clara la respuesta. “Me gustaría ser un sacerdote que esté con la gente”, afirma. Para él, la cercanía a las personas, la oración y la vida sacramental son pilares inseparables.”El Evangelio se contagia cuando se anuncia a los demás”, sostiene.

Por eso considera esencial permanecer unido al Señor y cuidar especialmente la celebración de la Eucaristía, “porque es ahí donde Cristo se entrega en su Palabra y en su Cuerpo para la vida del mundo”.

Un año para aprender a servir

El diaconado, explica, es una llamada al servicio siguiendo el ejemplo de Jesucristo. “Consiste fundamentalmente en amar como Cristo lo hizo, entregándose a los demás”, señala.

Ese servicio se concreta en la proclamación del Evangelio, la predicación, la liturgia y la atención a quienes más lo necesitan. La imagen del lavatorio de los pies, presente también en la estampa de su ordenación, resume para él el significado más profundo de este ministerio. “Jesús se abaja para levantar a otros, y eso es algo que hoy hace mucha falta”, subraya.

Aunque reconoce vivir estos días con serenidad, hay dos momentos del rito de ordenación que le emocionan especialmente. El primero será la postración durante el canto de las letanías, un gesto que expresa la entrega confiada a Dios. “Es el símbolo de adorar a quien es mayor que nosotros y de quien viene la vocación”, explica. El segundo será la imposición de las manos por parte del obispo y la plegaria de ordenación, signo de la acción del Espíritu Santo y de la misión que la Iglesia le confía.

«No pierdes nada y lo recibes todo»

Si tuviera que dirigirse a un joven que siente inquietud vocacional, Mario le invitaría a no dejarse vencer por el miedo. “La plenitud y la felicidad que Dios ofrece son mucho mayores que nuestros propios planes”, asegura.

Y resume su propia experiencia con una frase sencilla: “A veces pensamos que Dios nos está quitando cosas, pero la realidad es que no. No pierdes nada y lo recibes todo”. Por eso insiste en que la vocación no anula a la persona, sino que la ayuda a ser plenamente ella misma. “Dios no nos anula, sino que nos hace ser quienes somos en plena libertad y ensancha nuestra vida”, concluye.

Experiencias que fortalecen la fe

Durante los años de formación en el Seminario, Mario ha tenido la oportunidad de compartir con otros jóvenes experiencias como el Camino de Santiago, la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa o el Jubileo de los Jóvenes en Roma. “Son experiencias que ayudan mucho a crecer en la fe y en la amistad”, afirma.

De todas ellas guarda especialmente las palabras pronunciadas por el papa Francisco durante la JMJ de Lisboa: “En la Iglesia cabemos todos”. “Son cosas que se te quedan grabadas y que luego aprendes a llevar a la vida cotidiana”, concluye.

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